La ranchera de Susana Díaz

LIBERTAD DIGITAL 28/03/17
CRISTINA LOSADA

· Aparte de decir que es la candidata del viejo PSOE, ¿qué más se puede decir de la visión política de Susana Díaz?

Aparte de que es la candidata del viejo PSOE, o del aparato, y de dar la lista de los notables veteranos que ocuparon la primera fila en su presentación, ¿qué más se puede decir de la visión política de Susana Díaz? Ah, sí, que quiere ganar. Quiere recuperar aquel PSOE que ganaba elecciones de forma arrolladora, quiere “volver a las victorias y a los logros” de Felipe González y Zapatero, por decirlo con sus palabras. Esta es la aspiración de la dirigente andaluza, la inspiración que desea insuflar a su partido. Es la aspiración que tiene cualquiera cuando, en un momento bajo, fantasea con volver a las épocas que, pasado el tiempo, semejan maravillosas y triunfantes, llenas de vitalidad y energía. El problema es que no basta querer.

Uno de los problemas. Porque la infatuación con el pasado, el camino de la añoranza, la promesa implícita de volver a la edad de oro tal vez sirvan para galvanizar a militantes desmoralizados que sienten nostalgia por el paraíso perdido, pero conduce a dar la espalda a la realidad. La realidad política española no es la que era cuando el PSOE y el PP monopolizaban y polarizaban el voto. Si hay socialistas que creen que lo que ha pasado estos años es sólo una anomalía que se va a corregir pronto, y que pronto volveremos a lo de antes, será mejor que miren a su alrededor. Vean qué sucede desde hace tiempo en otros países europeos, donde hay partidos socialdemócratas que se preguntan si obtener un 6 por ciento de los votos es, para ellos, la nueva norma. El PSOE se puede dar con un canto en los dientes. Aún no ha llegado tan abajo. Pero subir y ganar como antaño, más vale que lo descarte.

Más allá del PSOE no hay una izquierda transformadora“, dijo la que querrá ser candidata a la Moncloa. Yo no sé qué es exactamente una izquierda transformadora, pero dudo de que el calificativo pueda describir los resultados de la larga experiencia de gobiernos socialistas en Andalucía. Esa es precisamente la experiencia con la que Díaz se va a presentar en el foro nacional. Es una experiencia exitosa en cuanto a cómo mantener el poder en una comunidad autónoma, aunque permanezca lastrada por graves problemas, de forma destacada el paro. Es una experiencia en tejer redes clientelares, compartida, sí, con otras autonomías, pero con sus propios rasgos. Es también una experiencia de la corrupción que florece en un tejido así. Es, en fin, una experiencia difícilmente exportable al ámbito nacional. Y difícilmente atractiva para esa parte de las clases medias que ha abandonado al PSOE.

Los socialdemócratas de otros países europeos llevan años dándole vueltas a su decadencia y preguntándose qué hacer. Nadie tiene, de momento, el remedio definitivo, pero al menos lo buscan. Exploran ideas. Quizá alguien en el PSOE esté haciendo ese trabajo. Pero ese alguien no es Susana Díaz ni está en su entorno. Tiene, sí, a las viejas glorias de su partido. Y a esas viejas glorias no hay por qué apartarlas ni hay por qué renegar de ellas. Pero con ellas sólo podrá alcanzar, si acaso, los laureles en las primarias. De la visión política de Díaz hay tan poco que decir que el lector de comentarios sobre su candidatura sólo encontrará bonitos ejercicios literarios. Para mí que todo su discurso se resume en el estribillo de una ranchera: “Y volver, volver, volver”. Y a ver si sabe perder.