Todos los fuegos el fuego

ABC 04/06/16
IGNACIO CAMACHO

· Nadie acusa a Chaves y Griñán de llevarse dinero, sino de permitir o favorecer un sistema de saqueo de fondos públicos

PEDRO Pacheco Herrera, célebre exalcalde andalucista de Jerez, cumple en prisión cuatro años y medio de condena por haber enchufado en el Ayuntamiento a dos militantes de su partido. Posteriormente a esa sentencia le cayeron otros tres añitos de pena por dos asuntos de irregularidades en la gestión y empleo de facturas falsas. Su sucesora, la socialista Pilar Sánchez Muñoz, está igualmente en la cárcel. Su delito probado, una subvención concedida de forma irregular y arbitraria. No existe constancia, ni formal ni informal, de que ninguno de los dos se llevase dinero. Simplemente manejaron el erario público con discrecionalidad caprichosa y contraria a derecho.

La maquinaria propagandística del PSOE se ha activado a todo trapo para minimizar la imputación que pesa contra los expresidentes Chaves y Griñán por haber presuntamente consentido o auspiciado el fraude de los ERE. Sostiene el argumentario oficial que ni uno ni otro se han lucrado jamás de un euro desviado en beneficio propio, que viven como jubilados honorables de sus pensiones de retiro. Todo cierto. Si se cuestionase ese aspecto yo mismo pondría no sólo las manos en el fuego, como Felipe González, sino hasta los pies. Pero es que nadie los ha acusado de eso. Lo que se dilucida en el proceso es su responsabilidad por acción u omisión en la creación de un sistema irregular que permitió el metódico saqueo por terceros de los fondos para regulaciones de empleo.

La corrupción no consiste sólo en robar para beneficio propio. Hay decenas de figuras penales, muchas de ellas legisladas por el PSOE, que tipifican diversos grados de conducta delictiva en el manejo y custodia de los bienes públicos y privados. Lo que la propaganda exculpatoria socialista trata de establecer es una diferencia moral entre la apropiación indebida de los Bárcenas, Granados, etcétera y la prevaricación o malversación de los dirigentes andaluces; entre la corrupción de provecho privado y la de reparto clientelar que proporciona mercedes políticas en forma de voluntades o votos. Y aunque es evidente que existe una jerarquía jurídica de los delitos, con diferentes grados de pena, también está claro que la corrupción es una plaga ética que como tal no admite casuismos ni disquisiciones. Hay muchas maneras de corromperse, entre ellas la de permitir o favorecer que otros se corrompan; pero desde el plano moral sólo hay una corrupción. Todos los fuegos son el mismo fuego.

Y en ese fuego se están abrasando Chaves y Griñán por haber dejado que a su alrededor se encendiese una enorme hoguera de latrocinio en la que se calentaban, además de numerosos mangantes y oportunistas, los intereses de su partido. A la exalcaldesa de Jerez, que duerme en la cárcel de Alcalá por motivos parecidos, nadie de entre los suyos le aplicó, quizá por falta de pedigrí político, ninguna clase de atenuante de relativismo.