ABC-IGNACIO CAMACHO

La coalición patriótica no es viable con este presidente…ni con este electorado. A tal sociedad, tal liderazgo

TIENE razón Feijóo cuando sostiene en ABC que en España podría y debería formarse un Gobierno de gran coalición (PSOE-PP) si en vez de una tropa de advenedizos adolescentes y manejados por asesores hubiese en el país una élite de políticos maduros dotados de responsabilidad weberiana y sentido de Estado. (Cabe colegir que él se incluye entre estos últimos, aunque no dio el paso al frente cuando tuvo la oportunidad de demostrarlo). Pero el presidente gallego olvida añadir que ese pacto transversal deseable y necesario también es imposible porque no lo toleraría el electorado. Esos votantes que ningún dirigente se atreverá a criticar por no parecer antipático no sólo han encumbrado a un grupo de adanistas enfermos de populismo en mayor o menor grado, sino que les han fijado unas pautas cerradas de comportamiento sectario. Son los ciudadanos quienes han proyectado a esa pueril camarilla para desahogar su desencanto y quienes, tras culpar de la crisis al bipartidismo clásico, han acabado aceptando la conversión de la política en un espectáculo trincherista de antagonismo y garrotazo. Grandeza y miseria de la democracia: a tal sociedad, tales liderazgos.

En términos objetivos, pocas soluciones serían mejores que una alianza entre socialistas y populares, o incluso un Gabinete de concentración de los tres partidos constitucionalistas. Por desgracia, eso no es factible en primer lugar porque no quiere Sánchez, que ha elegido sus socios con claro señalamiento de prioridades, y en segunda instancia porque los firmantes de un acuerdo de esta clase sufrirían de inmediato una sangría electoral implacable. El primer motivo anula todos los demás, de cualquier modo: el presidente ha hecho su carrera a base de un frentismo excluyente contra el centro-derecha, rebelándose contra su propia organización cuando ésta quiso imponerle ciertas reglas de transigencia. A partir de ahí –y de la infame componenda navarra, por si hiciera falta otra muestra– hay poco que hablar y Feijóo lo sabe, como también lo han entendido Casado y Rivera. Pero aun en el fantástico caso de que Sánchez sufriese un vértigo paulino de sensatez, moderación y prudencia, la entente amplia facilitaría el peligroso crecimiento de las fuerzas extremas. Y cualquier eventual fracaso dejaría inerme al sistema, sin otra alternativa que la de los radicales de derecha o de izquierda.

La constructiva sugerencia del líder de Galicia requeriría que los agentes públicos recuperasen antes su perdida capacidad prescriptiva. Sólo así sería posible la regeneración de una política que sus actuales rectores han conducido hacia la demagogia populista estimulando las emociones primarias y las reacciones compulsivas como sucedáneo del ejercicio responsable de la ciudadanía. Mientras eso no ocurra, mientras prevalezca la pulsión banderiza, todo idealismo patriótico desembocará en una utopía suicida.