Un pacto vasco por España

EL MUNDO 12/08/16
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO, ARCADI ESPADA,  FERNANDO SAVATER
La división del constitucionalismo ha sido la principal baza del nacionalismo en su desafío a la democracia española. Si un proyecto desleal, segregacionista y minoritario ha podido desembocar en un órdago frontal al Estado de Derecho, como ocurrió el pasado 27 de julio en el Parlamento catalán, es porque durante 40 años las fuerzas políticas comprometidas con los valores democráticos y constitucionalistas no han sabido, o no han querido, presentar un frente común para la deslegitimación y desactivación del nacionalismo. De la misma manera, el hecho de que un individuo que ha sido condenado por terrorismo y que sigue sin repudiar los asesinatos de ETA aspire hoy a gobernar el País Vasco se debe, en buena medida, a las graves fisuras morales y políticas del constitucionalismo español.

Sirva esta reflexión de preámbulo a la solicitud que los firmantes de este artículo queremos hacer llegar a dos de los partidos que concurren a las elecciones vascas y en cuyo ideario y programa figura claramente el compromiso con la Constitución y sus principios. Ciudadanos y UPyD tienen 24 horas para dar una notable lección ética y política. Una lección, además, con benéficos efectos prácticos. Mañana se cumple el plazo para registrar coaliciones ante la cita electoral del próximo 25 de septiembre. Separados, UPyD y Ciudadanos sacarían apenas un escaño. Juntos, podrían sacar dos o incluso tres. ¿Cómo es posible que no concurran unidos? ¿Qué puede justificar que tantos demócratas vascos –aquellos que con buen criterio abominan de todo lo que Bildu es y significa, que saben que Podemos sólo busca una nueva legitimidad para una ruptura idéntica de la ciudadanía y que desconfían de las hipócritas llamadas al voto útil del PNV– tengan que escoger entre dos partidos que nunca debieron ser distintos?

Nada lo justifica. Ni la historia de desavenencias entre ambos partidos, en sí misma absurda. Ni los insultos que dirigentes de un partido hayan podido dirigir a los del otro en redes sociales. Ni el hecho de que UPyD se haya presentado a las últimas elecciones generales compitiendo con Ciudadanos por el mismo segmento electoral. En su día y con razón, Ciudadanos tachó de pueril y fundamentalmente estéril el clamor con que PP y PSOE acogieron su irrupción primero en Cataluña y luego en el resto de España: «¡Nos roban nuestros votos!» Los votos no son patrimonio de nadie. Son, y temporalmente, del partido que los gana.

Es un momento decisivo de nuestra historia democrática. Desde las más diversas instancias sociales y políticas, incluido desde los propios partidos aludidos, se reclama generosidad personal, compromiso constitucional y visión de Estado para hacer frente a los graves retos de la coyuntura, empezando por el desafío del populismo segregacionista a la convivencia de los españoles en libertad, igualdad y fraternidad. El propio Albert Rivera ha viralizado el sintagma #PactoPorEspaña para referirse a la imprescindible reagrupación de los partidos constitucionalistas. La reagrupación del constitucionalismo no es una opción; es una necesidad, una obligación y una oportunidad. Que empiece allí donde el constitucionalismo ha derramado más sangre y sufrimiento sería un emocionante homenaje de la política a la razón.