La rebelión de las bases

EL MUNDO 22/05/17

· Pedro Sánchez arrasa y se impone a Susana Díaz en todas las federaciones,salvo en Andalucía.
· Patxi López logra una rotunda victoria en el País Vasco
 
El nuevo secretario general gana por una gran diferencia en todas las federaciones del PSOE menos Andalucía Saca 15.180 votos y más de 10 puntos a la presidenta de la Junta, que consigue menos sufragios que avale

Pedro Sánchez arrolló a la presidenta de la Junta de Andalucía y alcanzó más del 50% a pesar de que los votos se repartían entre tres candidatos. «Vamos a construir un nuevo PSOE para regenerar España», dijo en su comparecencia en Ferraz tras conocerse su victoria. «Lo que teme el Gobierno es un PSOE unido».

Sánchez se comprometió ante los aplausos de los suyos a «construir un nuevo PSOE, el de los militantes», y a hacerlo «con unidad». «Voy a ser el secretario general de todos los socialistas», proclamó.

Desde hoy, el principal y gran reto que el nuevo secretario general tendrá por delante será conseguir la unidad del PSOE, algo que parece ahora lejano dada la actitud ayer de Susana Díaz, que evitó felicitar a Sánchez en público –aunque le llamó por teléfono para hacerlo en privado– y no bajó a la sala Ramón Rubial para aplaudirle.

El nuevo secretario general del PSOE, que lo es por segunda vez gracias al voto de los militantes, ganó con mucha claridad en todas las comunidades autónomas salvo en Andalucía, donde Susana Díaz es presidenta de la Junta y secretaria general del partido.

La victoria fue indiscutible. El portavoz de la Gestora, Mario Jiménez, hombre de confianza de Díaz, reconoció «la limpieza» del proceso. Y todos felicitaron públicamente al ganador, menos Susana Díaz, que no lo hizo en su comparecencia ante los medios. Con cara de circunstancias, la presidenta andaluza sólo dijo que ya había «trasladado» su enhorabuena «al secretario general electo», sin citar en ningún momento el nombre de quien desde hace siete meses se ha convertido en su peor pesadilla: Pedro Sánchez.

Las bases deciden así revertir con más del 50% de sus votos la decisión del Comité Federal del 1 de octubre que tumbó a Sánchez y que aprobó una dirección provisional –la Comisión Gestora– que ahora ha quedado desacreditada ante los militantes. Pero, sobre todo, las bases del PSOE han rechazado de forma rotunda y con su voto libre y secreto la decisión del Comité Federal para que los 84 diputados del PSOE se abstuvieran para hacer presidente del Gobierno a Mariano Rajoy.

Sánchez se dota desde hoy de una legitimidad mucho más fuerte que la de 2014, dada la altísima participación de los militantes, de casi el 80%. Todos sus adversarios internos, con los barones regionales al frente, han perdido en sus federaciones menos Susana Díaz, que aun así ni siquiera consigue llegar al 64% en su comunidad, en la que terminó teniendo menos votos que avales, como pronosticaban los sanchistas que iba a ocurrir.

En cualquier caso, el voto andaluz no pudo revertir el resultado nacional, ya que Díaz no se acercó al que era su objetivo, el 70% de los votos en la comunidad. Sánchez sí superó el 30% del voto andaluz que se había fijado como meta. La presidenta consiguió el 63,2% de los sufragios frente al 31,7% del líder.

Todos los demás presidentes autonómicos socialistas fueron derrotados: Javier Fernández (jefe del Ejecutivo de Asturias y también presidente de la Gestora), Javier Lambán (Aragón), Ximo Puig (Comunidad Valenciana), Guillermo Fernández Vara (Extremadura) y Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha). Todos fueron desautorizados por sus bases, dado el apoyo explícito y entusiasta que prestaron a la Gestora y a la candidatura de Susana Díaz.

La victoria de Sánchez fue recibida primero con incredulidad en las federaciones que apoyaban a la presidenta y después con desolación e impotencia. La apuesta de la presidenta de la Junta no había podido ser más fuerte y ni siquiera consiguió acercarse a Sánchez. Su campaña se basó en una exhibición impúdica del aparato que la apoyaba y de las viejas glorias del PSOE que la arroparon en su presentación: de Felipe González a José Luis Rodríguez Zapatero, pasando por Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Blanco o José Bono.

Ni siquiera el alcalde de Vigo y presidente de la FEMP, Abel Caballero, pudo ganar en su ciudad. Después de convertirse en uno de los máximos impulsores de Díaz, la presidenta sacó en Vigo 254 votos frente a los 313 de Sánchez, que en toda Galicia ganó con el 65% de los votos.

Los dirigentes susanistas esperaban una victoria por la mínima. Por eso, anoche no podían creer que Sánchez sacara a Díaz más de 10 puntos de diferencia.

La primera cabeza que rodó fue la del portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Antonio Hernando, que anunció su dimisión al presidente de la Gestora, Javier Fernández, ya que el nuevo secretario general había anunciado que no contaría con él para dirigir el Grupo Parlamentario.

Los afines a Sánchez destilaron optimismo durante todo el día. El ambiente en las mesas, la masiva asistencia de militantes a votar –muchos hacía años que no se acercaban a las sedes– y el optimismo de los interventores y apoderados sanchistas hacían prever que el resultado iba a ser bueno para ellos. Pero pocos creían que tanto. Al final, la ola de indignación que pasó sobre Susana Díaz fue incluso mayor que lo que los fieles de Sánchez pensaban.

