Santiago González-El Mundo

 

A Lola Díaz Bada.

Pasado mañana se cumplen 33 años del asesinato del primer superintendente de la Ertzaintza, Carlos Díaz Arcocha, a manos de ETA. Era el 7 de marzo y él había parado como de costumbre a tomar un café y un bollo en la gasolinera de Elorriaga, junto a la Academia de la Ertzaintza en Arkaute, cuyos propietarios eran amigos suyos. Apenas tardó 10 minutos, pero fueron suficientes para que los asesinos colocaran una bomba lapa y la conectaran con un sedal a una de las ruedas del coche.

Resulta que Carlos Díaz Arcocha es una de las 312 víctimas de ETA cuyos asesinatos no se han esclarecido policialmente ni se han sustanciado en una condena. Que una banda terrorista haya conseguido la impunidad en el 36% de sus crímenes es una mala noticia, pero es aún peor que la Policía no consiga detener, ni siquiera identificar, a los asesinos de su mando supremo.

Se lo explicaba el detective Sam Spade a Brigid O’ Shaughnessy al final de El halcón maltés, en el momento de entregársela al sargento Tom Polhaus por haber asesinado a su socio: «Cuando matan a uno de tu empresa es muy mala práctica dejar que el asesino escape. Es malo en todos los sentidos, malo para la empresa, malo para todos los detectives del mundo». La Ertzaintza es un Cuerpo de Seguridad que ha hecho esfuerzos por convertirse en una Policía de verdad, aunque siempre llevará el estigma de haber permitido la impunidad de los asesinos de su jefe máximo. No es fácil recuperarse de eso.

El Gobierno vasco desoyó la petición expresa de la familia para que el féretro fuese cubierto con la ikurriña y la bandera española. Hubo más, naturalmente. El periodista Oscar Beltrán de Otalora contaba el sábado que la Policía autonómica encargó la investigación del asesinato del superintendente al sargento mayor Josu Guergue y a Federico Fernández de Jáuregui, cuando ambos eran activos colaboradores de ETA que hacían de topos en la Ertzaintza. Como era de esperar, sus investigaciones no dieron resultado alguno. ¿Se imaginan que el sargento Polhaus estuviera a sueldo de Gutman y la trama de El halcón maltés? ¿Le encargarían a Iñaki de Juana Chaos alguna investigación sobre actividades terroristas entre los años 82 y 83, antes de que se diera a la fuga?

«¿Quién vigilará a los vigilantes?», se preguntaba el poeta romano Juvenal y es cuestión que debería plantearse en plan introspectivo la titular de Interior, Estefanía Beltrán de Heredia, que el viernes pasado amenazaba a los ertzainas que se habían manifestado contra ella el jueves a la entrada del Parlamento vasco. La consejera, miembro relevante de un partido que quiere derogar la Ley de Seguridad Ciudadana en el Congreso, pretende aplicarla en Euskadi. No a los hooligans del fútbol, que eran el motivo de la protesta policial. Ni a los radicales. Justamente quiere aplicar la Ley mordaza a los policías en lugar de a los delincuentes. Sancionar a los policías y encargar a los propios terroristas la investigación de sus crímenes. En este país los cambios sí que son de fondo.