Restaurar

Maite Pagaurtundua, EL CORREO, 27/8/12

El pintor y profesor de dibujo y pintura valenciano Elías García Requena, fallecido en los años treinta del siglo pasado, no habría podido imaginar la fama internacional que conseguiría en este agosto del año del Señor de 2012. Su Cristo doliente retratado en una pintura mural de la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia en Borja se encontraba gravemente dañado, hasta que una anciana de más de ochenta años buscó, con su mejor intención y sus escasos saberes, más que restaurarlo, apañarlo con un efecto, simple y llanamente, catastrófico y caricaturesco.

La vida política también funciona parcheando sobre el pasado y el presente, siempre imperfectos y hay veces en que las conjunciones son, así, catastróficas, como en el caso de los toros en la capital de Gipuzkoa. Habían asesinado a Gregorio Ordóñez en Donostia-San Sebastián en 1995 y él no vería hecho realidad el sueño de la restauración de las corridas de toros en su ciudad. En 1997 el Ayuntamiento firmó un convenio público de explotación del complejo multiusos de Illumbe por setenta y cinco años, que incluía la plaza de toros. Hace quince años volvió el festejo a la nueva plaza, pero el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco declaró nula la operación general poco tiempo después y el Ayuntamiento de la ciudad se vio obligado a abonar 21 millones de euros de compensación a la empresa NDA, que había construido las instalaciones y todavía lo condenó a 8 milllones más para cubrir posibles indemnizaciones. Hace tres años, en plena crisis económica, quedó desierto el concurso por el que el Ayuntamiento pretendía obtener 36 millones de euros para levantar el perjuicio económico de la costosa operación de Illumbe. Gregorio Ordóñez no podrá ver el finiquito de la plaza, en declive durante los últimos años por sus propios deméritos, y ya bajo el gobierno de Bildu.

Gregorio Ordóñez no podrá competir en las próximas elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo 21 de octubre. Serán las de la restauración electoral de Batasuna, legalizada en una operación que no ha conseguido reparar el tejido social dañado por tantos años de una estrategia objetiva de persecución y acoso de los no nacionalistas. La crueldad de fondo de la nueva Batasuna con las familias a las que ha destrozado la vida, cuando busca la impunidad para los terroristas que pudieron ser juzgados por la justicia –una pequeña parte de los que siguieron a víctimas, pasaron sus datos, colaboraron, hirieron o mataron–, su victimismo, la banalización del mal causado presenta un efecto, simple y llanamente, catastrófico y grotesco. Aunque ETA no mate.

Maite Pagaurtundua, EL CORREO, 27/8/12