Y ahora… una temporadita en el infierno

RAMÓN PÉREZ-MAURA – ABC – 29/10/16

Ramon-Perez-Maura
Ramón Pérez-Maura

· Podemos no viene a jugar por las reglas. Viene a romper el sistema. No viene a hacer oposición desde la tribuna, sino desde la calle.

Cuando esta tarde sea investido presidente del Gobierno Mariano Rajoy, habremos superado una etapa especialmente penosa de nuestra democracia. Pero a partir de ahí podemos entrar en otra todavía peor. O no, como díría Rajoy.

Mariano Rajoy va a encabezar el Gobierno más débil que hemos conocido desde 1977. Sólo 137 diputados. Personas autorizadas, como el portavoz de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, hablan de que si todas las partes se esfuerzan, se puede conseguir una legislatura de cuatro años. Y desde luego Rajoy puede tener artes para ello. Pero la sesión de investidura del pasado jueves puso sobre la mesa las amenazas que penden sobre nuestro orden constitucional. El PSOE está en una situación muy difícil. Hasta ahora los partidos que adoptaban políticas de Estado a costa de sus propios intereses eran recompensados por el electorado, que entendía ese tipo de sacrificios. Pero en esta ocasión la presencia de una fuerza política ajena al consenso constitucional puede provocar que el PSOE se encuentre con que el gesto patriótico de abstenerse no le dé ningún rédito.

Como bien anticipó Javier Fernández, Podemos va a estar en la calle, y el PSOE en las instituciones, haciendo oposición al PP y compitiendo con Podemos por un espacio político similar. Lo que puede hacer de su discurso cotidiano un argumentario intransigente contra el débil Gobierno popular, que puede vivir lo que los aficionados del Atlético de Madrid llamaban, cuando bajaron a Segunda división, «una temporadita en el infierno».

Pablo Iglesias ya ha dejado claro que su discurso es corrosivo. Que él viene a destruir. Empezó su intervención evocando los miembros de las Brigadas Internacionales, cuando lo que de verdad se conmemora esta semana es la revolución de Hungría de 1956. Pero para Iglesias esos son muertos de segunda categoría. Y después de llamar delincuentes potenciales a los diputados –supongo que se incluía a sí mismo entre los posibles malhechores– demostró tener una piel muy fina cuando la presidenta de la Cámara le negó el uso de la palabra por alusiones. A lo largo de casi cuarenta años de Cortes democráticas, los presidentes del Congreso y el Senado han negado la petición de palabra por alusiones en centenares de ocasiones. Y eso no ha provocado el abandono de la Cámara de un grupo parlamentario en pleno.

Pero es que Podemos no viene a jugar por las reglas. Viene a romper el sistema. No viene a hacer oposición desde la tribuna, sino desde la calle. Y cuando no da tiempo a irse hasta la calle para no perderse la votación, a hacer oposición con declaraciones a los medios afines desde el Salón de los Pasos Perdidos, donde no hay réplica de ningún contradictor.

Porque el momento más brillante del debate fue sin duda el cruce de pullas entre Rajoy e Iglesias, al que el candidato masacró. Y eso hace que el debate parlamentario empiece a ser una forma de discusión incómoda para Pablo Iglesias. A pesar del favoritismo del que disfruta Podemos en la Cámara. Porque la realidad es que el reparto de su tiempo entre cuatro portavoces acaba generando una intervención más larga que la de cualquier otro grupo. Y tampoco parece probable que ellos vayan a reconocer esa gracia que se les otorga. Porque su discurso es el de estar en posesión de la Verdad. Y quien cree eso también se cree con derecho a arrasar con todo.

RAMÓN PÉREZ-MAURA – ABC – 29/10/16