High Noon

 

Desde Asturias escribe Belcha: Acabo de volver a ver «Solo ante el peligro»; me había dicho Alex que la volviera a ver y comprobaría lo distinta que me iba a parecer de la primera vez, hace ya un montón de años en mi caso. Ahora se me ocurre que el título original «High Noon» («apogeo») es más expresivo que el de la traducción española, más íntimo y apropiado para tanta soledad.

Belcha, 22/2/2004

De la primera vez recordaba dos cosas: no comprendía que la chica (Grace Kelly) se fuera, (luego no se fue) y lo segundo, cuando «él» tiraba su placa de sheriff al suelo, una vez cumplido su deber. Poco más, la película no forma parte de mi mitología particular, quizás porque la ví demasiado joven.

Era inevitable, aunque no estuviera avisada, relacionarla con la situación de algunas personas en el País Vasco, y llegar a la extraña conclusión, y en contra de todo lo pensado hasta ahora, que mucho más terrible que quedarse es irse, para eso encuentro un consuelo difícil. Yo vivo en el mismo sitio en que nací, pero creo que en mi caso es más apego familiar que otra cosa; quiero decir que ese amor al «pueblo» que Brenan intenta describir a sus amigos ingleses como un sentimiento increíblemente fuerte en los españoles (Yegen de arriba y Yegen de abajo: dos pueblos donde una simple cuesta te marca para siempre) yo no lo tengo en absoluto: podría vivir perfectamente en muchos sitios que conozco, con un par de condiciones, una de ellas que no haga mucho calor. Quiero decir que me cuesta meterme en la piel de las personas apegadas, bien o mal, a su tierra.

Me gusta de la película que Gary Cooper se quede en un sitio del que unos momentos antes se estaba yendo tan tranquilamente, y a poner una tienda, trabajo mucho menos vistoso que el ser sheriff, desde luego, Me gusta especialmente eso, que se quedara para defender la libertad -y la ley, no lo olvidemos nunca- de un pueblo que ya no es el suyo.

Pensaba al acabar la película, cómo sobrevivirán todos los (y las!) Gary Cooper del País Vasco cuando haya libertad. En ese momento para mí lo terrible será quedarse. ¿cómo no tirar la placa! Soy de las que creen que la rebelión cívica allí es superior que la que se daría en otros sitios en las mismas circunstancias, pero es allí donde han tenido que ver como su vecino (amigo? familiar?) puede vivir, y bien, con la experiencia de verte a tí amenazado, todos los días del Señor.

Ojos que no ven corazón que no sienten, dice el dicho. Pero allí los ojos ya han visto, y ¿cómo convivir con quien te ha mostrado ya (mala suerte) lo peor de sí mismo? quizás sea más fácil el regreso para los que se fueron, pienso. No lo sé, por supuesto.


Alex, 22/11/2004

He vuelto de nuevo a ver esta película -han pasado nueve meses de nuestra anterior conversación- y no puedo evitarlo, cada vez me impresiona más. Apogeo claro, es el momento cumbre, la hora de la verdad; a partir de entonces ya nada será igual. El sheriff Kane se queda solo, no meramente solo ante el peligro, sino solo de verdad. Pierde a sus amigos, incluso al viejo sheriff que le dio el trabajo y al que tanto admiraba. Pierde hasta a la mujer con la que acaba de casarse. Pero cuando se encuentra completamente solo y abandonado de todos, es cuando se encuentra a sí mismo, su dignidad como persona, que es el fundamento de su condición de ciudadano: -«Yo soy el mismo con esta placa que sin ella«- dice a su esposa que le reprocha pretender ser un héroe. Pero el encuentro de su propia dignidad personal hace posible que le encuentra también a ella; ese reencuentro, hay que verlo. Hay que ver la mirada de él cuando vuelve a ver a su mujer, como si la viera por primera vez, porque ahora sí que la ha encontrado de verdad.

Por cierto, ¿recordáis cómo la encuentra? Al abandonarle, ella ha tomado el mismo tren en que llega el asesino. El tren permanece en la estación cuando se oye el primer disparo. Ella no tiene ninguna duda de que han matado a su marido y sale del tren enloquecida corriendo hacia el cadáver que ve a lo lejos tendido en el suelo. Al acercarse a la víctima -es el encuentro con la víctima el punto de inflexión- descubre que se trata de uno de los bandidos; pero ella ya no retrocederá, ha atravesado su Rubicón y se comprometerá hasta el fondo en la suerte de su marido.

Pues bien, esta experiencia de fin de una vida y comienzo de otra, de pérdida y de reencuentro, es verdad que en el país vasco la hemos vivido algunos (tampoco demasiados, no vayáis a creer cuanto se dice). Tiene toda la razón, Belcha, cuando escribe que más difícil que quedarse es irse: Kane lo explica muy bien en la película: -«Si nos fuéramos ahora, habríamos de pasar toda la vida huyendo«. Y tiene también razón en lo difícil que va a ser vivir en un país vasco sin ETA, una vez que sabemos que el rey iba desnudo; es decir, que para nuestros vecinos y viejos amigos éramos un estorbo y un peligro. Esa es la dura realidad a la que habremos de enfrentarnos, y no nos bastarán para ello los principios y valores democráticos.


Actualizado, 22/11/2004