EL PROCESO EN SU SER

SANTIAGO GONZÁLEZ-El Mundo

El proceso que sienta en el banquillo a los presuntos golpistas catalanes está desarrollándose con una cierta lógica y por etapas. En la primera, los acusados y sus defensores seguían en términos generales una estrategia defensiva de ruptura, que trataba de situar al Gobierno de la Nación de entonces en el banquillo y que los golpistas constituían la Fiscalía y la acusación particular. ETA contra el franquismo en Burgos, 31/69, no sé si me explico.

Esta estrategia ya se había ensayado con éxito contra el presidente Rajoy, llamado a declarar como testigo ante la Audiencia en julio del 17, aunque el juez De Prada consiguió crear la ilusión de que comparecía como procesado. Como recordarán los lectores –y si no para eso estamos– dos gentiles morcillas de Prada, permitieron a Sánchez montar su moción de censura. El resto ya es historia.

Así las cosas, se comprende que la testifical de Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría tuviera aires defensivos, especialmente frente a las defensas de los verdaderos procesados. Sus declaraciones eran correctas pero no venían al caso. No se estaba juzgando al Gobierno de la Nación en relación con Cataluña, sino a los responsables de la Generalidad por los hechos que impulsaron durante los meses de septiembre y octubre de 2018.

Los testimonios del que fue secretario de Estado José Antonio Nieto, del ex delegado del Gobierno Enric Millo, del coronel DiegoPérez de los Cobos y de la agente judicial Montserrat del Toro, cambiaron la marcha del proceso. Los que no tenemos hilo directo con el Supremo como parecía tener El País la semana pasada, no tenemos criterio para adivinar sentencia, cargos y cuantías, pero así, a ojo, parece que los cargos de rebelión tienen más apoyo fáctico después de las testificales citadas.

Dos testigos pidieron al Tribunal que las cámaras que reproducen en streaming el proceso eviten transmitir imágenes suyas, dado que viven en territorio hostil y ellos, por sí mismos, preferirían evitarse encuentros desagradables. De momento han sido Xavier Muro, secretario general del Parlamento de Cataluña y la agente judicial Del Toro, que tuvo que abandonar el lugar de autos por la azotea, pasando a la azotea del vecino teatro Coliseum, desde donde pudo salir a la calle un rato más tarde, cuando al responsable del local se le aclararon las dudas que durante ese tiempo la mantuvo encerrada en el camerino.

El Tribunal protegió el derecho de estos dos testigos a la privacidad, pero la herramienta del golpismo que es TV3 difundió la imagen de Xavier Muro y las redes sociales, que son el aprisco intelectual de la clase media baja, han difundido con entusiasmo fotos de la agente judicial y otros datos sobre su persona. La cautela del Tribunal es pertinente. El efecto de la televisión es mucho más notable entre la tropa que los tuits. Parafraseando a aquel pastor que le explicaba a Zapatero sus fundamentos epistemológicos, solo lo que se ve en la televisión no se olvida.

Estuvieron impagables el abogado de Junqueras, Andreu van den Eynde, y el de los Hernández y Fernández del comic del procés, Rull y Turull, Jordi Pina, que se opusieron a la medida. Pina, que va a colleja de Marchena por sesión, argumentó que velar la imagen de los testigos «criminaliza a Cataluña». Del Toro ha denunciado ante el juzgado de guardia el acoso del que ha sido víctima en las redes y el fiscal ha instado a los Mossos a identificar a los autores y a interrogarlos como investigados. En los últimos días parece que el proceso está en su ser y todo va mejor. Menos para las defensas y sus clientes, claro.