La fascinación del abismo

EL MUNDO 29/09/16
TEODORO LEÓN GROSS

La escapada de Pedro Sánchez hacia el abismo evoca aquella escena final de Thelma&Louise, filme casi generacional 25 años atrás: unas mujeres sin salida aceleran su coche hacia el precipicio… Ridley Scott, interrogado sobre ese desenlace, razonaba algo obvio: unos personajes que han roto sus ataduras con el pasado, que se han desconectado de sus raíces y han emprendido una huida hacia delante arrasando con todo lo que se encontraran a su paso, no tienen otro final posible. Sólo les queda la libertad de escribir su propio final. Es lo que le sucede a Pedro Sánchez. Sólo puede acelerar hacia el abismo. Ha mentido a todos, no ya a Felipe, y ha traicionado a demasiados, no sólo a Susana Díaz y Tomás Gómez, y en su huida hacia adelante, desde unos resultados catastróficos, ha arrastrado una investidura, segundas elecciones, una investidura fallida con 170 escaños, las líneas rojas… Sólo le quedaba ya elegir su final trágico.

Todo el enredo reglamentista de ayer sólo es un episodio más de esa huida hacia adelante cada vez más delirante. A la tragicomedia únicamente le faltaba un debate leguleyo a 48 horas de la cita en el comité terminal desactivado por 17 dimisiones. Ayer incluso se debatía si el muerto –siempre hay un muerto, pobre Zerolo– computa o no computa. Todo de locos. De fondo, escraches, la sede atrincherada, cerraduras boicoteadas, salidas por el garaje… Como en toda huida desesperada hacia el abismo, la aceleración de los acontecimientos ha seguido una secuencia cada vez más irracional. Y lo humillante, como decía Kundera, es dar, además, el espectáculo.

A estas alturas ya resultan inviables terceras elecciones con la jaula de grillos del PSOE en plena guerra civil. Claro que Sánchez&Luena, como Thelma&Louise, han demostrado mucha audacia. La lógica de su estrategia ha sido, al modo de Alejandro Magno o Hernán Cortés al quemar las naves, hacer imposible una marcha atrás. Es lo sucedido desde la derrota del 20-D, y, sobre todo, tras interpretar los 85 de junio como un éxito. En definitiva, el «no es no» de Sánchez&Luena obedece a una lógica desesperada de supervivencia. Pero no guardarse una salida para rectificar es de una torpeza legendaria. Sencillamente, Sánchez nunca ha asimilado la complejidad real del escenario. Su fantasía de un bloque de 180 contra una investidura con 170 –el 48,5% del Congreso– delata su fuga de la realidad. Nunca existió un bloque de 180.

La estrategia de Sánchez&Luena es atrincherarse con la militancia, como Leónidas con los 300 en el paso de las Termópilas. Pero, ¿para defender qué? Ante la serie catastrófica de resultados, sólo les queda la bandera sentimental del «no es no» a la derecha. Claro que en su argumentario desapareció muy pronto el interés general, y ya ni siquiera conservan el mantra de «primero el Gobierno de España, después el congreso del partido». Es el penúltimo episodio de una huida hacia adelante que sólo tiene un final posible. Eso sí, ellos no caerán solos por el precipicio.