La hora de la verdad

JOSÉ MARÍA CARRASCAL – ABC – 02/07/17

José María Carrascal
José María Carrascal

· Si, pese a todo, somos el país que más crece de Europa, ¿qué haríamos si fuéramos razonables?

Justo cuando la Real Academia de la Lengua admite el vocablo «posverdad» (esa verdad estirada a gusto del embustero), llega la realidad (esa señora que no se anda con chiquitas) y de dos sopapos la desenmascara. Se acerca la hora de la verdad. Se acabaron los subterfugios, las triquiñuelas, las «astucias» que encantaban a Artur Mas. Están demasiado vistos. Los que ponen el voto como suprema expresión de la democracia y se niegan a que se vote su propuesta en el Congreso.

Los que presumen de ser «la izquierda» y lo único que hacen es abstenerse. Los que reclaman diálogo y el único diálogo que admiten es para aceptar sus propuestas. Los que piden un referéndum catalán para votar «no». Los que se dicen europeístas y no apoyan los proyectos europeos. Los que ven corrupción en campo ajeno y no en el suyo. Los que aseguran no querer nuevas elecciones y están haciendo lo posible para que se adelanten. Los que dicen una cosa, y hacen la contraria. Todos ellos se están quedando, perdonen la expresión, con el culo al aire. Embaucadores de todos los colores políticos llevan dos años y medio (2015, 2016 y lo que va de 2017) mareando la perdiz y derramando lágrimas de cocodrilo por los daños infligidos a los españoles, y han sido ellos quienes se los infligieron.

Hemos aguantado todo tipo de farsas, leyendas, chismes y habladurías para que nos olvidemos ello. Pero el tiempo de los charlatanes se acaba. ¿Recuerdan aquello «puedes engañar a alguno algún tiempo, pero no a todos siempre»? Pues eso. Lo han ensayado todo, desde la queja a la amenaza, desde la sonrisa al chantaje, desde la humildad a la provocación.

Mintiendo cada vez que abrían la boca, aprovechando cada oportunidad para vendernos el falso billete de lotería, el paraíso de una Cataluña independiente, respetada, admirada, reconocida por todos, cuando los primeros en no respetarla han sido sus dirigentes, saqueándola. Mientras los que prometen una España libre, igualitaria, plural, tienen como única referencia la Venezuela de Maduro y el Irán de los ayatolás, aparte del soviético, más visto que la Chelito. Por cierto, también Stalin prometió un Estado plurinacional e incluso lo puso en práctica convirtiendo la Rusia de los Zares en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pero ya me dirán ustedes qué pluralidad había en tales repúblicas.

La farsa llega a su fin. La realidad está poniendo a cada uno en su sitio. Cada palo tiene que aguantar su vela y quienes insistan en mantener la pantomima están condenados a cosechar lo que merecen: carcajadas. «Se puede hacer cualquier cosa menos el ridículo», advirtió Tarradellas a los catalanes a su vuelta del exilio. En cuanto a los socialistas, pueden poner sus barbas a remojar visto lo que ocurre a sus colegas europeos. Podemos y Ciudadanos cumplen su papel de hermanos menores. Pero cuando intentan ir más allá, hay que cambiarles los pañales. Si, pese a todo, somos el país que más crece de Europa, ¿qué haríamos si fuéramos razonables?

JOSÉ MARÍA CARRASCAL – ABC – 02/07/17