Tenderos del XIX

EL MUNDO 16/10/13
VICTORIA PREGO

Al final resulta que la tan mentada deslealtad del Estado con Cataluña se concreta en 9.000 millones de euros, si aceptamos las cuentas que ha hecho la propia Generalitat, pro domo sua, naturalmente.
Independientemente de que algunos de esos débitos son las inversiones que el Estado tendría que haber hecho en Cataluña de acuerdo con un delirante artículo del nuevo Estatuto que ya el Constitucional dejó en sus justos términos al decir que esas inversiones no eran de obligado cumplimiento para el Estado, independientemente de eso, estos dirigentes nacionalistas olvidan demasiadas cosas.
Por ejemplo, que están en bancarrota y que si no fuera por las inyecciones que el Estado «desleal» le está suministrando en vena a través de FLA, hace mucho que la economía de la comunidad catalana habría colapsado. Y que ese dinero asciende a cerca de 15.000 millones en dos años, que han servido para que ese Gobierno pague a sus funcionarios, a sus pensionistas y a los miles de proveedores porque el Ejecutivo catalán ha hecho la peor gestión económica de toda España en este tiempo de crisis.
Pero al margen de las cifras, de un montante ridículo habida cuenta de los que estamos hablando, este memorándum de «agravios» presentado hoy da una idea de la escasa estatura política de los dirigentes independentistas.
¿De modo que son 9.000 millones y unos cuantos reproches más los que les han llevado a meter a la población en este laberinto sin salida de la independencia? Ahora que sabemos lo que reclaman podemos calibrar el grado de la desmesura, la incompetencia y la irresponsabilidad de estos dirigentes, que se comportan como tenderos del siglo XIX y elaboran con esta lista de naderías cincuenta folios que encabezan nada menos que con el pretencioso pero ofensivo título de «La deslealtad del Estado respecto a Cataluña» .
¿Esto es lo que está detrás de su ofendida dignidad? ¿Esto es la base del «Espanya ens roba»? Acuñar un eslogan tan mal intencionado y agitarlo durante años para conseguir engañar a los catalanes cuando lo que reclaman son esos millones –aparte las cuestiones del déficit fiscal, en el que otras comunidades están muy por delante de Cataluña– es como para que esos mismos catalanes los desalojaran del poder con cajas destempladas.
La pretendida ruptura de una nación que tiene 500 años de historia es un asunto de una trascendencia y de una gravedad infinitas que no se puede poner en cuestión con estas cuentas falseadas, y míseramente pequeñas, que no tienen en cuenta las enormes inversiones que el Estado ha hecho en Cataluña en todos estos años pero apuntan en el debe una factura de anticonceptivos de última generación.
Un mínimo de seriedad le es exigible al Gobierno de la Generalitat. Y lo que ha hecho el señor Homs ayer ha sido mostrar la endeblez de sus argumentos, la suciedad de su juego y lo patético de su estrategia. Mejor le habría valido no explicar nada.