Al 99,2% escrutado, Sánchez consiguió 74.223 votos, 10.000 más que los que obtuvo en 2014, entonces sí con el apoyo de los aparatos regionales. Díaz se quedó a más de 15.000 sufragios de diferencia y bajó de la barrera del 40%: el 39,9%.

Patxi López, finalmente, se confirmó irrelevante. Su voto crítico moderado tuvo 14.571 sufragios, el 9,85%. Eso sí, ganó en su federación, el PSE-EE, con un 52,5%.

A pesar de que Díaz ni siquiera citó a Sánchez por su nombre, él sí quiso darle las gracias públicamente, tanto en su comparecencia dentro como cuando salió al balcón a saludar a los cientos de militantes reunidos en Ferraz. El líder socialista agradeció «a Susana y a Patxi» su trabajo porque «ambos son compañeros que están trabajando y han trabajado por hacer del PSOE un partido más fuerte».

Sánchez demostró ayer que fue un acierto basar su campaña en personalizar en Susana Díaz la responsabilidad de la abstención del PSOE para que gobernara Rajoy. En cuanto a los avales, el nuevo secretario general ha logrado dar la vuelta a la ventaja que le sacó la andaluza con las firmas de los afiliados (60.231 frente a 53.692). De hecho, ha conseguido 20.000 votos más que avales, al contrario que ella, que ha tenido menos sufragios que firmas.

El por segunda vez secretario general del PSOE recupera su cargo con más votos y más porcentaje que el logrado el 13 de julio de 2014, cuando se enfrentó a Eduardo Madina y a José Antonio Pérez Tapias. En aquel momento le votaron 62.490 afiliados del PSOE, lo que supuso el 48,7% del total. Además, los 74.223 votos actuales le permiten sacar una ventaja de 15.182 votos a Susana Díaz, que se quedó en 59.041 sufragios.

Díaz no ha logrado revalidar los avales que obtuvo ni tan siquiera de Andalucía. Tampoco los de Aragón, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Madrid, Murcia y Melilla. Como aseguraban los sanchistas, los aparatos que se emplearon a fondo para ello no podían ser tan eficaces con el voto, que es secreto.

Patxi López sí consiguió más votos que avales. El día que presentó su candidatura llevó 10.866 firmas válidas, pero ayer logró que le votaran 14.571 afiliados.

La victoria de Pedro Sánchez fue clara y contundente en casi todas las federaciones socialistas, salvo en Andalucía y el País Vasco. Además, fue vencedor en 36 provincias más Ceuta y Melilla, además de Bélgica, Chile, Francia, Panamá y Perú.

Las comunidades donde más porcentaje obtuvo fueron, por este orden, Cataluña (82,4%), Baleares (71%), Cantabria (70,5%) y Navarra (70,1%). Además, logró que le apoyara más del 60% en Ceuta (64,9), Melilla (64%), Galicia (65,7%), Valencia (63,3%) y La Rioja (60,9%).

Durante semanas, el Gobierno se ha esforzado por exhibir una posición neutral ante la batalla que ha protagonizado el socialismo español. La no injerencia en asuntos internos de otra formación –especialmente si se trata del rival ideológico histórico pero también del pilar gemelo del bipartidismo–, ha sido el principio a defender en público. En privado, las cosas han sido distintas.

En Moncloa, se ha preferido a Susana Díaz, la que representa –dicen– el PSOE reconocible. A Pedro Sánchez se le ve como el estereotipo de la volubilidad y la ambición personal, el hombre que «antepone sus intereses a los del país». Pusieron en él esperanzas frente a Madina, pero hace mucho que admiten haberse equivocado. Ahora, ante su triunfo, lo que les inquieta es la posibilidad de un PSOE herido, espoleado hacia la radicalidad y que «torpedee la estabilidad».

Rajoy teme que desde Ferraz se alimenten posiciones que apuesten por «desandar el camino de la recuperación» e incluso que se muestren «comprensivas» con el desafío independentista y «se aparten de la centralidad».

En el Gobierno han seguido atentamente la refriega y han intentado rodearse de cortafuegos por lo que pudiera suceder. Así, se planeó cuidadosamente el calendario de tramitación de los Presupuestos y se ha abierto la mano en las negociaciones para conseguir apoyos suficientes para aprobarlos dejando de lado la baza del PSOE. Sacar las cuentas del Estado es ahora un objetivo vital, un parapeto frente al no es no que en Moncloa esperan ver renacer de nuevo. El acercamiento a otros partidos que ha podido comprobarse con los Presupuestos, y en menor medida con el decreto de la estiba, permite al PP acariciar la esperanza de que, aun con enormes dificultades, sea posible avanzar en la legislatura dando por hecho que con Ferraz no se podrá contar.

«La relación será imposible» es la sospecha que les invade. Tras una etapa en la que Rajoy confiaba en que Díaz mantendría viva la actitud «sensata» de la Gestora, para abordar los asuntos más espinosos –como el conflicto catalán–, se abre ahora un nuevo momento de incertidumbre y recelo ante el camino que pueda emprenderse. Hay quienes opinan que se dividirá, quienes creen que entrará en una espiral de competencia radical con Podemos y quienes, por el contrario, apuestan por que Sánchez buscará alianzas con Iglesias.