La izquierda arrepentida

IGNACIO CAMACHO – ABC – 17/06/17

Ignacio Camacho

Ignacio Camacho

· Buena parte de la izquierda española se ha arrepentido del pacto de concordia civil que fue su mayor acierto histórico.

La épica de la Transición ya no funciona. La rehabilitación póstuma de Suárez, aquella explosión emocional en su memoria, fue mucho más un homenaje a su honradez personal que a su aventura histórica. La gente aplaudía su armón porque había muerto sin enriquecerse, no porque hubiese armado con enorme audacia un pacto civil y político de concordia.

La peripecia de los 70 ha dejado de conmover desde que la libertad se convirtió en una bendita rutina; por eso el cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones ha pasado sin pena ni gloria. Los méritos generacionales se extinguen con sus protagonistas y lo único que queda es su legado objetivo, que en este caso es la transformación de una dictadura en una democracia y de una nación pobre en una próspera. En lo que ha fallado el sistema constitucional es en la transmisión de sus valores, en la construcción de una cultura pedagógica.

Por esa grieta se ha colado el populismo radical con su relato de posverdad retroactiva. No sólo el de la España catastrófica, saqueada y exangüe, sino el de una democracia impostada, adulterada e ilegítima. El de la Constitución como un artefacto espurio, un embeleco de las élites para impedir que el pueblo ejerza su auténtica soberanía. Una narrativa cismática, de antagonismo social, que presenta todo el proceso de restauración institucional como una suerte de argucia mitológica urdida para disimular la continuidad de las superestructuras franquistas.

Esta versión tramposa, distorsionada por un sesgo oportunista, es una destilación del mensaje de revisión histórica de Zapatero, que menospreciaba la Transición para buscar la legitimidad democrática en la exaltación del ideal republicano. En la etapa zapaterista, la izquierda española comenzó a arrepentirse de su mayor acierto, que fue el acuerdo de reconciliación, aquel imprescindible abrazo de las dos Españas que huían de la repetición del fracaso.

El falso progresismo se avergonzó del consenso, que de repente le empezó a parecer una humillación perdedora, y trató de ejercer un extraño derecho de retracto. Incluso Carrillo, coautor del feliz compromiso que cerró las heridas de la guerra, se desdijo de su propia sensatez para volver a un trincherismo sectario. Ésa es la semilla ideológica que Podemos ha cultivado con su indiscutible habilidad propagandística y agitadora: la de la ruptura pendiente, la de la revancha contra el pasado.

Al igual que ha sucedido en Cataluña, donde el ímpetu secesionista se impone por falta de réplica, el discurso revisionista triunfa porque casi nadie lo ha refutado. Porque los agentes políticos convencionales se han dormido en su abotargamiento, incapaces de reivindicarse a sí mismos con fortaleza intelectual y con el mínimo vigor ético necesario. La débil efeméride del 15-J demuestra que el régimen, como lo llama con desdén Pablo Iglesias, está en efecto hecho un guiñapo.

IGNACIO CAMACHO – ABC – 17/06/17