Tu vida secreta

ARCADI ESPADA – EL MUNDO – 09/07/17

Arcadi Espada

Arcadi Espada

· Mi liberada: Traigo malas noticias para ti y tu hipocresía legendaria. Para la gastada ecuación, con tantas incógnitas, que relaciona tus vicios privados y tus virtudes públicas. También son malas noticias para el gremio estadístico. La causa principal de que fallen las encuestas es que la gente miente.

Pero desde hace unos veinte años la gente, sobre todo la gente más rica del planeta, responde día a día, en buenas condiciones de intimidad y sinceridad, a una inacabable encuesta sobre sus hábitos de conducta. Una encuesta paradójica en la que la gente pregunta y no responde y en la que, como Sócrates lo dijo, y es cosa verdadera, las preguntas son más importantes que las respuestas. Hablo de las búsquedas en google, naturalmente.

Seth Stephens-Davidowitz, un filósofo que escribe en el Times, ha dedicado los últimos cinco años a indagar sobre las preguntas que la humanidad se hace a través de google. El resultado es un libro Everybody Lies (Todos mienten) y decenas de artículos. Aún no me han traducido el libro, pero hay bastante información sobre las conclusiones a que ha llegado Stephens. Para explicártelas he manejado sus artículos y, sobre todo, dos largas y didácticas entrevistas que un Sean Illing le hizo para una revista Vox. La primera empieza por una contundente conclusión de Stephens: «Google es el suero digital de la verdad». Y luego detalla sus hallazgos sobre algunos rasgos de conducta de los americanos. Uno de ellos es muy raro.

La posibilidad de que en Estados Unidos se esté dando una epidemia de abortos autoinducidos parece real ante la desmesurada cantidad de búsquedas sobre métodos artesanales de interrupción del embarazo en los estados donde hay más dificultades para abortar. Otra gran conclusión es más previsible, aunque dejara anonadado a nuestro autor. El racismo, especialmente contra negros y musulmanes, supera, por así decirlo, todas las estadísticas oficiales. Y es el punto álgido de uno de los graves descubrimientos que la humanidad ha hecho sobre sí misma en las dos décadas de la era digital: la gente es más fea y malvada de lo que piensa la gente. «Esta fealdad oculta», explicaba, «puede predecir muchos comportamientos, particularmente en el ámbito político». Stephens, en cierta forma, los predijo.

Desde el inicio dio a Trump muchas más posibilidades de las que eran convencionales. La base de sus pronósticos estaba en las búsquedas por el lado manchado de la vida y por el gruñido de satisfacción que daba la fealdad al tener por fin una representación política, desacomplejada, retadora, y al más alto nivel.

Por entretenerte y aportar una cierta práctica local a las investigaciones de Sthepens sobre lo manchado, se me ocurrió poner en google la cadena mi marido es y esperar al autocompletado, ese presagio algorítmico que google construye a partir de las búsquedas y de la frecuencia con que en los textos digitalizados aparece proximidad entre los términos. Los cinco primeros resultados, en esta hora mía y de España, fueron:

Mi marido es tonto.

Mi marido es el mejor.

Mi marido es un vago.

Mi marido es muy agresivo verbalmente.

Mi marido es alcohólico.

Como tu maldad no conoce límites, sé que pensarás que, salvo el número dos, son los resultados que da google ¡influido por el historial de búsquedas del ordenador de casal! Pero te desafío a que hagas lo mismo en tu ordenador o en tu teléfono. Y que incluyas también la cadena mi mujer es . ¡Y que elijas la cadena que prefieres!

Mi mujer es frígida.

Mi mujer es una bruja.

Mi mujer es alcohólica.

Mi mujer es muy pesada.

Mi mujer es bipolar.

Estos días leía uno de los ensayos del gran Alfonso Berardinelli. De una gran actualidad: Consejos de Balzac a los homosexuales que quieran casarse a toda costa. Los consejos están en la Fisiología del matrimonio. Donde luce esta pregunta con su respuesta: «¿Por qué resulta tan raro que un matrimonio sea feliz? Porque para que este fenómeno moral tenga lugar hacen falta personas maravillosas y las personas maravillosas rara vez coinciden».

La segunda entrevista era monográfica. Partía de la primera constatación de las investigaciones: nada interesa más a la gente que el sexo. La pregunta sexual más repetida entre las mujeres casadas es si su marido es gay. Añade Stephens: «Y estas preguntas son mucho más numerosas en el profundo Sur, donde mi investigación sugiere que, de hecho, hay más hombres gays casados con mujeres».

El sexo según google confirma también el genio de Josep Pla cuando dijo que, contrariamente a lo que aparentan a los hombres les gustan el vino dulce, la música de Verdi y las mujeres gordas. Pero nuestro autor añade esta indagación aguda: «La pornografía con mujeres con sobrepeso es sorprendentemente común entre los hombres. Pero los datos de las webs de citas nos dice que casi todos los hombres tratan de salir con mujeres delgadas».

Y ahora prepárate a saber qué cosa difícil es una fantasía. La pornografía con escenas de violencia contra las mujeres es muy popular entre las mujeres. Las mujeres ven mucho más ese tipo de porno que los hombres. Sí, libe. Así son las cosas. Pero voy a darte una salida airosa. Replícame de este modo: «Es natural esa diferencia, porque para los jodidos hombres no es ninguna fantasía».

Entre las encuestas convencionales que tratan de averiguar los rasgos de la conducta y el conocimiento que se desprenda de las búsquedas googleanas hay notables diferencias. Una, primaria, fundamental, es que detrás de las estadísticas hay una práctica metodológica de muchos años y de resultados probados. Y detrás de las búsquedas de google hay solo una disciplina incipiente.

Sin embargo, hay otra diferencia crucial: mientras muchas estadísticas, como las del voto, reflejan intenciones, las búsquedas reflejan hechos. Se trata de la legendaria distinción stendhaliana entre declarar y mostrar y, en este sentido, google parece llevar la ventaja. En cualquier caso me pareció sensato el consejo de mi estadístico de cabecera, Manu Mostaza, cuando hablamos del asunto: «Lo importante es que los valiosos resultados de google se interpreten por especialistas de las disciplinas más diversas, incluyendo las éticas. En manos del tipo gurú esos resultados acaban convertidos, frecuentemente, en desinformación y basura».

Todos mienten desencadenará severas meditaciones. Creo que hay una feliz. En realidad todas esas preguntas directas o indirectas que hace un hombre en la soledad azul de su pantalla no se dirigen a google sino al resto de la Humanidad. Lo único que google hace es devolver a los hombres un mensaje optimista y trascendental: nadie está solo. El mensaje coincide, por cierto, con la función más noble de la literatura, que es la de dar cuenta de cómo gozan y sufren los hombres y así trazar entre ellos un vínculo de especie que se sobreponga a toda la palabrería de la diferencia. Piénsalo bien K: tus secretos son los míos.

Pero seguirás ciega tu camino.

ARCADI ESPADA – EL MUNDO – 09/07/17