Aznar: «Los jóvenes españoles tienen que conocer la verdad de lo que pasó»

LIBERTAD DIGITAL 06/07/17

· José María Aznar conversa con Libertad Digital con motivo del 20 aniversario de la liberación de Ortega Lara y el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

El expresidente del Gobierno y actual Presidente de FAES, José María Aznar, considera que las víctimas del terrorismo «en este momento son una molestia, porque son el ejemplo vivo de que se está cometiendo una gran falsedad y una gran injusticia, ya que se está en el planteamiento de reescribir la historia, en la que todos seamos iguales y al final no haya vencedores ni vencidos, víctimas ni verdugos».

En una entrevista en exclusiva concedida a Libertad Digital, con motivo de cumplirse el XX aniversario de la liberación de José Antonio Ortega Lara y del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Aznar recuerda cómo vivió aquellos días de julio de 1997 en que ocupaba la Presidencia del Gobierno. Califica de «absolutamente ejemplar» el comportamiento de la familia Blanco, dice que Ortega Lara es una parte de su vida «muy especial y muy importante» y habla sobre otras cuestiones relacionadas con la lucha antiterrorista como la presencia de marcas de ETA en las Instituciones, o la petición de acercamiento de los presos de la banda terrorista a cárceles vascas.

Recordando lo que fueron aquellos días de julio de 1997, Aznar no duda en afirmar que «fueron días realmente importantes en la historia de España y en la historia de la lucha contra el terrorismo. Días que marcaron un antes y un después por distintas circunstancias. Especialmente, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, los silencios se rompieron, muchos apoyos se resquebrajaron, muchas actitudes indiferentes se volvieron positivas y la sociedad española decidió de una manera definitiva acabar con el terrorismo. No es que antes no tuviera ese deseo, pero entonces se puso en marcha todo lo necesario para hacerlo posible».

 La exigencia de ETA para liberar a Ortega Lara o para no matar a Miguel Ángel Blanco era la misma: el acercamiento de todos los presos de la banda terrorista a cárceles del País Vasco. Sobre si en esa tesitura tuvo algún momento de duda o la tentación de ceder a las pretensiones de los terroristas, el expresidente del Gobierno contesta tajantemente con un «No». «Nosotros estábamos en el Gobierno para hacer muchas cosas y una de ellas era intentar superar esa idea tan maligna y tan negativa de que ETA era imbatible, o que ilegalizar a Herri Batasuna era imposible porque la reacción social y política sería tan grande que la situación se pondría peor».

«Todo eso –añade Aznar– se demostró que era absolutamente falso. La decisión era la de acabar con el terrorismo y, en consecuencia, no se podía aceptar ningún tipo de chantaje. En este sentido tenía una confianza plena en el ministro de Interior y en el Cuerpo de Seguridad más operativo en aquellos momentos en la lucha contra el terrorismo que era la Guardia Civil».

«Inclino mi cabeza ante la familia de Miguel Ángel»

Al conocerse la noticia del secuestro del joven concejal del PP de Ermua, Miguel Ángel Blanco, y que ETA daba un plazo de 48 horas al Gobierno para que acercara a los presos de la banda a cárceles del País Vasco o le mataría, Aznar rememora que habló ese mismo día, 10 de julio, con los padres de Miguel Ángel: «Les expliqué la situación y les dije que lo que el Gobierno tenía encima de la mesa era la petición de un chantaje. Les comuniqué que la decisión que habíamos tomado era que no lo íbamos a aceptar. Les dije que íbamos a remover Roma con Santiago para encontrar a Miguel Ángel y salvar su vida, pero que no íbamos a aceptar el chantaje».

«Estábamos convencidos –señala– que la orden del asesinato de Miguel Ángel estaba dada en el mismo momento en que se dio la orden del secuestro. Por tanto, cualquier otro tipo de circunstancia era añadir al asesinato una humillación que hubiera sido la humillación de toda España delante de una organización terrorista y yo no estaba dispuesto a eso».

Al recordar el comportamiento en aquellos días y después de la familia de Miguel Ángel Blanco, que no expresaron ninguna queja, ni hicieron ningún reproche a la actuación del Gobierno, el expresidente del ejecutivo lo califica de «absolutamente ejemplar». «Tanto en aquellos días como en estos veinte años, su actitud, su comportamiento, su entereza, su dignidad ha sido realmente de admiración y tengo que decir con toda humildad que uno puede inclinar su cabeza ante determinadas personas, ante determinadas familias. Yo, desde luego, ante la familia Blanco inclino mi cabeza porque es difícil tener un comportamiento tan ejemplar«.

