Europa es un éxito

RAMÓN PÉREZ-MAURA – ABC – 26/03/17

Ramón Pérez Maura

Ramón Pérez Maura

· La crítica a las fallidas políticas comunitarias debe pasar por la articulación de otras políticas comunes, no por la destrucción de la UE.

Puede parecer normal que los tratados fundacionales de la Unión Europea cumplan sesenta años. Pero no lo es. No hay precedente de una unión de Gobiernos democráticos que hayan escogido asociarse durante tanto tiempo y ceder soberanía para buscar un futuro mejor juntos. La utopía que definió el conde de CoudenhoveKalergi en 1923 en su libro «Pan-Europa» se empezó a concretar en el Tratado de Roma de 1957, siete años después de que Coudenhove hubiera recibido el primer premio Carlomagno que después han obtenido, entre muchos otros, el Rey Juan Carlos, Felipe González, Javier Solana y su tío Salvador de Madariaga. Cuando Coudenhove-Kalergi puso en marcha su visión de Europa, sostuvo que «todo gran acontecimiento histórico empezó como una utopía y terminó siendo una realidad. Y ni el más euroescéptico podría sostener hoy que la Unión Europea no es una realidad.

Las realidades pueden ser cuestionadas por lo que representan. Y la UE sin duda lo es con frecuencia. Lo vivimos a diario y en el último año hemos visto el primer país que decide abandonarla, acción que se va a poner en marcha esta misma semana. Las críticas a la gobernanza europea están justificadas. Exactamente igual que a la gobernanza española, británica, alemana o argentina.

Pero lo que hay que tener claro es que igual que cualquier crítica al gobierno alemán o español puede aspirar a promover legítimamente una alternativa de Gobierno encabezado por un ganador diferente de las elecciones, la crítica a las políticas desarrolladas por las instituciones europeas y, en especial por la Comisión Europea, pueden y quizá deban fomentar la aplicación de unas políticas diferentes ejecutadas por otros protagonistas. Igual que la legítima crítica a los errores de un Gobierno democrático nacional no puede implicar la sustitución de éste por un Gobierno dictatorial, la crítica a las fallidas políticas de la UE debe pasar por la articulación de otras políticas europeas, no por la destrucción de la Unión Europea.

A lo largo de estas seis décadas la UE ha sido un fin para muchos países que creen en Europa como un objetivo de unidad política con sus consiguientes beneficios políticos y económicos. Pero nunca fue vista como tal fin por los británicos, que mayoritariamente la creían un medio al servicio de sus objetivos nacionales. A lo largo de seis décadas hemos visto una incesante procesión de países que desean integrarse en las estructuras comunitarias de libre mercado, libertad política y de movimientos. Todavía hoy hay una relevante lista de países deseando ser admitidos y, ni siquiera a quien se le ha dicho ya de muchas formas que no es bienvenido –estoy pensando en la Turquía de Erdogan– se ha atrevido a retirar completamente su candidatura.

Estos sesenta años de la Europa integrada, celebrados junto al Papa en Roma, coinciden con el primer abandono de la UE. Algunos nos preguntamos si eso puede provocar otras deserciones. Es difícil de saber, pero yo recomendaría a cualquier otro político promotor de esa huída que vaya una semana a Londres a sentarse en la Dirección General para el Brexit y después de ver lo que se cocina allí tenga el valor de salir a decir que quiere lo mismo para su país.

RAMÓN PÉREZ-MAURA – ABC – 26/03/17