Santiago González-El Mundo

El brazo tonto del legislativo catalán tenía que llamarse Torrent, un caso claro de predestinación. Uno tiene la impresión de que Esquerra Republicana, que es el proveedor de presidents de la Cámara ha propuesto a este hombre para rehabilitar en la memoria colectiva a Carme Forcadell, que también era una mujer de ERC detentando la Presidencia del Parlament. También fue de la Esquerra aquel tipo sorprendente, Ernest Benach, un jardinero venido a más. Pero jardinero era también míster Chance, el inolvidable protagonista que encarnaba Peter Sellers en la película de Ashby sobre la novela de Jerzy KosinskiDesde el jardín, un membrillo total que llega a ser candidato a la Presidencia de EEUU.

Bueno, pues todos los antecedentes palidecen por comparación con Torrent. Ya antes de oírle hablar imponían mucho sus rasgos faciales. Tengo para mí que Cesare Lombroso alumbró su teoría del positivismo criminológico después de que en un sueño se le apareciera un bisabuelo de Torrent y ahí nació su criminal nato. Se lució delante del poder judicial en la fiesta de San Raimundo de Peñafort, cuando en un discurso metió una gentil morcilla sobre los presos que entonaba con el lazo amarillo. Lo dejaron plantado porque, al parecer, él había entregado a sus anfitriones un discurso que nada tenía que ver con el que finalmente pronunció.

Claro que los menguados catalanes no tienen complejos. Desoyendo a los letrados de la Cámara y a la Fiscalía, decidieron admitir a trámite la propuesta de la CUP en la que se reivindicaba la legitimidad de Puigdemont, avalar el referéndum ilegal del 1-O y se ratificaba la DUI, aunque JxCat y ERC, convencieron a la CUP de que dejara caer este punto: no corras que es peor. Y la CUP, catalizadora del proceso, tragó. El asunto es que la simple admisión a trámite de la propuesta antisistema constituye un supuesto delito de desobediencia para el presidente y la Mesa del Parlamento. Si hubiesen mantenido la DUI, el delito de desobediencia lo habrían cometido todos los diputados que la hubieran votado favorablemente. O sea todos los golpistas.

Yo creo que en ese momento, el grupo mayoritario de la oposición perdió la ocasión de repetir el gesto que le hicieron a Íñigo Méndez de Vigo de mostrarle los cuatro deditos en alusión humillante a los escaños que había sacado el Partido Popular en Cataluña, pero no para afearle a la CUP sus magros resultados electorales (también sacó cuatro diputados). En el caso de la CUP seguiría siendo un gesto borde y sería mucho más propio enseñar los cuatro deditos a Junts per Catalunya y la Esquerra, a sus 66 diputados, en una paráfrasis muy apropiada de la frase de Churchill: «Nunca tantos se dejaron pastorear por tan pocos».

El caso es que los dos partidos de esta coalición no declarada habían acordado un parlamento paralelo en Bruselas, y un Consejo de la República presidido por Puchi, un reconocimiento necesario para que el prófugo dé un paso a un lado y unja a Sànchez, que tampoco podrá ser. Esto no se va a quedar así. Se hinchará, ya lo verán. Con esa tropa, ¿qué puede salir mal?