La excarcelación de Bolinaga fue un error

De Ortega Lara, Aznar afirma con un punto de emoción que «es una parte de mi vida muy especial y muy importante. Desde que llegamos al Gobierno teníamos el objetivo fundamental de su liberación –había sido secuestrado en enero de 1996 gobernando todavía el PSOE–, y cuando se consiguió fue para mí un momento inolvidable. He mantenido con Ortega Lara una relación como mantengo con todas las víctimas del terrorismo»

Al hilo de estas palabras y al preguntarle qué sintió, que pensó en el verano del 2012 cuando se conoció que el Gobierno de Rajoy había comenzado a dar los pasos que llevarían a la puesta en libertad de Josu Uribetxeberría Bolinaga –uno de los secuestradores de Ortega Lara que se negó en redondo a reconocer, cuando fue conducido por la Guardia Civil a la nave industrial de Mondragón, que allí era donde estaba el funcionario de prisiones– Aznar es taxativo: «Se han cometido muchos errores y ese fue uno de ellos«.

«Los terroristas –añade el expresidente del Gobierno– tienen que pagar sus penas y no hay ninguna razón para liberar a ese terrorista después de cometer un acto tan cruel como fue mantener secuestrado durante 532 días a una persona, y después de que este terrorista hubiera decidido dejar morir de hambre a Ortega Lara. Esos errores son los que al final envalentonan o intentan dar una razón histórica, política o moral a una organización terrorista que evidentemente no tienen ni van a tener nunca».

Ahondando en la argumentación para explicar el por qué le pareció un error la puesta en libertad de Bolinaga, Aznar asegura que «no estoy dispuesto a aceptar, sin que mi voz se oiga, el que esto ha sido un historia de un grupo contra otro grupo, de un bando contra otro bando, que en definitiva ha habido un conflicto entre dos partes, pero que eso hay que olvidarlo, que tanta culpas tienen unos como otros. No estoy dispuesto a aceptar esa historia ni estoy dispuesto tampoco a dejar pasar la oportunidad de que aquellos que tienen una responsabilidad en lo que ha sucedido paguen por ello».

Cuando en mayo de 2008 Ortega Lara se dio de baja como militante del PP, Aznar confiesa que sintió «muchísima pena, porque José Antonio era algo más que un afiliado del PP. Su significado, su importancia era mucho mayor de lo que algunos podían imaginar. Su pérdida fue la pérdida de un valor moral en un partido como el PP que ha dado y que ha padecido tanto en la lucha contra el terrorismo. Por eso la pérdida para el PP de ese referente moral que era Ortega Lara fue una gran desgracia».

Reuniones dramáticas con la gente del PP vasco

Recordando aquellos años de la segunda mitad de la década de los 90 en que ETA, después de aniquilar prácticamente a la UCD vasca, intentó hacer lo mismo con el PP –asesinato de Gregorio Ordoñez en enero de 1995, intento de asesinato del propio Aznar en abril de ese año, asesinatos de concejales y cargos públicos del PP como Miguel Ángel Blanco, José Ignacio Iruretagoyena, Manuel Zamarreño, Manuel Indiano, Jesús Pedrosa, Alberto Jiménez Becerril y su mujer, Tomás Caballero, José Javier Múgica, entre otros–, Aznar tiene muy grabada en la memoria algunas reuniones que en esas circunstancias mantuvo con los cargos públicos del PP del País Vasco: «Cuando estaba en una reunión con las gentes de mi partido en el País Vasco, admirables por muchas razones, y tú sabes que en la próxima reunión algunos de ellos no van a estar aquí y ellos también lo saben y notas en sus miradas cuando estás hablando que te están diciendo: ¿será esta la última vez que nos veamos?, eso es muy duro. Pero tengo que decir que el PP del País Vasco fue impresionante en su comportamiento y en su actitud. Y ese valor de fuerza moral del PP quisiera pensar que sigue existiendo y quisiera pensar que el PP nunca va a olvidar esa parte de su historia«.

En este sentido, Aznar reconoce que el atentado terrorista de ETA que sufrió en abril de 1995 cuando era líder de la oposición y del que salió vivo milagrosamente no le influyó en nada a la hora de afrontar un año más tarde desde la Presidencia del Gobierno la lucha antiterrorista: «El atentado que sufrí sí me sirvió para reforzar mi cercanía a los que sufren el terrorismo, especialmente a los vascos que lo padecían a diario, y a los que lo combaten».

El PNV y el pacto con ETA en Estella

En relación a la actitud que adoptó el PNV tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco y la reacción social que se produjo, de irse a entenderse con ETA en el conocido como «pacto de Estella», el expresidente del Gobierno confiesa que en aquel momento sintió que «la palabra de algunos vale lo que vale» y recuerda que los dirigentes del PNV dijeron en aquellos días que se comprometían «a no actuar nunca conjuntamente con quienes con su silencio, con sus palabras de apoyo son cómplices de este asesinato». Para Aznar la explicación de ese cambio de actitud en el partido que entonces presidía Xabier Arzalluz hay que encontrarla en el hecho de que «el PNV se asustó porque pensó que el espíritu de Ermua y la reacción que se produjo en la sociedad española tras el asesinato de Miguel Ángel podía trastocar completamente su posición política. Y entonces decidieron hacer una cosa que nunca debían haber hecho».

