‘Joc brut’

EL MUNDO – 23/03/16 – SANTIAGO GONZÁLEZ

Santiago González
Santiago González

· Manuel de Pedrolo fue un novelista catalán dado a la novela negra, como Vázquez Montalbán, pero con menos éxito, que escribió allá por los 60 una novela titulada Joc brut, Juego sucio. También hizo una aportación destacable Francisco González Ledesma, un polígrafo incansable, que había escrito más de mil novelas bajo distintos seudónimos, como Silver Kane, Taylor Nummy, Enrique Morel y Rosa Alcázar. Con su propio nombre ganó el Planeta con Crónica sentimental en rojo.

Eran otros tiempos. Ahora la crónica negra la escriben los fiscales, y a veces con solvencia. Un suponer, Francisco Bañeras y Emilio Sánchez, que hacen una descripción inobjetable de las responsabilidades de Artur Mas y sus consejeros: Quico Homs (qué bien les sienta el diminutivo a muchos políticos de ahora), la vicepresidenta Joana Ortega y la consejera de Educación, Irene Rigau, frente al intento de sus defensas de conseguir el archivo de la causa. Sostienen los fiscales que Mas conoció la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional para la consulta sobre la independencia del 9 de noviembre del 14, el mismo día en que la acordó el TC, el 4 de noviembre, diez días antes de la fecha señalada.

Sostienen los fiscales que Mas debería haber suspendido todos los preparativos de las actuaciones que ya estaban en marcha y las que se iban a producir en los días siguientes para desarrollar su referéndum. El portavoz legitimó a una contratista para que prestara sus servicios el 9-N. La vicepresidenta Ortega coordinó las actuaciones para garantizar el desarrollo de la jornada y proporcionó 6.695 ordenadores portátiles. Por su parte, la titular de Educación Rigau y su tropa presionaron a los directores de los centros de enseñanza para que los abrieran ese día, habilitados como colegios electorales. Sólo una directora de instituto, digamos su nombre, Dolores Agenjo, se negó a entregar las llaves del centro que dirigía, el instituto Pedraforca de L’Hospitalet, si no se le daba la orden por escrito.

No se la dieron y no hubo colegio electoral y en esta anécdota se ven las trazas del delito y el armazón argumental de la defensa. A Dolores Agenjo no le dieron la orden por escrito para escurrir su propia responsabilidad con el mismo truco con el que han tratado de descolgar su responsabilidad sobre las espaldas de la chusma, los voluntarios, que colaboraron en la organización y desarrollo de la consulta. O sea, la Generalidad interrumpió los preparativos, pero la voluntad del pueblo es una bola de nieve, no hay quien la pare cuando se ha puesto a rodar ladera abajo. También podían haberle echado la culpa a los presos de Lérida que fabricaron las urnas de cartón. Cataluña está llena de rufianes, dicho sea sin ánimo de señalar, pero el juego sucio lo siguen haciendo los mismos.

EL MUNDO – 23/03/16 – SANTIAGO GONZÁLEZ