Jordi Bernal-The Objective
  • «Ni el más audaz de los guionistas se atrevería a construir un personaje que a cada escena afirma todo lo contrario de lo que ha dicho en la anterior»

Pedro Sánchez prepara una serie documental sobre su día a día. Según relata Fernando Cano en este mismo diario, el proyecto está teniendo problemas legales para salir adelante. Una pena. A mí me gustaría ver la particular El ala oeste de la Casa Blanca de Sánchez. Si algo caracteriza a nuestro presidente es su falta de humildad en el porte y las formas. Ha demostrado que se crece en la adversidad y no tiene ningún reparo en afrontar sus contradicciones constantes con una perplejidad de rostro encomiable. Sería estupendo, ya digo, observar esa cotidianidad cambiante a cada paso en una serie que se presenta como un diáfano documental pero cuya trama sería más laberíntica que la de cualquier thriller intrincado de la factoría Netflix.

Ni el más audaz de los guionistas hollywoodienses se atrevería a construir un personaje que a cada escena afirma todo lo contrario de lo que ha dicho en la anterior. Un galán que ni cede el paso a las señoras ni asiste a los desfavorecidos. Un superviviente a fuer de puro oportunismo. Con esos mimbres se puede redondear un cínico picaresco en alguna comedia de enredos, pero el material humano es complicado para forjar al héroe de la historia si no partimos de la sátira vitriólica. De ahí que este documental, de manera involuntaria, nos puede llegar a ofrecer una impagable lección de sátira política.

Sería deseable que los españoles tuviéramos la oportunidad de ver la serie antes de las próximas elecciones generales. Entiendo que ese es el objetivo de sus creadores. Nada más democráticamente higiénico que una dosis de humor a costa de nuestros políticos antes de ir a votar, pues no me cabe la menor duda de que la interpretación de nuestro presidente estará plagada de momentos de hilaridad desmedida.

De hecho, un presidente que en plena crisis energética y con la inflación por las nubes le parece de maravilla que le dediquen una serie ya tiene su toque de comicidad, aunque no sea precisamente el de la sutileza de Lubitsch.

«Sánchez es un maestro de la fabulación. Nadie niega la evidencia con tanta convicción como él»

Más allá de la valiosa pieza de humor mordaz, no entiendo los beneficios que espera conseguir Sánchez con el documental. Si todavía confía en el audiovisual como estrategia de marketing político suena a desesperada apuesta perdedora. Tal vez esté pensando en una suerte de filme testamentario de su paso por el gobierno. Un álbum de imágenes con el que entretenerse en las tardes de lluvia en su retiro mullido.

Es sabido que gusta de cultivar su imagen. Muy probablemente no habrá plano en el que esté ausente. El empacho de Sánchez también dirá mucho de gran parte de los actuales líderes políticos: resultones ante las cámaras y con un discurso de argumentario de partido. En eso, aunque nuestro presidente sea un alumno aventajado, le falta originalidad. Bien es cierto que Sánchez tiene la habilidad de aportar aliños fantásticos que incluso a los demás les parecen inverosímiles. Feijóo, de momento, se embrolla en el marxismo (de Grouxo) y opta por estupendos retruécanos galaicos cuando elude la recta verdad. Todavía está por ver su evolución dialéctica. En cambio, Sánchez es un maestro de la fabulación. Nadie niega la evidencia con tanta convicción como él: con el puñal ensangrentado en la mano y el cadáver a sus pies es capaz de señalar al mayordomo como el culpable del desaguisado. Mandíbula prieta y ojiplático. ¡Admirable!

Así pues, espero que el proyecto llegue a buen puerto y pronto podamos disfrutar de los desvelos de Sánchez en nuestras pantallas. Se trata, como decía, de una serie de no ficción que, gracias a su protagonista, está llamada a convertirse en un hito de la ficción descacharrante patria.