La posverdad de Podemos

EL MUNDO 21/11/16
PEDRO G. CUARTANGO

LA POSVERDAD, un término acuñado hace años por Ralph Keyes, es un concepto que viene a significar que hay mentiras mucho más creíbles que la verdad. Donald Trump ha demostrado ser un maestro en este ejercicio.

La posverdad impregna las redes sociales, el discurso de los dirigentes populistas y de algunos medios, que fabrican una realidad paralela para hacer demagogia y captar el creciente descontento de los ciudadanos.

Estamos asistiendo a un ejercicio de la posverdad por parte de quienes deslegitiman la Transición y tratan de vender la falsa mercancía de que fue una imposición del franquismo y de que las actuales instituciones están contaminadas por aquel vicio de origen.

Hemos visto en el Congreso a un diputado de Podemos con una camiseta que decía: «Yo no voté a ningún Rey». Yo tampoco. Pero lo hicieron el 87% de los españoles que refrendaron la Constitución de 1978, que proclamaba la monarquía como forma de Estado.

Estos días hemos asistido a una burda campaña para hacernos creer que durante la Transición se planteó el dilema entre monarquía o república y que Suárez estuvo a punto de hacer una consulta al respecto. Es absolutamente falso. Y quien diga lo contrario, que exhiba alguna declaración de Santiago Carrillo, Felipe González o del mismo Suárez abogando por la república en aquel periodo.

Tal polémica no existió porque la derecha rechazaba esa posibilidad y porque la izquierda aceptó al Rey para evitar una nueva confrontación. Ahí está la imagen de La Pasionaria, aplaudiendo a Juan Carlos en la sesión inaugural de las primeras Cortes democráticas.

Desde que Suárez aprueba la Ley de Reforma Política en 1976 hasta que Tejero intenta dar su golpe de Estado en 1981, no se cuestionó la monarquía. Y no se hizo porque no se podía ni se quería salvo por algunos grupos marginales de republicanos o de extrema izquierda.

Si ahora Podemos pretende deslegitimar a Felipe VI y plantear el debate de la forma de Estado se halla en su perfecto derecho, siempre que recurra a métodos democráticos. Pero lo que no puede ni debe hacer es falsificar el pasado para reforzar sus ambiciones políticas.

Es el partido de Iglesias el que ha dado alas a la posverdad de que la monarquía carece de legimitidad, como se pudo constatar en el Congreso. Pero eso es una falsedad histórica. Lo que está haciendo Podemos con una gran inteligencia política es cuestionar la Transición para poder deslegitimar las instituciones, entre ellas, la monarquía, el poder judicial y el Parlamento.

Detrás de su fabulación del pasado, lo que hay es un ataque a la democracia representativa porque los líderes de Podemos no creen en ella. Lo dijo claramente Pablo Iglesias tras el acto del comienzo de la legislatura cuando afirmó: «No estamos aquí por ser hijos de nadie ni tener sangre azul». Lo que significa en sus palabras que la monarquía no es legítima por su naturaleza hereditaria pese al voto de los ciudadanos.

Quien logra imponer una interpretación del pasado, tiene todas las bazas para dominar el futuro. Por eso, Iglesias impulsa ese revisionismo que apunta a demoler unas instituciones que es cierto que no han estado a la altura de lo que exigían los ciudadanos. Desgraciadamente, su posverdad es falsa y demagógica pero muy creíble.