José Antonio Zarzalejos-El Confidencial

La tendencia del PP es catastrófica. Y lo es por falta de reacción a los acontecimientos, por ausencia de reprís político y por fatiga de materiales en la organización

El informe de febrero elaborado por Metroscopia mantiene que el ascenso de Ciudadanos sobre el PP es ya considerable (8 puntos) y que de celebrarse las elecciones generales ahora los de Rivera las ganarían ampliamente. Los naranjas se han convertido en un partido transversal porque atrapan votos de los populares (hasta 2.000.000), del PSOE (600.000) y de Unidos Podemos (300.000). Este fenómeno de incremento de las expectativas de los liberales tiende a consolidarse en los sondeos y es anterior al 21-D catalán. Los estudios demoscópicos en Cataluña ya adelantaban en noviembre de 2017 que Ciudadanos ganaría allí los comicios, lo que ocurrió al obtener 36 diputados de 135.

Como en otras ocasiones he subrayado, las encuestas se confunden en los detalles pero clavan las tendencias. Y la tendencia del PP es catastrófica. Y lo es por falta de reacción a los acontecimientos, por ausencia de reprís político y por fatiga de materiales en la organización. No se trata de un comportamiento sobrevenido sino de una trayectoria quietista que arranca de la pérdida en 2015 de la mayoría absoluta.

Frente a este cataclismo electoral el Gobierno y el partido no están implementando medida alguna

Entonces los populares obtuvieron 7.215.000 votos (28,72%), perdiendo más de 3.500.000 sufragios respecto de las generales de 2011. Remontaron a 7.906.000 votos en los comicios adelantados del 26-J de 2016 y gobiernan ahora con 137 escaños y un precario acuerdo de investidura con Ciudadanos. En 2015, el PP ya se había desangrado en los comicios municipales y autonómicos y había fracasado en Andalucía. Su único bastión era y es Galicia. El remate ha sido la debacle catalana del pasado 21-D, con el peor registro histórico en esa comunidad: 4 diputados, después de haber obtenido en las elecciones anteriores once escaños.

 

Frente a este cataclismo electoral el Gobierno y el partido no están implementando medida alguna. Se diría que el uno y el otro registran eso que se denomina ‘rigor mortis’ o rigidez cadavérica. Es muy elocuente a este respecto que Mariano Rajoy anuncie que no moverá ficha en la remodelación del Gobierno (“porque lo está haciendo muy bien”) y solo sustituya a Luis de Guindos.

Ni siquiera en Cataluña ha habido ningún movimiento implícitamente autocrítico. Todo sigue igual, como si los conservadores se enrocasen en el fracaso. Moncloa y Génova reciben golpe tras golpe con la imperturbabilidad de un boxeador sonado próximo a desplomarse sobre la lona. Muchos, sin embargo, no parecen percibirlo y se permiten alancear a Ciudadanos nada menos que con la ¡incorrección de sus cuentas! mientras al PP le caen chuzos de punta en forma de casos judicializados de corrupción que destapan episodios —por ejemplo en Madrid— que bien pueden calificarse de sórdidos.

Al mismo tiempo que la crisis en Cataluña no remite —el pleno del pasado jueves ha sido expresivo del propósito subversivo permanente del independentismo—, a los populares les ha estallado una crisis social con una inédita vanguardia: los pensionistas. La ciudadanía no le compra al Gobierno la mejoría económica con cifras de merma del desempleo tan sugestivas como las de ayer. Según los últimos sondeos el PP ya no sería el primer partido en la franja de edad superior a los 65 años. Para su lamento, Ciudadanos encabeza el podio en todos los segmentos generacionales del electorado español. La revuelta de los pensionistas tiene razones muy profundas y es la última expresión de una crisis social subsiguiente a la económica de la que España está saliendo con una tozuda devaluación de los salarios que no permite la recuperación de las cotizaciones, el desenvolvimiento vital y profesional de los jóvenes y que sigue alimentando la brecha de la desigualdad. Las mujeres también se desenganchan del PP que ha cometido el error de justificar su oposición a la huelga del día 8 con argumentos arcaicos y torpes.

Algunos estrategas domésticos del PP creen que el tiempo comienza a correr contra sus intereses y a favor de Cs, que necesitaría más plazo

El Gobierno pretende tomar algunas medidas fiscales compensatorias para los jubilados y el presidente del Gobierno comparecerá ante el Congreso para explicar el estado de la situación de las pensiones. Algo es algo, pero ese movimiento es puramente reactivo, defensivo y quizás llega tarde. Si Rajoy no logra aprobar los Presupuestos tendrá que hacer lo que ha sugerido Pedro Sánchez: convocar elecciones. Y hacerlo con la bolsa de su electorado más fiel (los jubilados) en pie de protesta. Algunos estrategas domésticos del PP consideran que el tiempo comienza a correr contra sus intereses y a favor de Ciudadanos que necesitaría más plazo para consolidar su posición. De ahí que el “olor a elecciones” no sea intenso pero sí perceptible.

El Gobierno se sostiene en apoyos muy críticos como para garantizarle continuidad. En todo caso, se trataría de un deambular dificultoso hasta que, exhausto, no le quede más remedio que ir a las urnas. Pero si lo hace con el ‘rigor mortis’ actual, perderá el envite electoral. Y si la derrota le sobreviene con Mariano Rajoy en la cabeza de la lista por Madrid, es muy posible que el próximo Gobierno español sea de centro izquierda, es decir, de Cs y PSOE, parecido (no igual) a aquel que no pudo ser en marzo de 2016. Porque ya se sabe, y lo recordaba Ortega, que el pasado siempre vuelve.