SANTIAGO GONZÁLEZ-El Mundo

Los mejores obituarios que he leído son los qu e escribieron Savater y Juaristi tras el asesinato de Ernest Lluch. Como escribió el primero: «Ser asesinado no da la razón, sólo quita la vida». Juaristi criticaba «la indecencia de deshacer su sueño invocando lo más romo, empecinado y estúpido de su ideario».

Todas las cadenas transmitieron imágenes de Lluch participando en un mitin en la plaza donostiarra de la Consti, mientras los batasunos montaba bronca y él les reprendía micrófono en mano: «Gritar [sic] más, que gritáis poco. Gritar, porque mientras gritáis no mataréis (…) Arnaldo os va a reñir por esto. Estuve cenando con él el otro día y os va a reñir». Prueba de sus dos errores básicos: Gritar y matar no son actividades incompatibles como pudo comprobar trágicamente él mismo y que tuvo muy idealizado a Arnaldo Otegi. El nivel del periodismo que cantó la laudatio de la víctima en aquel mitin era tan bienintencionado como poco descriptivo de los hechos.

En la muerte de Rubalcaba he recordado también el excelente decálogo de Espada para escribir un obituario, que se resume en dos: «Tenga en cuenta que usted sigue vivo» y «Si siempre ocultó lo que pensaba sobre él haga ahora un pequeño y postrer esfuerzo». Viene esto a cuento de los encendidos panegíricos que ha desatado su fallecimiento, incluso por sus adversarios más encarnizados, sus queridos compañeros de partido. Pongamos que hablo del doctor Fraude. Fue muy llamativo que dejase plantada una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, al tener noticia del ictus de Alfredo, como si fuese su cirujano. Rubalcaba y Sánchez se odiaban cordialmente. El primero despreciaba intelectual y políticamente al presidente, a quien acusó de haber formado un Gobierno Frankenstein tras la moción de censura. Sánchez consideraba a Felipe González y por supuesto a Guerra y Rubalcaba el PSOE del pasado, frente al futuro, que por lo visto, encarnan él mismo, Adriana, Ábalos, Calvo, Óscar Puente y tutti quanti. Realmente, la comparación del finado con cualquiera de los citados o con todos ellos juntos engrandece extraordinariamente su figura.

Él tuvo luces y también sombras iluminadas ahora por la muerte. Entre las primeras, su capacidad negociadora, que probó con Javier Zarzalejos, en el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos, aunque su partido se encargó de desmontarlas vía Eguiguren. También en su haber la habilidad parlamentaria y su concurso en la abdicación del Rey Juan Carlos. Entre las sombras cómo olvidar su autoría de la LOGSE y el chivatazo del bar Faisán. Rubalcaba rechazó la proposición de Sánchez de encabezar la lista a la Alcaldía de Madrid.

Estuvo bien organizar su capilla ardiente en el Congreso. También habría sido pertinente montar en el mismo lugar la de Manuel Fraga, que se instaló en su casa de Madrid, pero esto viene a ser así: a Fraga lo han desterrado como hijo predilecto de Ferrol y La Coruña con el voto del PSOE.