Santiago González-El Mundo

GOZA DE un consenso muy extendido desde Esquilo la máxima de que en una guerra la primera víctima es la verdad. Con distintas formulaciones la han suscrito Churchill y gentes de todo tipo y condición, como mi admirado Andrés Trapiello, que es un hombre que la busca y un tipejo como Julien Assange. Sin la verdad, ¿cómo seremos capaces de valorar los hechos? En la guerra que los separatistas han emprendido contra la verdad y los hechos, la realidad ha quedado deshecha. Los catalanes, como los alemanes de Hannah Arendt han dejado de darle importancia, por mucho que se jueguen en ello.

Pongamos el Mobile World Congress. Poco importan los datos: 100.000 visitantes, 470 millones de euros. No se ha oído una sola palabra a esa improbable alcaldesa de Barcelona sobre la importancia de esas cifras para la ciudad o el reconocimiento mundial como capital de la tecnología. Pero como decía Rors en acertado trino: «¿Por qué les va a preocupar perder la sede del principal congreso mundial de móviles si ellos solo necesitan una cacerola para comunicarse?».

Gª Domínguez veía en ello una empresa improbable: «Queremos ser la capital mundial del conocimiento con una alcaldesa que no fue capaz de sacarse ni una carrerita de letras en un facultad de tercera regional».

Claro que también había rebuznos. El más diáfano, el de Puigdemont: «El Rey Felipe VI será bienvenido a la República de Cataluña como la máxima autoridad de España cuando pida perdón por su papel inconstitucional el pasado mes de octubre». Odei de Tabarnia: «Que Puigdemont le diga al Rey que no es bienvenido a Cataluña tiene aún más gracia cuando piensas que él no puede ni entrar».

Enric Millo explicó que la Colau y el Rey mantuvieron una conversación interesante y positiva. Es una forma de decirlo. Ella lo explicó con su roznido platerillo: «Le dije que el discurso del 3 de octubre se recibió como una falta de empatía bestial». Felipe VI estuvo a la altura que le corresponde, con un trino real: «Yo no puedo mediar entre quienes cumplen la ley y quienes no lo hacen. Yo estoy para defender la Constitución y el Estatuto».