JAIME IGNACIO DEL BURGO-El Mundo

Para frenar las pretensiones de PNV y Bildu, el autor propone una colaboración entre el PSN y Navarra Suma, aunque para ello el PP deba pactar su abstención en la investidura de Pedro Sánchez.

ESTO SE DIJO en Madrid, en presencia de Pedro Sánchez, el 20 de marzo de 2018. «Lo identitario prevalece en el día a día de la acción del Gobierno navarro [de Uxúe Barcos], que está hipotecado por Bildu». «Navarra tiene una identidad propia y si no se entiende y se acaba asimilándola a la Comunidad Autónoma Vasca, España tendrá un problema añadido al catalán». El pasado 16 de mayo, el todavía presidente en funciones del Gobierno español dijo en Pamplona: «Los socialistas somos el único partido que defiende la identidad y la foralidad de Navarra». Y sentenció: «O gobierna el PSN o el nacionalismo –cuyo único proyecto es una construcción nacional que nada tiene que ver con el sentir mayoritario de los navarros y de las navarras– paralizará Navarra».

El resultado del 26 de mayo supuso una clamorosa derrota electoral de ese proyecto contrario al sentir mayoritario del pueblo navarro, protagonizado en los últimos cuatro años por Geroa Bai (PNV), Bildu, Podemos e Izquierda Unida. Se bastó Navarra Suma (UPN, PP, Ciudadanos) para vencer al cuatripartito por 20 escaños frente a 19. Los 11 del PSN proporcionaban al fuerismo y constitucionalismo navarro una aplastante mayoría: 31 frente a 19.

Al día siguiente, en el Palacio de Navarra, había semblantes serios y rostros llorosos. ¿Cómo iban a imaginar los dolientes del mundo abertzale que no tendrían que hacer las maletas gracias a la ambición de poder desatada en las filas del socialismo navarro? ¿Quién podía imaginar que los actuales dirigentes socialistas estaban dispuestos a archivar sus convicciones constitucionalistas, esconder la E de Español de sus siglas y olvidar sus cuarenta últimos años de firmeza frente a los liberticidas para acudir en auxilio del nacionalismo excluyente y antiespañol? Pues eso es lo que hicieron el 19 de junio al unir sus votos a los de Geroa Bai y Bildu para elegir presidente del Parlamento foral al líder del PNV Unai Hualde, ex alcalde de Alsasua. No vaciló el PSN en juntar el voto con quienes tantas veces han mancillado las calles de Pamplona al grito de Gora ETA.

Con frecuencia se vincula lo que acaba de ocurrir en Navarra y lo que está por venir con una supuesta obsesión del nacionalismo vaco para activar la disposición transitoria cuarta que prevé la posibilidad de que si así lo decide el pueblo navarro Navarra se incorpore a Euskadi. Se piensa por muchos que la traición del PSOE a sus propias convicciones facilita dicha activación, a la que se reprocha haber sido una imposición del nacionalismo vasco al presidente Adolfo Suárez, no se sabe muy bien a cambio de qué. Antes de desmentir esta falsedad daré unas pinceladas del cómo y del porqué de la controvertida transitoria. La pretensión de anexionar Navarra a Euskadi está en los genes del nacionalismo vasco desde finales del siglo XIX. Consideran que si no formamos una sola entidad política a pesar de ser el núcleo fundacional del pueblo vasco es por la opresión del Estado español que en el siglo XVI nos convirtió en súbditos de la Monarquía por la fuerza de las armas. Este discurso está lleno de falacias. En 1515 Navarra se incorporó a la Corona de Castilla manteniendo su condición de «reino de por sí», en virtud de una unión que fue reconocida como «aeqüeprincipal» (de igual a igual), manteniendo su naturaleza antigua así en leyes como en territorio y gobierno. El reino de Navarra desapareció en 1841. Los liberales navarros, después del Convenio de Vergara que puso fin en 1839 a la primera guerra carlista, prefirieron la libertad política garantizada por la Constitución de 1812 a las instituciones del Antiguo Régimen. Suprimieron el virreinato y todo el entramado institucional del Reino, a cambio –eso sí– de reservarse el Gobierno y la Administración de Navarra.

La Ley Paccionada de 16 de agosto de 1841 incorporó al ordenamiento jurídico el pacto alcanzado entre la Diputación y el Gobierno. Así surgió el vigente régimen foral que singulariza a Navarra como Comunidad Foral en el actual Estado de las autonomías en virtud de un nuevo pacto con el Estado promulgado por la Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982. Todo ello con el respaldo de la disposición adicional primera de la Constitución que ampara y respeta los derechos históricos o el régimen foral de los territorios forales.

