Cuando el Barcelona era otra cosa

RAMÓN PÉREZ-MAURA – ABC – 25/03/17

Ramón Pérez Maura

Ramón Pérez Maura

· El club encontró en el Santander el banco que le financió los primeros 100 millones de pesetas de la obra del Camp Nou.

Pasmosa resulta la incapacidad catalana para asumir su propia historia. Y un buen ejemplo de ello lo representa el Fútbol Club Barcelona, «más que un club». Recordar ahora cómo fueron las ceremonias inaugurales del Camp Nou en 1957 sonroja a muchísimos catalanes: la misa en el césped del nuevo estadio oficiada por el obispo auxiliar de Barcelona, Narcís Jubany, con el Himno Nacional (de España, con perdón) sonando en la consagración; el ministro secretario general del Movimiento, José Solís Ruiz, representante de «Su Excelencia el jefe del Estado», de camisa azul y chaqueta blanca; cuatro relevistas que llegaron de las cuatro provincias catalanas portando banderas azulgranas en las que estaban bordados los escudos de Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona y que rindieron honores a la bandera nacional (de España) cuando fue izada. Momento en que volvió a sonar el himno nacional (de España).

Llegados a este punto es cuando se apresuran a explicarte que en 1957 no había más remedio que someterse a la férrea dictadura franquista que impedía respirar al catalanismo. Y no me atrevo yo a negar que fuese así. Pero es que el pasado miércoles fallecía Agustí Montal, el presidente del Barcelona que lo convirtió en un equipo verdaderamente campeón. Como bien explicaba Sergi Font en la necrológica publicada en ABC, Montal «catalanizó» el club en los años a partir de 1969.

Exhibió la señera, empleó el catalán en la megafonía del estadio y todo ello sin ningún problema con las autoridades, que cualquiera sabe que en los años finales del franquismo eran infinitamente menos represivas. Y eso no fue óbice para el testimonio que nos guarda la portada de «La Vanguardia» del 28 de febrero de 1974, cuando la junta directiva (catalanista) en pleno fue a rendir honores al dictador al Palacio de El Pardo.

Aquella Cataluña supuestamente mucho más reprimida que el resto de España era una región que tenía relaciones culturales y económicas normales con el resto del país. Incluso lo que hoy es un símbolo del nacionalismo catalán, recurrió a una entidad bancaria que prácticamente no tenía implantación allí para financiar la construcción del Camp Nou.

Era aquella una época en que la falta de libertades la notaba especialmente la banca privada, que, entre otros muchos impedimentos, no podía ni abrir sucursales sin una concesión expresa de las autoridades. Y se otorgaba un número limitadísimo al año. En Barcelona, el Banco de Santander tenía en los primeros años de la década de 1950 una sucursal. Y el régimen no le permitía más. Pero la ley también establecía que si una sucursal superaba las 3.000 cuentas corrientes, automáticamente el banco podía abrir otra. Sin más permisos. Así que el Barcelona encontró en el Santander el banco que le financió los primeros 100 millones de pesetas de la obra a cambio de concederle la gestión de la tesorería del club y de animar a sus 30.000 socios a hacerse cuentacorrentistas de la entidad.

En unos meses el banco pudo abrir once sucursales en la ciudad de Barcelona –algunas de saldo mínimo–. Lo que queda claro es que aquel Barcelona era capaz de buscar en el resto de España la cobertura de sus necesidades. Y en el resto de España se quería invertir en Cataluña y desarrollarla. Me gustaría ver si un legítimo matrimonio de intereses como el que protagonizaron Emilio Botín-Sanz de Sautuola y López y el presidente del club, Francesc Miró-Sans i Casacuberta, sería posible hoy.

RAMÓN PÉREZ-MAURA – ABC – 25/03/17