La Generalitat lamina a los disidentes

ABC 04/07/17
EDITORIAL

EN el régimen que trata de instaurar el separatismo catalán, la disidencia se paga con la exclusión. A las pocas horas de manifestar sus dudas –bastante fundadas– sobre la celebración del referéndum ilegal que trama Puigdemont, el consejero de Empresa y Conocimiento, Jordi Baiget, fue destituido de su cargo. La Generalitat no solo suelta lastre y se quita de en medio a quien no comulga con la doctrina oficial del Palacio de San Jaime, sino que lanza una señal a propios y extraños sobre el futuro que espera a quienes se atrevan a obstaculizar un proceso que pasa por la secesión y concluye en el totalitarismo.

ABC adelantó el pasado domingo que Puigdemont no confía en algunos de sus consejeros. Apenas un día después, los hechos han venido a demostrar que la información que publicamos es rigurosa y precisa. Las insidias y los recelos se han instalado en el equipo del presidente de la Generalitat, lo que ha abierto importantes grietas. Baiget ha sido fulminado para intentar evitar un «efecto dominó» y que otros sientan la tentación de la disidencia. La espiral surrealista en la que viven los secesionistas no les permite a estas alturas discernir su quimera de la realidad. «El Estado tiene tanta fuerza que probablemente no podremos hacer el referéndum». Estas palabras de Beiget son una obviedad, pero no para un independentismo desbocado. Y pronunciadas un día antes de que se presentara la ley que prevé regular el referéndum, son una sentencia. Puigdemont y los personajes de los que se ha rodeado, tanto de la CUP como de ERC, mantienen un discurso profundamente antidemocrático y cada vez más radical. Ayer quedó demostrado con la destitución de la única voz que por ahora se ha atrevido a esbozar una verdad.