Calle incendiada, casa caldeada

ARCADI ESPADA – EL MUNDO – 12/06/16

Arcadi Espada
Arcadi Espada

· Mi liberada: Debo felicitarte. El catálogo al modo de Ikea que habéis utilizado para envolver vuestra nada es una maravilla. Aunque no me parece simpático ni correcto que en estos días tan socialdemócratas hayáis ninguneado la inspiración de vuestra obra, que está en este viejo párrafo mío: «Ikea es la consumación de una utopía: el buen gusto de los pobres (…) La socialdemocracia ha dejado, al menos, unos almacenes». Pero a mí no me duelen prendas: es el mejor programa electoral que se ha hecho en España.

El primer acierto es el de llevar hasta el extremo una frase hecha del lenguaje político y, especialmente, electoral: Un catálogo de medidas. Se advierte una sutil ironía sobre la mercantilización de la política, pero sobre todo una muestra más de vuestro gusto por el entrismo. Colonizadas las televisiones, habéis llegado al corazón de una multinacional. Si algún día llegáis a La Moncloa, el entrismo se habrá completado. No, como pensáis, porque vosotros entréis en la Moncloa; sino porque la Moncloa entrará en vosotros.

Preguntad al penetrado Tsipras, para más info. Es falso que este sea el primer programa electoral que vaya a leerse. Pero sí será el primero que se ojee. Admiro también el encaje de forma y fondo. Vuestra política es de santos y no de letra y el catálogo sintetiza la gramática de fotonovela con que os exhibís ante el mundo. Luego, esta idea de convertir a la militancia podémica en figurantes, imitando el modo como Ikea presenta a sus modelos publicitarios, da una poderosa impresión de nosotros y contrarresta el caudillaje al que tendéis. Este nosotros, además, no tiene que explicarse ni razonar, verbos que siempre os ponen en un momento delicado. El pseudónimo Posemos, en fin, con el que González suele acogeros en su prosa se hace de pronto foto viva.

Es probable que la idea haya surgido de la masticación de esa frase catálogo de medidas. Estos hallazgos surgen menos de la conspiración que del relámpago. Sin embargo, la génesis no impide las interpretaciones y que la razón le haga un bonito traje al instinto. Las 195 páginas del catálogo se han de encarar con las imágenes que han ilustrado vuestra utopía: las del desabastecimiento y la ruina chavista. El catálogo propone exactamente su antípoda. Si utopía es, desde la raíz, un nolugar, casa es el extremo contrario. La república independiente de mi casa. Sólo me ha faltado descubrir, vagando, lo que topia significa en castellano: «Cada una de las tres piedras que forman el fogón y sobre las que se coloca la olla cuando se cocina con leña».

El fuego de mi hogar. Así es como el catálogo cambia la cara del populismo: de la calle incendiada a la casa caldeada; de los estantes vacíos de Caracas al confort sostenible de Estocolmo. La marca está bien elegida: Ikea es más interclasista que El Corte Inglés y más moderno; y tan transversal como Zara, pero con el prestigio añadido del kilómetro sentimental: Amancio Ortega sale demasiado y demasiado arriba en Forbes, pero casi nadie sabe quién es Ingvar Kamprad, antiguo, ma non troppo, simpatizante nazi que paga en Suiza sus impuestos de Suecia.

La elección por parte de un partido político de una marca comercial no deja de ser una interesante fuente de problemas. Si te atrevieras a leer a nuestro apasionante Federico ya sabrías que desde el último viernes ha dejado de comprar «una sola astilla» en Ikea. Secuelas del conflicto que estalla cuando topan una marca y una visión del mundo. Aún recuerdo aquel tiempo en que la mitad de Cataluña dejó de beber leche Parmalat, porque patrocinaba al Real Madrid, aunque la empresa no notó nada gracias a mi reacción.

En casos como ese la empresa toma un riesgo comercial, por un acuerdo previo. Pero en esta maniobra de propaganda no lo ha habido e Ikea habrá de evaluar si el afecto ampliado de los compradores podémicos compensa la furiosa destrucción anunciada –¡no quedó ni una astilla!– de los federicos. Se ve bien aquí una asimetría. Si una empresa utiliza políticos para sus propagandas –Ryanair, por ejemplo– ha de afrontar la censura social e incluso posibles querellas en razón del derecho de imagen. Por lo tanto ahora debería abrirse un debate sobre el derecho a la imagen corporativa, porque una cosa es que los podémicos compren en Ikea y otra venenosamente distinta que Ikea vote al partido Podemos.

La carta va de bajada y ya estoy advirtiendo tu reacción airada. Ni un solo comentario sobre las 168 medidas del programa. ¡Sólo banalidades y amaneramientos formales! No los esperes, libe. Uno de los grandes méritos del catálogo es que asume con descaro que ningún programa se hace para ser leído. Lo asume, lo traduce a lo real, y solo por este rasgo de ingenio y de franqueza ya habría que felicitaros. La prosa podémica constata su lugar en el mundo, como el periodista gato viejo que sabe que escribía en el espacio libre de anuncios. (Fue ayer: hoy ya no hay formato ni anuncios, desapariciones completamente relacionadas.) De hasta qué glorioso punto el partido Podemos asume su insustancialidad es ejemplo cumbre la propuesta de gobierno número 143. Reza sucintamente: «Inteligencia emocional». No sólo eso. Inteligencia emocional y una gran foto de la joven Irene Montero, del gabinete del secretario general.

El catálogo es una advertencia importante para el resto de partidos. Otra vez me viene un ejemplo de mi oficio a la cabeza, qué vachaché. Hay periodistas que creen que la verdad no necesita sintaxis. Que la gracia y la belleza son asunto de la ficción. Y que los hechos se escriben solos. Graso error. No sólo con mentiras se desprestigia la verdad: también con la mediocridad, la rutina y el descuido formal. Este partido Podemos es todo él ficción peligrosa. Y su programa es una joya de la comunicación política contemporánea. Combinadas, las dos resultan ser la peor noticia posible para la verdad de la democracia. Y sigue ciega tu camino.

ARCADI ESPADA – EL MUNDO – 12/06/16