«El secesionismo ha activado los motores de la euforia ganadora»

ABC 20/03/17
ENTREVISTA ADOLF TOBEÑA, CATEDRÁTICO DE PSIQUIATRÍA DE LA UAB

· Autor del libro «La pasión secesionista. ¿El ímpetu independentista nació a partir de un enamoramiento colectivo?»

La última obra de Adolf  Tobeña es un grito de advertencia hacia lo que él denomina «intelectualidad hispana», ya que considera erróneos –o al menos incompletos– los análisis que se hacen para evaluar el movimiento independentista, que él analiza desde la psicobiología.

P—¿A qué se refiere con lo del «enamoramiento colectivo»?
R—Es una conjetura de las muchas que salen en el libro. El libro afronta con herramientas de análisis poderosas el surgimiento de la burbuja secesionista, y su enquistamiento, que no están suficientemente explicados. Lo del «enamoramiento» nace después de que la intelectualidad hispana acuda a la hipótesis psicopatológica para calificar el movimiento secesionista como si fuera un delirio, una locura o pura irracionalidad. Es un error monumental. Lo que hay es una pasión enamoradiza firme y seria. Han puesto en marcha la pasión por un ideal de conquista, que es típico en los conflictos intergrupales de considerable magnitud.

P—Concrete.
R—Se ha puesto en marcha una ilusión colectiva que activa los motores de la euforia ganadora, porque quien tenga más euforia ganadora tiene una herramienta adicional para prevalecer y ganar la partida. En esto estamos. El enamoramiento produce euforia y sirve para seducir a un aliado que será firme para unos días, unos meses o para toda la vida. En los grupos, esto está montado para ganar.

P—¿Qué factor juegan los medios de comunicación?
R—Son muy importantes. Se suele dar más importancia a la escuela, pero los jóvenes o las clases medias liberales (que son el grueso del secesionismo, los que están entre los 45 y los 55 años) se fijan en los emprendedores y las nuevas «celebrities» de la sociedad catalana. Dominan las redes sociales en internet y fabrican productos sensacionales porque saben persuadir.

P—¿Y por qué se ha dado ahora este «enamoramiento» y no hace diez o quince años?
R—Ha sido casualidad. En la política siempre influye el azar. El azar, aquí, fue el hundimiento del mundo en 2008.

P—¿Un factor internacional?
R—No, para nada. El secesionismo en Cataluña siempre tiene una base del 20% asegurada. Hay un segmento poblacional que no está bien donde está y seguirá estando mal donde está. Con esta base de trabajo tienes mucho. Poco, para conseguir la victoria; pero mucho como base de trabajo. Si España sufre una crisis económica como la de 2008 y se asoma al precipicio, como así fue, te lo están regalando. Además, no podemos olvidar que el independentismo ha utilizado al F.C. Barcelona y a la capital catalana. Coincide con la mejor época deportiva del club de fútbol y el mejor prestigio internacional de la ciudad. Y si además tienes una administración regional muy poderosa que hace que los catalanes perciban, desde hace 30 años, que su educación, su sanidad, sus legados patrimoniales, los permisos para las empresas, y toda la vida cotidiana la resuelve la Generalitat (y que la Administración General del Estado prácticamente no existe), ¿para qué lo queremos?

P—Es decir…
R—Esta mezcla se convirtió en una capacidad propagandística con una capacidad de penetración total, que arrastró incluso a quienes no eran secesionistas. La mitad son conversos, pero se apuntan a un carro que tiene más capacidad de seducción que el otro.

P—¿Qué piensa que debería hacer este otro carro?
R—Trabajar a fondo y en todos los ámbitos. Hay que contrarrestar el dominio secesionista con sabiduría para contraargumentar. España tiene capacidad para generar discurso. Es un país abierto, poroso, divertido, agradable y con capacidad de seducir al mundo. Pero no se usa, o se usa mal.

P—¿A quién va dirigido el libro?
R—A todo el mundo que quiera entender lo que sucede en Cataluña. Los secesionistas no lo van a leer, porque notarían que flaquean los presupuestos de la pasión independentista. En breve saldrá la versión en inglés.

P—¿Es usted independentista?
R—No, no lo soy. Los encajes estatales son efímeros. Pero si desmontan España, como aragonés y catalán, me interesa la Corona de Aragón. Eso sí, con capital en Nápoles. No me gustan las culturas cerradas y la república catalana que proponen sería más parecida a Andorra que a un país poroso.