VIRUS

DAVID GISTAU-ABC   

Cunde la impresión de que la ausencia de muertos es para el independentismo una estafa que dificulta su maniqueísmo

EN lo que concierne a su rendimiento como dictadura franquista, la España contemporánea es muy decepcionante. En un Mundial de dictaduras históricas, ésta tendría muy comprometido su paso a la siguiente fase. Basta observar su posición en la tabla goleadora de muertos, donde antaño tuvimos modestas pero legítimas aspiraciones al «pichichi» que al final se disputaron el Gulag y la Solución Final. 

El independentismo, que ha exprimido todo el provecho posible a sus encarcelados, pues hasta de procesión los sacó en ausencia la tarde aquella en que la Diagonal se convirtió en un tapiz de cera resbaladizo para los motoristas, todavía manifiesta una profunda decepción por no tener un solo muerto que exhibir en las cancillerías europeas. Un muertito chiquitín, uno solo con el que acreditar la vigencia fascista del Estado cuya coartada democrática tantos rapsodas sajones anhelan refutar. No descarto que detrás de esta añoranza de una narrativa violenta esté también la mortificación independentista por haberse rendido a un 155 suave y tecnocrático sin aportar ni una sola hazaña de la voluntad combativa de las muchas que prometieron. Pero cunde la impresión de que la ausencia de muertos es para el independentismo una estafa que dificulta la consagración de su maniqueísmo: El Bien vs. Franco. A esta dictadura española no se la toman en serio ni en la UE, donde tratan a España como a una nación igual. Así no se puede. 

¿De qué forma trató el independentismo de suplir la escasa disponibilidad de cadáveres heroicos? Marta Rovira dio rienda suelta a sus más profundas fantasías montoneras con un relato de amenazas represivas que llenaría las calles de muertos y los sótanos de aparatos de tortura. Le faltó imaginar vuelos de la muerte sobre el Mediterráneo pero, en general, detalló un horror teórico con el que debían apañarse los mitos indepes ya que nunca fue avistado el anhelado y genuino tanque franquista entrando por Diagonal. Más allá de que intentara también justificar la cobardía de los que empaquetaron sus utensilios en el despacho al día siguiente del 155. 

La siguiente maniobra ha sido la de Trías en el Ayuntamiento de Barcelona, donde ha promovido una moción para adjudicar al Estado español las víctimas del atentado de las Ramblas. Esta apropiación indebida del horror, por la cual el yihadismo terminará exigiendo en España derechos de autor, ya se dio en el 11-M, y me temo que seguirá ocurriendo en un país donde hasta los atentados sirven para encauzar los odios internos. Que Trías y el PdeCat intenten sacar tajada y meter el atentado de la furgoneta en la campaña electoral no es, por tanto, una novedad. Pero la falta de escrúpulos, la ignominia de este caso particular sí revela cuán desesperado está el independentismo por hacerse con unos cuantos muertos, los que sean, da igual de dónde salgan, para atribuirlos a la España contra la cual luchan heroicamente. Ahora que viene la gripe, invéntense ustedes un virus del CNI.