La hora hispánica

ABC 23/06/17
BORJA CARDELÚS, CO-PROMOTOR DE LA FUNDACIÓN CIVILIZACIÓN HISPÁNICA

· Este artículo no es una queja más, sino una llamada a la acción. Se está constituyendo la Fundación Civilización Hispánica, con el doble objetivo de empezar a desmontar la Leyenda Negra, simplemente contando la verdad, de expulsar complejos y de elevar la moral del mundo hispánico, difundiendo los logros de nuestra civilización

LOS países occidentales ricos llevan décadas dedicando grandes recursos a cultivar su imagen interna y externa a través de medios eficaces. Por la literatura, el cine y la televisión, sabemos de la elegancia francesa o el espíritu británico, imágenes que sirven para la cohesión interna y el prestigio exterior.

¿Y qué ha hecho España por su imagen de fondo? Apenas nada. No solo no ha labrado esa imagen, sino que ha permitido que los demás países lo hicieran por ella, y no precisamente con hilo de seda, sino con veneno. Y así, hemos dejado que cada doce de octubre en Nueva York ondee la bandera italiana; que el mundo crea que solo Francia ayudó a Estados Unidos en su Independencia, ignorando el concurso decisivo de España; que Drake introdujo la patata en Europa; que el western de Hollywood es norteamericano, cuando procede íntegramente de las Marismas del Guadalquivir, y Clint Eastwood no es más que un vaquero marismeño con pistolas; que Cook descubrió Hawaii, cuando fue Villalobos; pronto veremos que no fue España quien dio la primera vuelta al mundo, sino Portugal; que España era la nación esclavista por antonomasia, cuando no traficó con esclavos negros, los toleró escasamente en sus posesiones y los liberaba en la Florida española a medida que escapaban de las plantaciones inglesas; el mundo cree que España practicó un genocidio a gran escala, cuando la gran mortandad indígena procede de los virus; que Cortés y Pizarro eran asesinos, y no liberadores de pueblos oprimidos por la tiranía azteca, que practicaba sacrificios humanos, y la inca, que exprimía a sus súbditos con una carga fiscal del 66%; todos creen que España expolió el oro y la plata, cuando las minas eran de propietarios privados criollos, y el Estado solo retenía un impuesto del 20%; que España fue a despojar América, cuando fue a evangelizarla e incorporarla a la cultura grecorromana; que España maltrató y sometió a los indios, cuando las Leyes de Indias son un modelo de protección al indio que llega al más exquisito paternalismo. No solo los declaraba libres, sino que prohibía los servicios personales forzosos, prohibía contratarlos sin un salario justo, cuidaba de sus familias, de sus tierras, sus bienes, de que recibieran justicia.

Hubo, desde luego, casos de abusos, pero la postura de España fue nítidamente proteccionista. Y la mejor prueba de la protección española a los indios es que estos han sobrevivido en la América hispana, y los únicos nativos que sobreviven en los Estados Unidos son los de las áreas españolas, mientras que en las inglesas se extinguieron por completo.

Nos hemos dejado robar la historia, el alma, hasta el punto de que no solo el mundo entero, sino nosotros, los hispanos de ambas orillas, hemos asimilado los embustes de la Leyenda Negra, originada por un español, Bartolomé de las Casas, y aventada por nuestros rivales, en especial Holanda e Inglaterra, por una doble causa religiosa y política. Era necesario desprestigiar a España para que abandonara el botín americano, y que no penetrara en América el catolicismo papista. No ocurrió así, pero el veneno de la leyenda negra quedó sembrado.

Se han imputado a España todos los vicios, y se han ocultado sus logros. No solo en el aspecto descubridor, explorador y globalizador de los alimentos y de la economía mundiales, sino en el esfuerzo colosal de haber incorporado a todo un Continente a la cultura occidental y a la religión católica. Y sobre todo, haber logrado algo tan difícil como construir una civilización. Se requiere para ello contar con varios cientos de millones de personas y una identidad común, y en el mundo occidental solo hay dos, la anglosajona y la hispánica, y esta atesora grandes valores. No solo se compone de una lengua, una religión y una raza mestiza, sino de muchas otras cosas: música, literatura, arquitectura, unidad de costumbres, pasión vital, generosidad, solidaridad, comunicación… Se trata de una cultura riquísima en valores, intermedia entre dos feroces extremos: el totalitarismo marxista y el capitalismo egoísta y excluyente. La Civilización Hispánica matiza ambos excesos, porque se halla impregnada de los valores humanísticos cristianos.

Pero la autoestima del mundo hispánico siempre fue muy baja, y ahora lo es más. El indigenismo populista está acusando a los hispanos de América de ser forasteros, ya que la tierra es de los indios, y han de marcharse; y desde Estados Unidos los hispanos se sienten últimamente despreciados. ¿Y cómo no tener poca estima cuando nadie se ha encargado de defender la Hispanidad, y todos han asimilado que nuestros orígenes son los sucios cacareados por la Leyenda Negra?

Pero algo está cambiando. Los hispanos de América, faltos ya del sustrato indígena, empiezan a revisar y a aferrarse a sus verdaderas raíces, las hispanas. Y en España, ante la amenaza de desintegración política y moral, se aprecia un hartazgo visible ante las películas o las actitudes antiespañolas, y un deseo de reivindicar nuestras esencias.

Por eso es llegada la hora hispánica, la de enderezar ese rumbo perdido a causa de la Leyenda Negra, reconstruir el edificio de la Hispanidad, proyectarla al mundo y levantar la autoestima de las gentes hispanas. Que poseen no solo esa identidad cultural compartida, sino un referente común, la Corona, eje de la Hispanidad durante cinco siglos.

Este artículo no es una queja más, sino una llamada a la acción. Se está constituyendo la Fundación Civilización Hispánica, con el doble objetivo de empezar a desmontar la Leyenda Negra, simplemente contando la verdad, de expulsar complejos y de elevar la moral del mundo hispánico, difundiendo los logros de nuestra Civilización. Y todo ello, mediante los medios eficaces de hoy: cine, televisión, libros, exposiciones, redes sociales… El mundo hispánico posee recursos, y es preciso movilizar para ello a personas y medios de España, de México, de Estados Unidos, de las demás naciones hispanas… las muchas gentes de buena voluntad de la Hispanidad que están cansadas de sentirse culturalmente postergadas.