José Antonio Zarzalejos-El Confidencial

En su libro, Santi Vila (‘De héroes y traidores’) califica a Marta Rovira de “intensa, irascible y fanatizada” y arroja dudas sobre la lealtad de Oriol Junqueras al expresidente

El libro de Santi Vila —’De héroes y traidores’ (Editorial Península)— es interesante pero insuficiente. El ‘exconseller’ de Empresa y Conocimiento con el último Gobierno de Puigdemont ha escrito un relato testimonial que se distribuye hoy en librerías en el que introduce algunos pasajes audaces pero que no describe dos aspectos que le afectan. El primero, si él era —como parece que fue— el candidato de los restos del catalanismo en el PDeCAT y de las grandes empresas catalanas para volver a una política de sensatez y, el segundo, cómo se produjo la fuga de las más importantes compañías de Cataluña después del 1 de octubre pasado.

A fin de cuentas, Vila permaneció en el Gobierno hasta más allá de lo prudente, creyendo que su ascendiente sobre Puigdemont era superior al que fue. Vila —y eso no aparece en el libro— era el hombre de la reconducción de la política catalana a la sensatez, a una especie de nuevo catalanismo. Precisamente por eso, sus entornos políticos le consideran un ‘botifler’, un traidor a la causa, aunque su comportamiento haya sido más entero que los que hemos ido viendo ante el magistrado Llarena protagonizados por sus antes compañeros. Los ‘traidores’ oficiales unen tanto al nacionalismo independentista como los enemigos exteriores. A Vila le ha tocado la china.

¿Qué se puede ser en Cataluña si eres manifiestamente gay, tienes tendencia al diálogo con España y te gustan los toros? Lo que quieras

El autor nos hace, sin embargo, inmensos favores en forma de revelaciones. El primero de todos ellos, comprobar la fragilidad emocional y política de Puigdemont, que afirmó el día 26 de octubre que no se veía “siendo un presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímica e institucionalmente devastada”, aludiendo a la inexistente Freedonia de Groucho Marx. De aquella determinación no quedó nada y el expresidente lo es exactamente de lo que que no quería: del ‘espacio libre de Bruselas’, de una suerte de Freedonia que es la virtualidad que él rechazaba. Está cumpliendo con exactitud lo que decía no querer: “Repartir tarjetas de una república inexistente”.

Pero fueron personajes como Rovira —a la que Vila califica de mujer “intensa, irascible y fanatizada”— y Oriol Junqueras los que, a la postre, presionaron directa e indirectamente para que Puigdemont, en vez de convocar el día 27 de octubre elecciones y evitar seguramente el 155, optase por declarar unilateralmente la independencia y proclamar una república incapaz de arriar la bandera de España en el Palau de la Generalitat. Que Rovira es una mujer emocionalmente inestable y lacrimógena, lo sospechábamos. Bueno es tener la seguridad de ello. Que Junqueras tenía doble faz, también lo intuíamos. Pero Vila nos lo acredita.

 Dice del encarcelado presidente de ERC que “entre el empresariado soberanista catalán aún no se ha llegado a comprender cómo fue posible que el mismo hombre que se paseó por los principales despachos financieros y empresariales de la ciudad, atribuyéndose la representatividad del nuevo centrismo destinado a sustituir a la corrupta CiU; el político que les imploraba que ejercieran su influencia moderadora sobre Puigdemont, al que desde ERC describían como un radical descontrolado de su partido y del resto del Gobierno; el líder que incluso (…) pidió ‘hacer entrar en razón a Puigdemont’; ese hombre, llegada la hora grave (…) pudiera fallarle de un modo tan estrepitoso” (no apoyó la convocatoria electoral el 27 de octubre). Se entiende mejor así la hostilidad entre ambos que amenaza con el enfrentamiento abierto entre JxCAT y ERC.

Vila da una clave que nos remite también al ambiente que en Madrid se creó durante buena parte de 2017: que Junqueras era visto en la capital como una alternativa a Puigdemont. La operación Diálogo de la vicepresidenta lo fue con el republicano como mejor y casi único interlocutor. De ahí que el autor de ‘De héroes y traidores’ escriba: “Días y días de conversaciones con él mantienen aún en mí la duda de quién es realmente Oriol Junqueras y cuál es su proyecto personal y político para Cataluña. Que esta confusión sobre el personaje no me resulte exclusiva lo corrobora también la desorientación existente en los más influyentes despachos políticos y empresariales de Barcelona y Madrid, donde Junqueras pasó de ser su esperanza blanca, aún en primavera, a un pobre diablo más de la causa independentista en solo unos meses”.

Ahora cunde la lamentación por lo que se hizo y no debió hacerse y por lo que se calló y debió decirse

El libro de Vila forma parte de la ‘literatura procesista’ y quizá necesite de un desarrollo más amplio. De momento consiste en el testimonio de la mendacidad del ‘procés’, de la improvisación de sus gestores, de, en definitiva, la colosal ficción que ha representado, muy en línea con la visión de Joan Coscubiela en ‘Empantanados’ (Editorial Península), porque ambos relatos conducen a la impresión vivísima de que en Cataluña se ha practicado —y sigue— una impostura.

Es muy de agradecer, además, que el que fuera ‘conseller’ con Puigdemont reconozca como un “tormento” personal el pleno parlamentario del 6 y 7 de septiembre del pasado año en que se aprobó “la disparatada ley de desconexión”. Se lamenta Vila de “no haber dimitido al instante”. Y es que ahora en Cataluña cunde la lamentación por lo que se hizo y no debió hacerse y por lo que se calló y debió decirse. Ellos —los catalanes de uno y otro signo— saben que el ‘procés’ ha sido un desastre en todos los órdenes.