Rubán Amón-El Confidencial

La izquierda mediática homologa la ética periodística y distribuye los carnés desde el Ministerio de la Verdad. Identifican a quienes corrompen la deontología

Qué sería de la profesión, nuestra profesión plumilla o plumífera, si no la custodiaran con tanta honestidad, escrúpulo e independencia los periodistas que homologan a los demás, reparten los carnés y desempeñan su trabajo abnegadamente en los despachos del Ministerio de la Verdad.

Me han abierto un expediente —valga el sarcasmo— por haber exteriorizado en este periódico mi decisión de votar a Ciudadanos. Las razones puedo resumirlas brevemente: acudo a las urnas resignado, no elijo lo que me gusta, “deselijo” entre lo que hay, me inquieta mucho la negligencia política de Rivera, me escandaliza la adhesión de Cs a la moción de Vox que promueve la ilegalización de los partidos separatistas, pero Ciudadanos es el hábitat político que mejor me representa. Y me preocupa su desaparición.

Me han abierto un expediente —valga el sarcasmo— por haber exteriorizado en este periódico mi decisión de votar a Ciudadanos

La exquisitez ética de los colegas ejemplares y el prurito de los inquisidores han venido a denunciar que un servidor haya enseñado la papeleta naranja. Presuponen que contradigo el compromiso de la neutralidad. Puede uno votar lo que quiera y escribir con arreglo al secreto, pero no decirlo. Este principio de asepsia informativa me lo han restregado muchos “compañeros” que inducen y trasladan descaradamente su opción política. No necesariamente aludiendo a las siglas ni recomendándolas, pero desde luego exudando los programas, los recetarios y las consignas. Debe añadirse que la izquierda mediática se desempeña en el bien y en la pureza porque la izquierda es el bien y la pureza, de tal modo que los periodistas inequívocamente afines al PSOE o a Podemos se conceden el privilegio de la visión cenital. E identifican desde la torre de control a quienes corrompen la deontología.

Mi voto a Ciudadanos no me impide criticarlo ni cuestionarlo. Aporto esta recentísima prueba y añado todas las objeciones que incluía en mi artículo “prescriptor” del miércoles. He votado a Cs como he votado al PSOE y hasta el CDS (Punset en las europeas). Y el hecho de hacerlo en absoluto conlleva sentir los colores ni sustraerse al compromiso crítico. Ocultar el voto no garantiza la independencia (ni la desmiente). Confesarlo provocadoramente tampoco la contradice.

Este principio de asepsia informativa me lo han restregado muchos “compañeros” que inducen y trasladan descaradamente su opción política

Cuántos periodistas “independientes” nos recomiendan estos días de ubicuidad sanchista —nunca se vio a un presidente tan involucrado en la ocupación de los medios— ir a las urnas porque la abstención beneficia a la derecha. Cuántos acaso te conceden la posibilidad de elegir entre Sánchez o Iglesias. Y cuántos periodistas de partido —a la izquierda y a la derecha— no necesitan llegar a la confesión porque su opción política es una evidencia orgánica y sentimental.

Cuántos periodistas ‘independientes’ nos recomiendan estos días ir a las urnas porque la abstención beneficia a la derecha

No soy “de” Ciudadanos. Lo votaré este domingo como dejaré de hacerlo en cualquier otra circunstancia. Prefiero las opciones centristas, menos ideológicas, más europeístas, generosas con las libertades individuales, inequívocas con el laicismo, refractarias al Estado interventor. Y por la misma razón me preocupa que pueda extinguirse la opción moderada que representa el partido naranja, más allá de la torpeza con que Rivera ha malogrado el caudal político. Igual que Vox me parece un partido peligrosísimo en términos de convivencia y de aseo democrático, Ciudadanos me parece un partido necesario. Decirlo no implica hacerse un tatuaje con el perrito Lucas. Ni obliga a otra cosa que a extremar la vigilancia.

La indignación de algunos colegas respecto a la proclamación de mi voto los convierte curiosamente en paradigma de la neutralidad y el escrúpulo. Y es entonces cuando se precipita en mi memoria ‘tricolore’ la escena del párroco de San Firmino en ‘Divorcio a la italiana’.

Igual que Vox me parece un partido peligrosísimo en términos de convivencia y de aseo democrático, Ciudadanos me parece un partido necesario

Es un domingo electoral. Acuden los feligreses al templo. Siendo bien conocidas las afinidades de la Iglesia a la Democracia Cristiana, el sacerdote aprovecha la homilía para recomendar un voto sin decirlo explícitamente: “Votad lo que queráis, siempre y cuando sea un partido democrático y cristiano”. Es lo mismo que proclaman los grandes y pequeños profetas de la izquierda mediática. Votemos lo que queramos, siempre y cuando sea un partido socialista, mejor obrero y acaso español. Y si tenemos dudas, tanto vale Iglesias como Errejón. Lo importante es acampar en el eje del bien y salvaguardar la ortodoxia del Ministerio de la Verdad.