David Gistau-El Mundo

TIENE RAZÓN Casado cuando dice que las cosas del PP no interesan ni a su militancia. Ahí queda resumida la decadencia de un partido que antaño estuvo entreverado en todo cuanto sucedía «a la derecha del PSOE» y que ahora sólo ofrece un espectáculo de telenovela, el de los odios cruzados y los dosieres depositados en la cama como una cabeza de caballo de dos mujeres cuyo único estímulo parece consistir en impedir que la otra se quede con Falcon Crest. El descubrimiento de que la militancia es escuálida y está desinteresada recuerda que a veces sólo cuando el cirujano abre es posible comprender cuán grave era la lesión interna. El PP, doctrinalmente esterilizado por el marianismo, lleva años mintiéndose a sí mismo acerca de su relevancia social cuando en realidad dispone de una militancia de atrezo formada delante de una fachada de cartón piedra en Cinecittà detrás de la cual hay un tramoyista comiéndose un bocata.

La derecha constitucionalista está abocada a permanecer sin articulación en un momento muy delicado. Justo cuando el sanchismo, con una ambición impropia de su munición en escaños, ha comenzado a integrar todo cuanto está a la izquierda del PP, tribus de extramuros incluidas, para acometer un proyecto con el que ya fantaseó Zapatero: la Transición fetén, la pendiente, la que ha de hacerse con la derecha excluida y con la monarquía agredida a base de relacionarla con las reminiscencias franquistas que han de ser purgadas. Hasta a Pablo Iglesias se le nota la conciencia de destino con esta labor que le han encomendado de enlace entre Moncloa y las cárceles, en las que igual hasta está introduciendo limas escondidas dentro de libros de Gramsci.

No existe un partido que pueda hacer contrapeso al Kennedy de Cuatro Caminos y sus chungas alianzas. Pero sí habrá un contrapeso, el de las gentes que antaño formaron la sociedad civil contra el terrorismo y que ya ha comenzado a agitarse ante la evidencia de que la moción fue muñida con compromisos relacionados con los presos que se irán anunciando muy de a poquito para mitigar el escándalo: tampoco van a empezar soltando a Txapote. En poco tiempo habrá protestas en las calles. PP y Cs pugnarán por apropiarse de esas gentes como ya lo hicieron con las de las banderas en el balcón. Y la izquierda del escrache y el «Rodea el congreso», ahora subida al Air Force One de Sánchez, dirá lo mismo que dice de Venezuela: que manifestarse y tomar la calle es propio de golpistas antagónicos con la soberanía popular.