¡A dónde vais!

FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD – 15/02/16 – EDUARDO ‘TEO’ URIARTE

Eduardo Uriarte Romero
Eduardo Uriarte Romero

· Aunque la idiosincrasia del PSOE se haya modificado sustancialmente tras el paso de Rodríguez Zapatero por su secretaría general, es muy posible que gran parte de su acercamiento a Podemos no esté sólo motivado por la empatía hacía ese mundo, Ley de Memoria Histórica y negociación con ETA mediante, sino también por la inconsciencia que la necesidad de alcanzar el poder produce en todo partido en crisis, incapaz de reconocer la naturaleza de ese aliado y las consecuencias del acercamiento.

Una serie de detalles nos van indicando la profundidad de lo que se promueve hoy con ese encuentro, entre un socialismo muy responsable del reciente pasado, que hemos disfrutado en el seno del liberalismo europeo y un conglomerado de izquierdas variopintas y nacionalistas, cuyos frutos en la acción de gobierno sólo se han empezado a ver en la gestión de ayuntamientos. De todas maneras, los mejores discursos de este gran showman de la política -una vez que varias cadenas de televisión la hayan reducido a espectáculo- y seductor orador que es Pablo Iglesias, muestran un evidente ánimo antisistema sustentado en el revanchismo guerracivilista. Podemos posiblemente representa lo menos adecuado para un país en crisis y tan cercano –de nuevo por obra de Zapatero- a la pasada guerra civil.

En el anterior artículo planteaba el proceso fascistoide de la izquierda (André Gorz) causado por su casi exclusivo discurso negativo, pero a ello debiéramos añadirle el del frentismo. Víctor Lapuente en varios artículos, más concretamente en el titulado “Pastores o Borregos” (El País, 9, 2, 016) trata, tras el precedente en líderes americanos, el uso del frentismo aquí: “El nuevo político concentra sus esfuerzos en los temas que fracturan a la sociedad en dos bandos para dejar claro que él es el líder de uno. Cuanto más se hable de lo que nos divide a los españoles, y menos de lo que nos une, mejor”. Y añade: “Por otra parte, la mayor oferta de partidos hace más provechoso el frentismo. Cuando puedes ganar las elecciones con poco más del 25% de los votos, tiene más sentido energizar a los fieles que atraer a los indecisos”.

Estrategia, la del frentismo, sin excesivo riesgo en democracias históricas muy consolidadas, donde finalmente los hitos del encuentro fundacional o constituyente prevalecen sobre la disputa electoral, pero no en una sociedad políticamente poco articulada, carente de cultura cívica, con retos de secesión territorial muy serios, y con una clase política desprestigiada que arrastra al desprestigio a un ejemplar sistema construido en la Transición. En una palabra, dos contraproducentes comportamientos, fascistización y frentismo, profundizan una situación de riesgo político. Aunque el autor de “Pastores y Borregos” pueda quizás pensar en la derecha, creo que el frentismo es más atribuible a nuestra izquierda.

Porque en la izquierda española, además, el frentismo actúa como un elemento ideológico fundamental para facilitar el acercamiento del viejo PSOE y el reciente fenómeno de Podemos, aunados ambos en la épica cruzada (alcanzar los cielos) de derribar al enemigo común, al PP. Se produce, también, bajo la conciencia de una moral superior, y en una puesta en entredicho por ambos de la propia Transición. Posee, incluso, una formulación religiosa, un fenómeno atribuido en España en el pasado a las derechas pero que se renueva hoy en unas izquierdas, mucho más tradicionalistas que la derecha actual: la comunión.

El frentismo tiene, por otro lado, la virtud para su promotor de encubrir de una manera mágica las contradicciones que existen en los partidos políticos. La fobia hacia el PP es el bálsamo de fierabrás de las formaciones de izquierdas. En un caso encubre sus continuados retrocesos electorales y debilitamiento social. En el otro, en el de Podemos, un discurso fantasioso pero, sobre todo, las escisiones que apuntan avisándonos de la posibilidad de que esta formación más que de nuevo cuño leninista no sea más que una trasnochada edición del viejo cantonalismo. Ante el riesgo de su dispersión, Iglesias está dejando para mejor ocasión el “sorpaso” al PSOE y puede acabar colaborando con Sánchez en una entente de mutua supervivencia personal mediante la participación en un Gobierno. El líder del populismo es sabedor de que desde él es más fácil mantener las costuras de un proyecto que empieza a estallar territorialmente. Por otra parte, una situación de tamaña crisis política, desencuentro entre los dos grandes partidos acosados ambos por casos de corrupción, es muy difícil vaya a repetirse, por lo que corresponde aprovechar la ocasión.

Los detalles.