Sobre el giro de 180º que sufrió la política antiterrorista cuando él abandonó la Moncloa en abril de 2004 y llegó Zapatero que puso en marcha su mal llamado «proceso de paz», Aznar considera que fue «otro gravísimo error porque en ese momento la derrota de ETA era total, en términos de su capacidad operativa y en términos de su influencia política y, por lo tanto, lo que había que haber hecho era reafirmarse en las políticas que habían llevado a ese éxito, pero justamente se hizo lo contrario. ¿Qué sentido tiene resucitar a ETA políticamente? ¿Qué sentido tiene resucitarla con una negociación?

«Políticamente, ETA no está derrotada»

El expresidente del Gobierno, en contra de lo que se dice tanto desde el actual ejecutivo, como desde el PSOE, el PNV o desde diferentes estamentos sociales y mediáticos, considera que la banda terrorista no está derrotada del todo: «En términos de lo que es ETA ejerciendo el terrorismo, sí está derrotada, pero en términos políticos no lo está. Se le ha dado unas bazas muy grandes desde el punto de vista de la negociación y de su influencia en determinados elementos de la política vasca y fuera del País Vasco».

Aznar sostiene que no hay que distinguir entre los fines y los medios de una organización terrorista como ETA: «La jurisprudencia europea nos ha dicho que tan condenables son los medios que utilizaban –el asesinato, el secuestro, el tiro en la nuca, los coches-bomba– como los fines, que eran la destrucción de España, de nuestra libertad y de nuestra democracia».

No al acercamiento de presos y sí a aplicar la ley de partidos

En ese sentido el expresidente del Gobierno se muestra partidario de que las diferentes marcas políticas de ETA que están en las instituciones deberían estar fuera de ellas «porque no han condenado ni condenan los crímenes de ETA, no han pedido perdón por lo que han hecho, siguen amenazando en muchos casos, siguen condicionando la libertad de muchas personas» y ante la pregunta de si cree que el actual Gobierno debería aplicar la ley de partidos, contesta con otra pregunta: «Si la ley de partidos está vigente, ¿por qué no se va a aplicar? Las actuales formaciones políticas tienen la posibilidad de cambiar la ley de partidos o de no cambiarla, pero si está vigente a mí me parece muy razonable que se aplique».

Sobre el acercamiento de los presos de ETA a las cárceles vascas que reclaman no sólo el mundo que rodea a la banda terrorista sino también el PNV, Aznar cree que no hay que llevarlo a cabo: «La política de dispersión es algo que funcionó muy bien y, puesto que los terroristas no han cambiado su posición, no hay ninguna razón para llevar a cabo ningún acercamiento. Esa política de dispersión ha sido un éxito y no hay por qué cambiarla».

Para combatir ese planteamiento que desde el mundo de ETA y del nacionalismo vasco se está llevando a cabo para reescribir la historia de lo que ha pasado en los últimos cincuenta años a causa del terrorismo y blanquear a la banda terrorista, Aznar cree que el Gobierno actual del PP debería de ser más activo: «Supongo que el Gobierno –explica– sabe bien lo que tiene que hacer y conoce la historia política que nos ha llevado hasta aquí. El Gobierno está presidido por alguien que durante algún tiempo fue Ministro de Interior y que fue una parte muy importante y relevante de esos ejecutivos que plantearon esa lucha contra ETA. Pero si usted me dice: ¿ha visto movimientos del Gobierno para impedir que se produzca esa especie de relectura y reinvención de la historia de lo que ha sucedido?, le tengo que señalar que la verdad es que no lo he visto».

«Los jóvenes españoles tienen que conocer lo que pasó»

Por último, y pensando en las nuevas generaciones de españoles que desconocen prácticamente toda esta parte tan dramática y dolorosa de nuestra historia reciente, Aznar se muestra contundente: «Conocer la historia es fundamental. Si no conoces la verdad de lo ocurrido, difícilmente puedes conocer bien a tu país«.

«Que los jóvenes españoles –explica– entiendan bien lo que pasó; que sepan que en este país hubo una banda terrorista criminal que asesinó a mucha gente, que produjo mucho dolor, que buscó la destrucción de nuestras libertades, de nuestra democracia, de nuestro país; que sepan que se les combatió con todas nuestras fuerzas; que sepan que causó muchas víctimas en muy diferentes sitios; que sepan que no se puede aceptar que en esa historia al final no pasó nada; que sepan todo eso a mí me parece muy importante. La historia es un elemento básico e intentar reescribirla es un ejercicio político muy peligroso y que, además, desde el punto de vista moral, es lamentable porque sólo puede conducir a no entender bien lo que queremos ser y a no poder explicar realmente las razones fundamentales de las víctimas».