Taxonomía de tontos

SANTIAGO GONZÁLEZ-EL MUNDO

El sábado pasado, Pedro y sus ministras se reunieron en la finca de Quintos de Mora para hablar de sus cosas. La finca está en el municipio de Los Yébenes, provincia de Toledo, localidad que puso en el mapa la concejal Olvido Hormigos, gracias al video masturbatorio autograbado para su joven amante. La finca es también famosa porque hace 25 años fue el lugar en que Bono hizo de muñidor para el encuentro de Felipe González con Baltasar Garzón y Ventura Pérez Mariño. Era mayo del 93 y faltaba poco para las elecciones generales que iban a celebrarse el 6 de junio.

Diferencias: Felipe viajó en coche, solo, y Pedro en helicóptero y acompañado por la parienta, aunque la presencia de Begoña Gómez puede entenderse. Siendo la política migratoria una de las claves de los tiempos venideros había que incorporar a una experta africanista. Para Lola Delgado, colaboradora íntima de Garzón, aunque todavía no en aquellas fechas, Quintos de Mora tenía que tener algo de santuario. Era un buen momento para indultar al juez prevaricador. No fue posible el sábado, habrá más ocasiones. La ministra Delgado fue testigo de aquella cacería que comenzaron Garzón y Fernández Bermejo el 6 de febrero de 2009 y que acabó con una condena a 11 años de inhabilitación por prevaricación. Fue el Supremo, sí, pero la ministra debería considerar que el magistrado Llarena no formaba parte del tribunal y que la inhibición del Gobierno en su defensa es una de las indignidades mayores que ha perpetrado el sanchismo en tres meses.

La víspera, en el Consejo de Ministros de los viernes, se trataron asuntos de mucha enjundia, como demostraba el hecho de que la portavoz Celáa se les quedaba corta y recurrieron a la vicepresidenta Calvo. No es por su sindéresis, incluso podríamos decir que es sintácticamente más incompetente que Celáa, pero tiene más grado. Si José Julio Rodríguez no se hubiera hecho podemita, le habrían encargado a él.

Pedro Sánchez ha convertido la momia de Franco en la cola del perro de Alcibíades, un estadista y general ateniense, sobrino de Pericles; que carecía de escrúpulos y era imprudente, veleta, ambicioso y desleal. ¿Dónde he visto yo antes esas orejotas?, se preguntaba Ava Gardner en Mogambo. El general tenía un perro de hermosa estampa al que un día hizo cortar el rabo, para escándalo de los atenienses. Mientras estos comentaban la crueldad del general no hablaban de su forma de gobierno.

Cada vez que miro una foto de familia de Pedro y sus ministras me viene a la cabeza la taxonomía de tontos que le explicaba Herodes Agripa a su amigo Claudio (Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico) en la gran novela de Robert GravesYo, Claudio. «Hay tontos que se hacen los listos; hay listos que se hacen los tontos. Pero tú eres el primer caso de un tonto que se finge tonto; llegarás a ser un dios». Repartan a nuestros gobernantes entre las tres categorías a su antojo. La tercera, en la que Herodes clasificaba a su amigo Claudio, es para los elegidos: el presidente y la vicepresidenta, que ya tienen categoría de semidioses.

Luego está la incertidumbre que provoca Pedro Duque, al que nadie sabe donde colocar ni cual es su función, razón que seguramente explica que sea el ministro más valorado. Eso nos alcanza a todos. Yo mismo me he hecho uno con el título del poemario de Alberti: «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos». Y todo gracias a Sánchez y los suyos.