«Espero que mi libertad llegue pronto, junto a la de toda Venezuela»

EL MUNDO 29/05/17
ENTREVISTA YON GOICOECHEA

· Preso político venezolano. Abogado de nacionalidad española y uno de los líderes que hace diez años encabezaron las protestas antichavistas del Movimiento Estudiantil, hoy se halla recluido desde hace nueve meses en la sede de la Inteligencia

Cuando en 2016 el hispanovenezolano Yon Goicoechea y su familia regresaron de España a Venezuela, no imaginaron que sus vidas cambiarían tan drásticamente. De vivir juntos en Rivas-Vaciamadrid –con sus hijos de ocho y cinco años– y atender el restaurante La Pastería pasaron a vivir separados y a que los niños visitaran a su padre en los calabozos del servicio de Inteligencia venezolano. Goicoechea se convirtió en uno de los más de 300 presos políticos en las cárceles del país.

Diez años atrás, el 27 de mayo de 2007, el todavía estudiante de Derecho en la jesuita Universidad Católica Andrés Bello se convirtió en uno de los líderes del recién nacido Movimiento Estudiantil. Encabezó la oleada de protestas que se desató entonces en Venezuela cuando Hugo Chávez decidió no renovar la concesión a uno de los medios más críticos con su Gobierno: Radio Caracas Televisión. Tras haberse retirado de la política unos años, para formarse en EEUU y en España, Goicoechea regresó a su país de nacimiento el 17 de junio de 2016. Dos meses después, fue detenido arbitrariamente en una de las principales autopistas de la capital. El diputado oficialista, Diosdado Cabello, dijo que le encontraron «cordones detonantes» de explosivos. Human Rights Watch y Amnistía Internacional han exigido sin éxito su liberación.

Pese a tener una medida cautelar de libertad desde octubre del año pasado, Goicoechea ha cumplido nueve meses en El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). En las dos horas diarias que dedica a la escritura contesta algunas preguntas que EL MUNDO le hace llegar a través de sus abogados. Lo hace desde una celda de unos 12 metros cuadrados, sin entrada de luz ni ventilación natural, que comparte con tres presos.

P.– ¿Cómo se encuentra?
R.– Estoy bien. El día que me detuvieron dejé de fumar y empecé a hacer ejercicio en mi celda. Lo único que empiezo a sentir es la pesadez de estar encerrado sin luz ni ventilación y los desórdenes en la rutina de sueño, porque el cuerpo no identifica cuándo es de noche o de día. Me ayuda el hecho de ser parte de una lucha de la que estoy orgulloso y a la que he dedicado mi vida.

P.– ¿Ha cambiado algo en su reclusión desde que inició esta nueva oleada de protestas en Venezuela?
R.– Sí, me cambiaron de celda y ahora no puedo ver la luz del sol. Se han cancelado las visitas de mis familiares y abogados varias veces.

P.– Hace un mes, el PP reveló una información de una carta que envió a su vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, en la que usted denuncia torturas en El Helicoide. ¿Estas persisten?
R.– Yo, salvo los tratos crueles, el aislamiento y la incomunicación de las primeras semanas no he sido torturado. Sin embargo, como señalé en la carta, he tenido que presenciar torturas con una frecuencia de una vez por semana, aproximadamente. Ahora, en esta nueva celda, es mucho menos. He visto golpear, asfixiar con bolsas en la cabeza, electrificar e inmovilizar a detenidos. Conmigo se cuidaban de golpear a los políticos abiertamente. No he visto a ningún político golpeado, aunque sí he observado las marcas y escuchado los testimonios. En primera persona, he presenciado torturas a presos por delitos comunes.

P.– En 2007 usted fue uno de los líderes del Movimiento Estudiantil que encabezó las protestas por el cierre de Radio Caracas Televisión. La situación de los medios ha empeorado en los últimos 10 años: han cerrado medios, otros han sido comprados, otros están asfixiados y los demás se autocensuran.
R.– El cierre de RCTV marcó un hito en el Gobierno de Chávez. A partir de entonces la autocensura operó masivamente y la mitad más humilde del país dejó de recibir mensajes de la oposición. Porque al no estar conectada a internet, ni tener el hábito de la lectura diaria de la prensa sólo acceden a la televisión y la radio. El Gobierno se cuidó de mantener la existencia de medios privados, pero reservándose la prerrogativa de censurar contenidos. El modelo de control de los medios del chavismo es una obra inteligente y sofisticada. Y sería imposible de mantener si RCTV estuviera abierta, porque sus periodistas decidieron no callar.

P.– A diferencia de hace 10 años, en las protestas que comenzaron en abril y aún persisten, el Movimiento Estudiantil no ha tenido un papel protagonista, mientras sí lo han tenido los jóvenes de la llamada Resistencia. ¿Por qué cree que es así?
R.– Los estudiantes de ahora son mejores y más valientes que nosotros. Pero ahora hay mucha más gente protestando. Cuando nosotros salimos a la calle, la oposición venezolana estaba pulverizada, políticamente en ruinas. También había más medios libres y tuvimos mucha más cobertura. Ahora los estudiantes coexisten con una oposición fuerte y más organizada. Es lógico que destaquen menos. Pero ahora ya no son sólo los universitarios, sino un verdadero ejército de jóvenes de barrio (zonas populares) que enfrentan tanques con escudos de latón. Ese movimiento es más grande que aquel.

P.– En una carta que envió a la Asamblea venezolana este año dijo que uno de los precios que debían pagar los venezolanos por la justicia era la renuncia a la venganza.
R.– Mi prioridad es sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia. Yo prefiero mil veces aferrarme a las posibilidades de futuro que a los dolores del pasado. El chavismo perdió su oportunidad histórica porque en lugar de construir se ocupó en tratar de aniquilar al contrario. Nosotros no haremos lo mismo. La prioridad es erradicar la pobreza, dar seguridad a los venezolanos y constitucionalizar el país. De los delitos cometidos se ocupará la justicia, yo no perderé un solo minuto haciendo política por el retrovisor.

P.– Desde octubre de 2016 tiene boleta de excarcelación pero sigue, en sus palabras, «secuestrado». ¿Ve cerca su libertad?
R.– Espero recuperar mi libertad pronto, junto a la de toda Venezuela.