Antes honra sin escaños que escaños sin honra

EL MUNDO 20/10/16
TEODORO LEÓN GROSS

En el PSOE parece muy extendida la idea de suicidarse políticamente con dignidad: antes morir de pie en unas terceras elecciones, que vivir de rodillas dando el Gobierno a la derecha, proclaman versionando a la Pasionaria o al Che. Casi parafrasean lo del almirante Méndez Núñez en Valparaíso: más vale honra sin escaños que escaños sin honra. Es el guión de frases altisonantes que escenifican estos días rechazando la abstención para ir, con la cabeza alta, al hundimiento en unas terceras elecciones.

Y de momento casi todo ese plomo retórico de la traición cae sobre Susana Díaz. Ayer acudió al Debate sobre el estado de la Comunidad bajo el fuego, no ya acosada por la realidad de Andalucía, sino por liderar la abstención. Tanto que aquello sólo podía acabar siendo un Debate sobre el estado de la Investidura. No sufrió demasiado. Las críticas de Podemos son gráficas –¡los ERE invisten a Gürtel!–, pero a menudo pueriles, siempre en clave buenos buenísimos vs. malos malísimos. No pasan del nivel Évole, líder de opinión que acusa a Díaz por gobernar con Ciudadanos y recibir elogios de Espe. Más allá de estigmatizar a C’s, incurriendo en ese lamentable defecto de cierta izquierda con tendencia a repartir carnés de buenos demócratas, ¿si Aguirre elogia Astral eso desacredita Astral?

Claro que la erosión no viene del exterior, sino del propio partido. Lo de Podemos está descontado: si venís con nosotros, sois fuerza de cambio, alianza progresista; si no, casta. Susana Díaz siempre tomó muy en serio la amenaza de Podemos para el PSOE; y de hecho, su operación de alto riesgo contra el sanchismo está movida por la convicción de que otras elecciones convertirían al PSOE en tercera fuerza tras P’s con una inercia perdedora incontrolable. Entretanto, hay algo que no se puede negar al socialismo andaluz: la voluntad ganadora. Y en definitiva, un partido también es una máquina electoral, aunque parecen olvidarlo quienes proponen ir a terceras al margen de las expectativas catastróficas.

Los dos focos más beligerantes están en Cataluña, donde el Partido Socialista es tercera fuerza, y el País Vasco, donde es cuarta, y a peor. No se sabe si los socialistas allí se han abandonado para ejercer ya de minoría romántica, o si es la miopía del sectarismo. La caótica operación contra el sanchismo, cuyo éxito o fracaso está por ver, se lanzó para tratar de rescatar un PSOE en el despeñadero, no para entregarse al monstruo de la derecha. Compartir ese argumentario básico con Podemos, además de ridículo, les debilita más entre los suyos.

Ayer, Susanísima volvió a exhibir sus galones frente a ellos: el reto del PSOE sólo puede ser un partido fuerte y ganador, capaz de derrotar a la derecha. Para ello necesitan dejar de encadenar el peor resultado de la historia en cada cita con las urnas, como Sánchez al igual que Iceta o Idoia, sin desalentarse. Tal vez los proabstencionistas se equivoquen, pero tienen un plan y asumen riesgos, mientras los perdedores habituales disfrutan de su retórica naïf de la honra sin escaños y sin dejar de jugar al peligroso juego de El Peor Resultado de la Historia.