ABC-IGNACIO CAMACHO

Sánchez ha adoptado la táctica de Rajoy: quedarse quieto y dejar que los demás se desgasten en aspavientos y debates

PASEN y vean, damas y caballeros, como cada cuatro años, el bonito espectáculo de los pactos. Sus votos convertidos en moneda de cambio para cambalaches de despacho. Esta vez, y por caprichos del calendario, el programa de la función es más amplio y son todas las instituciones, desde el Consejo de Ministros a las alcaldías, las que salen de golpe al mercado. La puja está abierta y el primer lote, el municipal, se subasta el sábado. Para los demás hay plazos más dilatados que quizá en la investidura de Sánchez se prolonguen hasta más allá del verano. Pero no se dejen distraer por faroles de tahúr ni por el ruido mediático: el desenlace tendrá pocos sobresaltos y cada oveja acabará con su pareja lógica del rebaño. Como máximo, se puede producir algún desmarque más bien cosmético de Ciudadanos, alguna coalición extravagante en localidades de pequeño tamaño y algún desplante de Vox en rechazo de su papel secundario. Todo este juego de intimidaciones, amagos y ultimátums es sólo parte del ritual del teatro: habrá pocas sorpresas en el reparto porque ningún actor correrá en última instancia el riesgo de ser despedido a gorrazos.

La cuestión principal, la del Gobierno, ofrece pocas interrogantes. No hay otro presidente posible que Pedro Sánchez y esa certeza le permite esperar sin alterarse. Ha adoptado la táctica de Rajoy, que consiste en quedarse quieto como una esfinge y dejar que los demás se desgasten en aspavientos, acusaciones mutuas, maniobras y debates. Si le tumban el primer intento, porque Pablo Iglesias quiera hacerse el interesante, hará correr el reloj y cada día que pase aumentará la presión sobre sus rivales. Está cómodo en el poder, y en caso de que no se mueva nadie repetirá las elecciones para que Podemos y Cs afronten en ellas sus responsabilidades. De aquí a final de junio andará entretenido en dos cumbres internacionales. Excluidos los separatistas por mutuo descarte, su opción preferente sigue siendo el acuerdo de izquierdas, que además es la fórmula más probable; pero lo quiere gratis, o casi, después de que Iglesias se haya descalabrado en las municipales. Y si le tiene que dar un ministerio, lo forzará a humillarse un poco más antes. El PNV, gane quien gane, permanece como un elemento natural del paisaje.

Así que paciencia. Madrid acabará cayendo del lado de la derecha con la única duda de si la capital tendrá alcalde o alcaldesa. Aragón será para el PSOE, en Castilla y León y en Murcia queda un cierto margen para que bascule Rivera y en Barcelona sólo se puede elegir entre independentistas de media jornada o de jornada completa. Estas negociaciones son como las «ventanas de mercado» del fútbol y se resuelven siempre de la misma manera: aguantando hasta que el último día al más apurado le tiemblen las piernas. Hay otro sistema más racional y democrático pero por ahora no cuenta: se llama segunda vuelta.