El soviet de Soraya

EL MUNDO 13/01/17
F. JIMÉNEZ LOSANTOS

LA CONFERENCIA de Presidentes que, en el caso de que Soraya supiera algo de Historia, sería su particular homenaje al centenario del golpe de Lenin, es uno de los engendros más inmorales y anticonstitucionales del prolijo y abundoso golpismo español. También, porque la ignorancia es atrevida, uno de los más desvergonzadamente innovadores. Aparentemente, esa Conferencia es una especie de poder ejecutivo paralelo o una asamblea mixta de poderes ejecutivos –central y regionales–, que tiene acceso ilimitado al presupuesto, está libre de control parlamentario y tampoco se ve sujeta al poder judicial, o sea, a la ley, porque, como explicaba en su extraordinaria y espeluznante crónica de anteayer Marisa Cruz, resulta que la base documental en la que hocica y hoza el soviet de Soraya es secreta.

Hete aquí que a escondidas y por la gracia de San Mariano, en España se ha creado un poder que no es ninguno de los tres legítimos –ejecutivo, legislativo y judicial– pero sobrepasa al primero, ignora al segundo y se oculta del tercero. Tampoco está en ninguna categoría legal ni existe figura que lo ampare en la Constitución, pero tiene acceso ilimitado al dinero público y como las bases de su actuación, redactadas en alguna logia paragubernamental, son secretas, el resultado es que los parlamentarios las desconocen, los medios no las pueden difundir y los ciudadanos no pueden formarse una opinión al respecto. Menos mal que se aprobó a bombo y platillo una Ley de Transparencia, porque si no, nos dan un golpe de Estado y no nos enteramos.

Desde hace un año, oímos y leemos que, dado que las urnas dibujaron un mosaico de partidos que no permite un Gobierno de mayoría clara, el Parlamento se convertía en el centro de la vida política. ¿El Parlaqué? Para que Las Cortes fueran realmente una instancia democrática que, además de hacer las leyes, controlara al poder ejecutivo, sería preciso que existiera la especie parlamentaria como tal, no este híbrido de culiparlantes y absentistas que periódicamente ocupa sus escaños para jugar en el móvil o reducir a tuits la herencia de Castelar.

Pero lo más grave es el secreto en la elaboración de documentos, que nos devuelve a la época en que las leyes nacían en las logias, se bautizaban en el Parlamento y eran aplicadas por el Gobierno. Y en esas volvemos a estar.