Lo último que acabo de relatar no fue cosa fácil. Tuve el honor de ser uno de los seis diputados y senadores de la UCD de Navarra en las Cortes constituyentes en 1977, donde tuvimos que hacer frente a la alianza entre el PNV, el Partido Socialista de Euskadi, del que formaba parte la Agrupación Navarra, y los grupos del abertzalismo proetarra que sostenían que el antiguo Reino formaba parte de Euskadi como un territorio vasco más. A pesar de que durante la II República carlistas y socialistas habían unido sus votos para rechazar la incorporación de Navarra a la Región vasca de Euskadi en una Asamblea de Ayuntamientos navarros celebrada en 1932. Además, ETA decidió entrar de hoz y coz en el conflicto tras declararnos enemigos del pueblo vasco, con todo lo que ello significaba. Pero resistimos contra viento y marea y ganamos la batalla. Fuimos los centristas navarros los que además de reafirmar el derecho de Navarra a conservar su identidad y su personalidad en el seno de España, así como a mantener y «amejorar» su régimen foral, conseguimos que la Constitución amparase nuestro derecho a no ser Euskadi mientras el pueblo navarro no lo decidiera en referéndum.

Sólo diré que en esa dura batalla tuvimos un aliado excepcional, el presidente Adolfo Suárez. Nuestra firme actitud movió al PSOE a sumarse a nuestra posición. Y así nació la transitoria cuarta. El 30 de diciembre de 1977 el Consejo Parlamentario de Navarra, donde estaban también dos diputados socialistas de Navarra y un senador del PNV, elegido en una lista conjunta para el Senado con el Partido Socialista, acordó por unanimidad que la anexión a Euskadi habría de aprobarla el pueblo navarro en referéndum. Se pactó además que el mismo procedimiento establecido para la incorporación al Consejo General Vasco, órgano preautonómico, se incluiría en la Constitución.

Algunos nos acusaron de haber traicionado a Navarra, olvidando que en la democracia española sólo es intangible la unidad de la nación cuya soberanía pertenece al pueblo español. Otros nos acusaron de haber puesto una carrera antidemocrática de obstáculos para impedir la integración en Euskadi. Nos vimos premiados por el pueblo navarro cuando en Navarra la Constitución obtuvo mayoría absoluta de votos afirmativos en el referéndum de 1978, o cuando volvimos a renovar su confianza en las elecciones generales de 1979, o nos permitió que accediéramos a la presidencia de la Diputación Foral y ser el grupo más votado en el Parlamento Foral, la primera asamblea democrática elegida en la España constitucional. Gracias a ello pudimos rechazar la primera y única propuesta de activación de la transitoria cuarta y algo mucho más trascendental: con el apoyo del PSOE, que acabó desenganchándose del Partido Socialista de Euskadi, pudimos formalizar con el Estado el nuevo pacto para el Amejoramiento del Fuero de 1982.

CUARENTA AÑOS después, Navarra sigue siendo Navarra. Frente a lo que pretenden sus detractores, la transitoria cuarta es una garantía para nuestra libertad. Un auténtico blindaje. Así funciona. Si por mayoría absoluta, el Parlamento Foral decide poner en marcha la iniciativa para la integración en Euskadi, su decisión ha de someterse a referéndum del pueblo navarro. Si sale que sí, las Cortes Generales en sesión conjunta Congreso y Senado deben acordar por mayoría absoluta qué requisitos han de seguirse para la reforma del Estatuto vasco a fin de acoger la integración de Navarra, entre los que necesariamente ha de incluirse el acuerdo por mayoría absoluta del Parlamento de Navarra, de las Cortes Generales y la aprobación del pueblo navarro en un nuevo referéndum.

En la actualidad, más del 70% de la ciudadanía navarra rechaza la integración según las encuestas. Conscientes de ello, el nacionalismo vasco ha ideado una estrategia para eludir la transitoria cuarta. Ya no se habla de la integración en Euskadi sino de la soberanía de Euskal Herria, una nación imaginaria sojuzgada aplastada por los Estados español y francés, de la que Navarra forma parte inseparable. El cuatripartito ha actuado en los últimos cuatro años como si ya fuéramos miembros de la nación vasca. Han impuesto el euskera como si fuera oficial en toda Navarra, han manipulado nuestra historia, han ignorado buena parte de la cultura navarra, han gobernado de espaldas al interés de la mayoría e incluso han eliminado la presencia de la Corona en actos tradicionales como el funeral en Leyre por los Reyes de Navarra y la entrega del premio Príncipe de Viana. Los nacionalistas de todo signo propugnan ahora una relación confederal con Navarra y ya han comenzado a poner en común todas las políticas de la competencia autonómica o foral. Quieren crear la «Eurorregión de Euskal Herria».

La confluencia entre Navarra Suma y el PSN, compartiendo las tareas de Gobierno, es una gran oportunidad para cambiar el curso de los acontecimientos. Vital para la libertad y el progreso de Navarra. Vital para la unidad de España. Si la solución está en la abstención pactada del PP para la investidura con Sánchez estoy seguro de que se impondrá el sentido de Estado.

Jaime Ignacio del Burgo es miembro de la Real Academia de la Historia y fue presidente del Gobierno de Navarra.