DAVID GISTAU-EL MUNDO

VOX es como la rodaja de sandía que en verano se coloca en el merendero para que las avispas queden entretenidas allí y no molesten en la mesa, donde Sánchez sigue dedicado a sus cosas. Es un juguete argumental nuevo que hace dos meses no existía pero que ahora es el eje alrededor del cual orbita todo y la unidad de medida que distingue los buenos españoles de los que salieron fallidos o amariconados. O, lo que resumiría ambas cosas, afrancesados, con lo que eso ofende a las mentalidades trabucaires, al menos hasta que les ponen delante a Ninette. Existe una discordia nueva en el ámbito de la derecha, patrullada por radicales conscientes de que les ha llegado el momento de desinhibirse después de décadas de aplastamiento cultural, que exigen adhesiones inequívocas y tratan de destruir la reputación de quien las niega atribuyéndole defectos de conducta que oscilan entre el cobro de sobornos –Soros y su ubicuidad fáustica– y la blandura burguesa que tanto irritaba a los portadores de una unidad de destino en lo universal.

Mientras nos mantenemos entretenidos en esta reyerta, todos los asuntos que no hace mucho inspiraban profecías apocalípticas de repente han desaparecido. Lo cual conviene a Sánchez quien, en el contexto de su amaño presupuestario y de la inminencia del juicio, prosigue sus componendas con el independentismo, aliviado por la relajación del marcaje individual al que era sometido. Y, lo que es peor: la rebatiña de Vox permite a extremistas que pedían liquidar el 78 y guillotinar a FB6, así como reconocer a ETA la lucidez de izquierdas que le hizo combatir la falsa democracia posfranquista, arrogarse de pronto la posición vertebral del sistema y la defensa democrática contra hordas de extramuros. Que en el gauchismo cunda sólo ahora esa inquietud no deja de ser una filfa considerable.

Habrá que permanecer a la espera de que, dentro de la derecha, surja alguien que restaure el prestigio de palabras como liberal, laico, Europa y cosmopolita que los propagandistas de Vox no pueden escuchar sin llevarse las manos a la brea de emplumar nenazas. Habrá que esperar porque Cs tiene demasiadas ambigüedades y dobleces oportunistas para creerle nada y porque Casado, quien pensó que su solo advenimiento bastaría para devolver al PP el monopolio de todo cuanto respira a la derecha del PSOE, parece tan confuso como esos personajes de los dibujos animados que, teniendo un angelito en un hombro y un demonio en el otro, no saben a cuál hacer caso.