El mapa político se estanca y hace ya insostenible el bloqueo

EL MUNDO 09/08/16
EDITORIAL

DE CELEBRARSE hoy unas nuevas elecciones, las urnas arrojarían un mapa político muy similar al que dibujaron en las generales del 26 de junio. Según el último sondeo del CIS, hecho público ayer pero realizado apenas una semana después de los comicios, el PSOE sería el único partido que mejoraría sus resultados, ya que subiría cinco décimas hasta lograr el 23,1% de intención de voto. En todo caso, el PP volvería a ganar las elecciones con un 32,5% de los sufragios, medio punto menos que el 26-J. Ciudadanos también desciende y pasa del 13% al 12% de los votos. Pero la formación que sale peor parada del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas es Unidos Podemos que, junto a IU y sus confluencias, aglutinaría un 19,6%, un punto y medio por debajo del resultado cosechado en junio.

La ligera subida del Partido Socialista permitió ayer a sus portavoces interpretarla como un aval a su rechazo a la investidura de Mariano Rajoy. Sin embargo, el repunte socialista cabe asociarlo más a la caída de Podemos que a la estrategia tejida por Pedro Sánchez de empecinarse en el no al candidato popular. Primero porque el sondeo se llevó a cabo en la primera quincena de julio, cuando el enroque del líder del PSOE aún no se había visualizado; y segundo porque es posible que influyera en el ánimo de los encuestados el hecho de que los socialistas lograran evitar el sorpasso. Sí resulta llamativa la intención de voto que el CIS asigna a Unidos Podemos apenas unos días después del 26-J, en la medida que muestra la decepción de buena parte de sus electores tras el fracaso de la alianza entre Izquierda Unida y la formación morada. En el caso de Ciudadanos, su descenso es probable que guarde relación no sólo con la pérdida de escaños que registró en junio, sino también con haber pasado de rubricar un pacto de gobierno con el PSOE a aprobar la abstención en una eventual investidura de Rajoy.

Cabe acoger con precaución los datos del CIS, teniendo en cuenta los errores en pronósticos recientes. Pero, en todo caso, lo que puede deducirse del sondeo de ayer es que la caída de las fuerzas emergentes confirma la estabilización del tablero político. Entre el PP y el PSOE alcanzarían casi el 56% de los votos, mientras la suma de Podemos y Ciudadanos rozaría un 30%, cuatro puntos por debajo del porcentaje obtenido en los últimos comicios. El barómetro, pues, confirma la foto fija en la que parece haberse situado la política española tras la irrupción de los nuevos partidos. Y ello, tal como hemos defendido reiteradamente desde este periódico, no hace más que subrayar la necesidad de llegar a un acuerdo de amplia base que permita no sólo desbloquear la investidura, sino formar un Gobierno con la suficiente estabilidad como para afrontar los retos pendientes. De manera prioritaria, la aprobación de los Presupuestos y el Plan de Estabilidad.

La agencia Moody’s, en un informe publicado ayer, advirtió de que las «luchas políticas» ya están dañando la economía española. Y, en consecuencia, la «robusta recuperación va a ralentizar el paso». Pero, a los nubarrones que se ciernen sobre la evolución económica, hay que sumar el hartazgo de la mayoría de los ciudadanos, que asisten atónitos a la miopía de unos líderes incapaces de superar el tacticismo y al despropósito que supone seguir alargando un Gobierno en funciones.

Sánchez no tiene razones de peso para seguir obstaculizando la formación de Gobierno, de la misma manera que Ciudadanos debería reconsiderar el sí a la investidura de Rajoy, lo que tendría un notable efecto en Ferraz. Cada vez son más las voces internas en el seno del PSOE que exigen levantar el veto a Rajoy. Sánchez, en cambio, sigue encastillado en el no porque es consciente que el retraso en la formación de Gobierno le beneficia desde el punto de vista de su estrategia orgánica, dado que el PSOE no celebrará el próximo Congreso Federal hasta superar la situación actual de interinidad.

Lo grave y surrealista sería forzar unas terceras elecciones para calcar los resultados de junio, tal como augura el CIS. Sería un acto de irresponsabilidad y, sobre todo, una muestra del fracaso de los principales partidos a la hora de alcanzar pactos, tal como exige la pluralidad política de la sociedad española.