Acabose socialista

ISABEL SAN SEBASTIÁN, ABC – 12/02/15

Isabel San Sebastian
Isabel San Sebastian

· Ni el dinero del chavismo ni siquiera la traición de Tania Sánchez a IU valen para Podemos lo que el terremoto provocado por Tomás Gómez

Tomás Gómez ha sido al Partido Socialista de Madrid lo que José Luis Rodríguez Zapatero al PSOE: un azote, un flagelo, una carcoma capaz de minar los cimientos políticos de la organización hasta provocar su hundimiento. El acabose, en el sentido literal de la palabra, toda vez que, después de lo sucedido ayer, Gómez, el PSM y probablemente también Pedro Sánchez se han acabado. Adiós a cualquier posibilidad de victoria en los comicios que se avecinan. En sus sueños más osados los responsables de Podemos no habrían previsto jamás que sus principales adversarios les hicieran semejante regalo. Ni el dinero del chavismo ni el de Irán ni siquiera la traición de Tania Sánchez a Izquierda Unida, abierta primero en canal y después abandonada por esa mujer convertida en eficaz caballo de Troya, valen lo que el terremoto provocado en las filas socialistas por el peor secretario general que ha conocido en su historia la federación madrileña.

El líder fulminado empezó su andadura desmontando meticulosamente la estructura heredada de su compañero Rafael Simancas, dedicó todo su vigor a perder tanto militantes como votos, y ha terminado con una patética pataleta en respuesta a la gestora impuesta «in extremis» por la dirección federal, encabezada precisamente por ese mismo Simancas que le precedió en el mando. Si existe en el escenario patrio un personaje más nefasto para las siglas que todavía representa, yo lo desconozco. Lo que sé con certeza es que nada perjudica más los intereses electorales de un partido político que la división, y lo que vive en estos momentos el PSM es una auténtica guerra civil; un conflicto fratricida cuya onda expansiva golpea con fuerza el cuartel general de la calle Ferraz. Allí, atrincherado en su despacho, protegido por una débil guardia pretoriana, acosado en todos los frentes por la corrupción y la desunión que intenta combatir en vano, Sánchez debe de preguntarse quién le mandaría a él meterse en este «fregao», del que no puede salir con bien.

Dicen, quienes conocen de primera mano los entresijos del drama, que el desenlace fatal se rumiaba desde hacía tiempo, aunque podría haberse precipitado ante la certeza de una imputación por el caso del tranvía de Parla materializada contra Gómez en plenas vísperas electorales, es decir, en el peor momento. Como si el momento tuviera alguna relevancia considerando la magnitud del seísmo. Como si el depuesto no hubiese dejado clara su voluntad de emular a Sansón y arrastrar en su caída la bóveda del templo, sepultando bajo los escombros a todos sus correligionarios, empezando por el pobre Antonio Miguel Carmona, cuya fotografía exhibiendo unas extremidades en llamas inunda las redes sociales, de una crueldad sañuda con el amigo leal que «puso la mano en el fuego» por el difunto político, veinticuatro horas antes de su defenestración. Como si quedara alguna esperanza.

A estas horas, me malicio, más de uno debe de frotarse las manos al ver cómo la fortuna le va despejando el camino. El primero, Pablo Iglesias, más cercano al interior de la Casa de Correos que cuando gritaba su indignación sujetando una pancarta en la Puerta del Sol. El segundo, Albert Rivera, cuyos Ciudadanos abrirán brecha en Madrid para desde allí avanzar con paso firme hacia las Generales. Y el tercero, Mariano Rajoy, aunque sólo sea porque el tiempo y el PSOE le acaban dando la razón en dos cuestiones que hasta ahora defendía en solitario: La ventaja de designar a los candidatos mediante el viejo dedazo, sin primarias susceptibles de dar estas molestas sorpresas, y la conveniencia de hacerlo a última hora, con el fin de no quemarlos. ¿Tendrá a su partido en ascuas hasta el día de la República?

ISABEL SAN SEBASTIÁN, ABC – 12/02/15