Jorge Martínez Reverte-El País

Causa rubor tener que recordar las diferencias entre la España democrática que hoy reclama a Puigdemont y el repugnante régimen franquista que buscaba a Companys

No hay que extrañarse demasiado, pero la Semana Santa suele ser un tiempo propicio para que algunas personas de la esfera pública, como lo son los políticos, los periodistas y, muchas veces, los historiadores, arrojen obscenidades y escatologías para el consumo de los perros de la calle. Puede ser que los momentos de recogimiento de los creyentes exciten más los bajos instintos de esas gentes.

Está de moda ahora, y no solo en Cataluña, buscar analogías históricas entre el expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su antecesor en el cargo, Lluis Companys.

Alguna relación hay entre los dos, es cierto. Por ejemplo, que ambos fueron protagonistas de sendos golpes de Estado de escasísima duración. Uno, Companys, apoyado en la escasa fuerza armada de una compañía de Mossos frente a un ejército respaldado por una Constitución democrática; el otro, en la escasa mayoría de escaños contra la mayoría de los votos de los catalanes y contra unas minorías amparadas por el Estatut, la Constitución y las buenas maneras.

Las similitudes en las trayectorias acaban ahí. Es cierto que los dos se marchan de España perseguidos. Pero uno lo hace porque le siguen los perros del fascismo para que pague por su fidelidad (nueva) a la República a la que una vez traicionó, mientras que el otro se fuga para intentar no responder ante un juez que le reclama, con la Constitución democrática en la mano, responsabilidades por la forma en que quiso instaurar un nuevo régimen para Cataluña.

Aún son mayores las diferencias si nos atenemos a las complicidades en la detención. No hay que buscar mucho. Las diferencias entre el régimen francés del verano de 1940 y la Alemania de 2018 son escandalosas hasta para el más lerdo de los publicistas del nacionalismo catalán. Causa rubor tener que recordar las diferencias entre la España democrática que hoy reclama a Puigdemont y el repugnante régimen franquista que buscaba a Companys para saciar su sed de venganza.

La busca de argumentos a favor de Puigdemont y en contra de la calidad de la democracia española está llegando a límites marcados por la misma insensatez del procés. No se puede entender, sin esa consideración, todo el conjunto de auténticas barbaridades que se han dicho desde el independentismo sobre España, sobre los que se consideran españoles y sobre la Historia.

¿De veras han llegado a pensar alguna vez los secesionistas que alterar la Historia y las historias podría salir gratis?

La Semana Santa quizá les inspiró, porque vieron en ese tiempo el de la escatología y la mentira.