Jorge Vilches-The Objective
  • «Sin una conciliación entre los líderes, Feijóo y quien esté en el PSOE, será difícil emprender una transición que nos devuelva a la democracia liberal»

La propuesta del PP con 60 medidas para regenerar la vida política está bien, pero es inviable. La democracia herida por Sánchez necesita con urgencia descolonizar el Estado para respirar y no caer en la negra lista de los países autoritarios. Por supuesto. Sin embargo, será cazar unicornios si esa depuración no se hace con un consenso político tan amplio que incluso abarque a este PSOE caído en desgracia.

El Gobierno de Sánchez debería servir para aprender que cuando un partido asalta el Estado la democracia pierde calidad. Las instituciones estatales son algo neutral, como una maquinaria neutral que responde a las políticas circunstanciales de un Gobierno. Ya no lo es en España. El Estado debe volver a ser «el más frío de todos los monstruos fríos», que escribió Nietzsche, compuesto por funcionarios de carrera, independientes del político de turno.

El socialismo tiene la fea costumbre de invadir el Estado, de confundirlo con su partido y su Gobierno. Piensan que la clave de su éxito está en poner el Estado al servicio de su programa, no de la democracia o de los ciudadanos. Porque la izquierda equivoca una convocatoria electoral a Cortes ordinarias con un plebiscito para obtener el poder absoluto.

El PP debe entender, por tanto, que si no limpia el Estado de las partículas sanchistas que obstruyen los engranajes va a ser un motor que no va a funcionar para la democracia, sino para el PSOE. Esto no significa solo despedir a los socialistas colocados por su líder en la administración, sino endurecer legalmente el acceso a los más altos puestos y asegurar su independencia.

Estaría bien, dentro de la cacería de unicornios propia de una campaña electoral, que devolver al Estado a su posición neutral se hiciera con el máximo consenso político. Esto va a ser prácticamente imposible porque el PSOE se ha echado al monte abrazado a ERC, Bildu y Podemos hasta el final, asumiendo sus formas y contenidos. Y no hay otro partido socialista en ciernes.

«La descolonización del Estado puede quedar a medio camino entre el deseo de un gobierno en minoría y una oposición antisistema»

No es conveniente que sea solo un partido, con una mayoría exigua en unas próximas Cortes, el que casi en solitario emprenda la tarea de neutralizar el Estado. Enfrente se encontrará con la fiera herida, con un PSOE que afila cuchillos constantemente, dispuesto a lo que sea, como se ha visto, incluso al bloqueo institucional junto a sus aliados de la coalición Frankenstein.

La descolonización del Estado puede quedar así a medio camino entre el deseo de un gobierno en minoría, y una oposición casi antisistema. Sin una conciliación entre los líderes, Feijóo y quien esté en el PSOE, será difícil emprender una transición que nos devuelva a la democracia liberal y aleje el fantasma autoritario.

Ni siquiera sería recomendable que esa tarea fuera un acuerdo del posible Gobierno entre el PP y Vox. Nos encontraríamos en la misma casilla de salida. La izquierda y los nacionalistas lo tomarían como una cuestión de partido, de la «derecha y la extrema derecha».

Nos encontramos, por tanto, que solo una resurrección del mejor espíritu del bipartidismo, el de la Transición, y la responsabilidad de los grandes partidos, puede limpiar la democracia que ensució el sanchismo. Haría falta otro PSOE o que Su Sanchidad volviera a nacer. Ambas cosas son improbables.

Descolonizar el Estado debe ser la primera tarea del Gobierno de Feijóo si llega al poder. Es preciso resucitar al «monstruo frío», resignificarlo como servidor de la democracia, la Constitución y la ley, y no de un proyecto personal. Necesitamos volver a confiar en los mecanismos públicos. Sin embargo, y he aquí la paradoja y el problema, no será completo y eficaz sin el PSOE. Mientras tanto, será una cacería de unicornios.