Sufrimiento

ABC 28/12/16
DAVID GISTAU

· Mayoral montó en cólera cuando vio a los socialistas «con sus banderas encima de nuestras cabezas»

LA leyenda dice que el boxeador Urtáin, después de innumerables reveses y fracasos, abrió la ventana y saltó de repente cuando, al llegar a casa e ir a dar la luz, descubrió que se la habían cortado. Así terminó la vida de un campeón captado durante una búsqueda de forzudos en el Norte para fabricarle al país un Primo Carnera, un nuevo Paulino Uzcudun. Un héroe galvanizador en aquellos tiempos en que los luchadores aún no habían sido enviados en España a la clandestinidad, sino que salían a correr por el Pardo para que los viera desde la ventana Vicente Gil, médico de Franco y presidente de la Federación de Boxeo que españolizó a Legrá. El único boxeador que aún corre por el Pardo es mi amigo Jero, pero porque vivía allí y despertaba a los jabalíes haciendo el uno dos. Urtáin murió sin llegar a saber que la fábrica de eufemismos sociales ha puesto en circulación, para definir lo suyo, el de «pobreza energética».

Hace algunos días, precisamente durante una manifestación contra la «pobreza energética», ocurrió una anécdota significativa de los tiempos en que tanto la política como el periodismo practican el tráfico de sentimientos y el tremendismo. Y, en general, han depositado sus argumentos en la exposición permanente de una leprosería cuyas penalidades determinan la atmósfera adecuada para el advenimiento de los curanderos. La anécdota a la que me refiero tuvo lugar cuando un cierto Mayoral, de Podemos, descubrió que en la cabecera se le había infiltrado Carmona, el socialista que nos iba a devolver las naumaquias a Madrid y quién sabe si las luchas de gladiadores y las entregas de condenados a las fieras en el Santiago Bernabeu: sólo por haber intentado romanizarnos así, lo amaré siempre.

Mayoral montó en cólera cuando vio a los socialistas «con sus banderas encima de nuestras cabezas». «Sólo veo las banderas», decía en la película de John Ford una «army wife» de Fort Apache mientras la caballería se perdía en el horizonte rumbo a una guerra. A Mayoral le ocurrió lo mismo, sólo veía las banderas, y como eran ajenas a las suyas se agarró una zapatiesta que revela que, en lo concerniente a la «pobreza energética», solucionarla o concienciar sobre ella es menos importante que manejarla en monopolio como pretexto para la arenga demagógica. ¡Los pobres son nuestros, fuera de aquí! Menuda pelea se armó, comparable a la de dos vendedores de crecepelos milagrosos que se hubieran descubierto el uno al otro intentando captar la atención de los paseantes en un pueblo del Far West.

Hemos hablado mucho de los antagonismos entre Podemos y PSOE en el ámbito electoral e intramuros del parlamento. De su disputa por un solo hábitat en el que no caben ambos. Esta riña de la manifestación es un ejemplo de que también compiten por los pobres y por los sentimientos, por las lágrimas socialdemócratas. Hasta para el sufrimiento social habrá que hacer concursos y concesiones.