Sin Estado

LIBERTAD DIGITAL 02/03/17
AGAPITO MAESTRE

· Si el jefe del Estado y la vicepresidenta del Gobierno son incapaces de respetarse a sí mismos, por favor, díganme, ¿quién puede respetarlos a ellos?

Los medios de comunicación en España están al servicio del poder. El control es férreo. Los tertulianos trabajan para los políticos. Todos los periodistas en la televisión pública están colocados por los políticos. Casi todos los periodistas de las televisiones privadas obedecen a las órdenes de los poderosos. De la radio se podría decir algo parecido o peor. De la prensa escrita mejor ni hablar. En fin, todo esto es demasiados sabido, pero, de vez en cuando, hay que recordarlo para que no nos llamen imbéciles… Los periodistas no se salen del carril de sus editores. Todo es absoluta y bochornosamente previsible. El debate en la radio y la televisión es una ficción. Los directores de todos los medios reciben las consignas de los poderosos. Ya sé, ya sé que hay alguna excepción, pero, repito, pensar es generalizar y mi pensamiento es meridianamente claro: no hay libertad de prensa en España ni, lo que es peor, libertad de expresar opiniones libres. O estás con el poderoso o te quito la palabra.

Pero, ¡ay!, a pesar de todo, la información diaria que nos brindan algunos periodistas nos sirve para hallar señales que marcan cierta orientación en un mundo cambiante. Sí, sin los medios de comunicación, a pesar de estar controlados por el poder, nunca sabríamos dónde estamos. Su función política de suministrarnos información aún sigue siendo decisiva en España. No está del todo muerta como en los casos de la Academia y la Universidad. Dos muestras recientes son imprescindibles para saber a qué atenernos. La primera es una foto. La segunda son unas palabras de una política que lleva diecisiete años (sic) en el Congreso de los Diputados.

El periodismo gráfico nos ha transmitido una verdad factual, una foto, que sin duda alguna, en un futuro próximo, será investigada por los saberes históricos y las humanidades que tienen la sagrada obligación de vigilar e interpretar las verdades de hechopara mejorar la calidad política de una comunidad. Me refiero, en efecto, a la foto del jefe del Estado y la vicepresidenta del Gobierno echándose unas risas con los golpistas catalanes, como si en España no pasara nada. No sé qué dirán la historia y los estudios humanísticos de este documento de la política española, pero yo sé muy bien lo que siento al verlo. La foto me provoca repulsión y vergüenza ajena.

Es la misma vergüenza ajena y repulsión que he sentido al leer las palabras de una diputada del PP, que llegó en el año 2000 al Congreso de los Diputados, amenazando a un compañero de su partido por pretender disputarle a la señora Cospedal la presidencia del PP de Castilla-La Mancha. En la grabación que ha trascendido, Carmen Quintanilla, diputada por Ciudad Real, se muestra más que dura, amenazante, con el posible candidato: “Tú te has cavado tu propia tumba en el Partido Popular, porque la que manda es Cospedal, la secretaria general es Cospedal, la ministra es Cospedal. Vamos a ver, es un perrillo ladrador contra un oso y el oso devora al perrillo ladrador”.

Las dos informaciones periodísticas marcan el rumbo de la nación: no tenemos un Estado respetable, y por tal, tampoco respetado. Si el jefe del Estado, la vicepresidenta del Gobierno y la diputada nacional son incapaces de respetarse a sí mismos, por favor, díganme ¿quién puede respetarlos a ellos?