Aunque parezcan minucias, cuestiones sin importancia, habiendo sido testigo de hechos semejantes, que finalizaron en tragedia en el País vasco, no se puede pasar por alto ni el proyecto del ayuntamiento de Madrid de limpiar de nombres supuestamente relacionados con el alzamiento de Franco, ni la sesión de títeres propagando la más feroz de las violencias. Ambos se inscriben en una estrategia que busca el enfrentamiento civil. Pues Podemos no participa de la necesidad de la democracia, la instrumentaliza identificándola con la movilización de las masas, democratismo, para la abolición posterior de la democracia. Conocidos líderes han participados en actos que menospreciaban la libertad de otros, han gritado las loas de regímenes autoritarios, e incluso mostraban compresión, si no justificación, hacia ETA. No sólo busca el fin de la Transición sino el de ésta como fundamento de la democracia existente. Para ello una serie de pasos en la cultura social, una serie de peldaños simbólicos, van preparando el ambiente para el enfrentamiento y la toma absoluta del poder.

El no dejar en paz a los muertos de los otros es el paso previo para no dejar a los vivos de los otros. De momento sólo se ejecuta un daño simbólico, a lo sumo sentimental. Pero el hecho de sistematizar desde un organismo académico a los que son declarados enemigos de la República, puede convertirse en el prologo de la sistematización de la lista de los enemigos actuales. Ese encargo tiene elementos que recuerdan, especialmente por su prurito de sistematización, la Solución Final.

No es insignificante que Andrés Trapiello (“El Potaje Madrileño”, El País, 11, 2, 016) tenga que referirse a Hannah Arendt y a Hitler para explicar su estupor ante la lista de la Complutense, y que la misma referencia a “potaje” remita al término “amalgama” utilizada con maestría por le jefe de la propaganda nazi Goebels. Magnifico artículo el del actualizador del Quijote, pero quizás le falte la culpa que otros padecemos por no haber sabido rechazar a tiempo el daño hecho delante de nosotros (y a veces por nosotros), como ha ocurrido en Euskadi en una página aún no cerrada del fanatismo, para llegar un poco más lejos en su conclusión. Trapiello en la frase central de su trabajo dulcifica la consecuencia de la lista de la Complutense cuando escribe que “en la lista de las calles ‘franquistas’ solo ha habido ignorancia, la que viene del fanatismo” porque no es cierto que sólo ha habido ignorancia, está presente la violencia que acompaña al fanatismo, anular primero los símbolos de los que considera enemigos para liquidar a éstos posteriormente. No quiero decir que los vayan a matar fisicamente, sino anularlos políticamente, como en la Venezuela chavista, mediante un discurso difamante de la realidad y de la historia les puede ser suficiente.

Cuando la izquierda abertzale contrataba payasos en fiestas para niños donde se ensalzaba a ETA no era un desliz, se deseaba adoctrinar a los niños en la violencia liberadora, cuando se contrata a unos titiriteros lo más probable es que fuese con el mismo fin, en el convencimiento que es lo más adecuado para la formación de los niños ante un mundo opresor. No hay desliz, simplemente no se esperaba reacción del público, como en tantos y tantos actos festivos que en Euskadi han glorificado el terrorismo y escarnecido a sus víctimas. Por lo demás, es de suponer que estas dos muestras, junto con una cabalgata de reyes carnavalesca, no sean más que el iceberg de muchos más actos que trascurren sin denuncia pública.

Estos hechos simbólicos pueden expresarnos más sobre la naturaleza de Podemos que los etéreos programas de acuerdo de gobierno que exhiban. Estos hechos exhiben un odio cruel para alcanzar el poder, después de que las generaciones que conocieran la guerra y la dictadura se reconciliasen. Un odio que va inhabilitando nuestro futuro democrático constituyendo un infantil y falso relato de buenos y malos, hijo de la fobia contra la derecha que el PSOE alimentara previamente, cuya consecuencia lógica, como lo fue en Euskadi, fuera el asesinato del adversario político o, simplemente, del que pasara por allí. Por pasar por allí, como muchos de lo declarados en la lista seguidores del alzamiento, fueron declarados enemigos del pueblo, de la buena gente. Prepotencia que ofrece la arbitrariedad con la que se piensa ejercer el poder, pues ya lo están ejerciendo.

Por ahí se va indefectiblemente a una repetición de la tragedia vasca ampliada a toda España, pues todavía su violencia encapsulada sólo se hace visible en lo simbólico, pero presta a surgir en cuanto el poder se haga efectivo, para otra vez, desde Salamanca o tras lo de Asturias, lamentarnos, como pequeños burgueses, con “eso no era” como si no tuviéramos precedentes para saber lo que va ser de seguir por este camino.¡A dónde vais!

Eduardo Uriarte Romero.