Un Gobierno Frónkonstin

EL MUNDO 19/06/17
SANTIAGO GONZÁLEZ

NO TENGO para olvidar la actuación de Patxi López en el debate de las primarias: «Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?». Fue evidente que no, y es de aplaudir que ahora haya incorporado a alguien que se lo pueda explicar. A Patxi le bastará cambiar los signos de interrogación por otros de admiración: «Pedro, ¡tú sabes lo que es una nación!»

Sánchez ha hecho una Ejecutiva numerosa como un comité central del PCUS, pero hueca como su discurso de ayer a mediodía, una réplica al de Iglesias en el Congreso. Su discurso era la intervención que no pudo hacer en la moción de censura. Sacó adelante la plurinacionalidad. Si ya se liaba con una nación imaginen el cacao que debe de tener con 17. Si esa extravagancia fuera capaz de calmar los pruritos del secesionismo catalán, será incompatible con la soberanía nacional (art.1.2 de la C.E.), y si defiende el concepto de soberanía no satisfará a los separatistas.

Amontonó citas y referencias: Willy Brandt y Txiki Benegas, Pedro Zerolo, Peces-Barba y Carme Chacón, Bob Dylan y la Revolución francesa en una intervención bastante inane. Felipe había saludado ¡por plasma! desde la lejana Colombia y todos los secretarios generales pasaron del mitin de clausura del 39º Congreso: Felipe, Almunia, Zapatero y Rubalcaba.

Hablaba para un partido a la altura intelectual y política de su líder. Iratxe García, responsable de Política Internacional, había escrito de Helmut Kohl: «Gran socialdemócrata, gran europeísta… una importante pérdida». Error disculpable, si bien se mira. Margaret Thatcher, qué gran líder laborista.

Meritxell Batet explicaba su concepto de nación en gran entrevista de Leyre Iglesias: «Bueno, el mío es dependiendo del contexto en el que hablemos». Todo estaba ya en Zapatero: «La nación es un concepto discutido y discutible». A ver, siempre me ha parecido un buen personaje San Manuel Bueno, mártir. No le afearé yo su agnosticismo, o el relativismo a Zapatero, pero hay dudas que no se pueden sostener en el púlpito si eres el párroco, ni en la política si eres el presidente del Gobierno, ni en el chiste de Eugenio si eres el director del colegio. Meritxell, mi Meritxell, llevó la grosskoalition a su dormitorio: 11 años con un marido del PP. Esto no sé si se puede decir, pero no será tan grave como escribir «la novia de Pablo», que como todo el mundo sabe fue elegida portavoz por los círculos de Podemos. Me acojo en todo caso a la excepción que nuestra pequeña Krupskaia estableció al citar dos veces a López del Hierro como «el marido de la ministra de Defensa».

Adriana Lastra, la número dos, ayuna de estudios y de cotizaciones a la Seguridad Social fuera del partido. Luego está lo del número tres, que el sábado explicaba en estas páginas que «la política consiste en hacer posible lo imposible». La cuadratura del círculo. Y cuando le preguntaba Luis Ángel Sanz por la posibilidad de que el PSOE promueva lo que se temía Cs, un Gobierno Frankenstein, respondió: «Frankenstein está muy asociado al horror. Para horror el que él (Rivera) mantiene con el Gobierno de Rajoy. No estamos por un Gobierno Frankenstein ni por uno de otro tipo, del conde Drácula, vaya». No es por el horror, sino por el patchwork, mi admirado Ábalos, y el invento no es de Rivera, sino de Rubalcaba. Pero a lo que cabe esperar de Pedro y la cuadrilla le vendría mejor el nombre de Un Gobierno Frónkonstin. A la hora de robar el cerebro para ponerle al monstruo, a Aigor se le cayó el del sabio y se apañó con uno etiquetado A Normal. Esa es la cosa.