Alerta roja

JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC – 31/08/14

· Está visto que Putin apuesta por la fuerza pura y dura, mala cosa. Occidente, por la fuerza teórica, casi peor.

La Ley de la Entropía, que mide la degradación de un proceso termodinámico, se da no solo en física sino también en política. Cien años después de que estallase la primera guerra mundial, los europeos avanzamos ciegos e impávidos hacia otra, por lo de siempre: los nacionalismos, las fronteras y la cortedad de sus líderes.

Lo de Ucrania ha pasado de la alerta naranja a la roja. Creímos que Putin se contentaría con Crimea pero, visto el éxito, apunta a las regiones orientales ucranianas, donde ya combaten soldados rusos. Moscú dice que voluntariamente, Kiev, que bajo órdenes. Tanto da: en ambos casos, violan clamorosamente el derecho internacional. Está visto que Putin apuesta por la fuerza pura y dura, mala cosa. Occidente, por la fuerza teórica, casi peor, al mostrar desconcierto e impotencia.

Si el conflicto empezó por el intento de incorporar Ucrania a la UE –que Moscú consideró una amenaza a sus intereses económicos–, puede imaginarse cómo considerará su entrada en la OTAN, una alianza militar. Que Kiev lo solicite se entiende: es su última y casi única defensa ante la agresión que sufre. Que lo respalde el secretario general de la OTAN, Ramussen, es mucho más grave, al convertir en continental un conflicto local, algo que no sabemos si todos los miembros de la alianza lo apoyan, empezando por Estados Unidos.

Occidente, en general, y Europa, en particular, deben aceptar que aunque Rusia ha dejado de ser la superpotencia que era, es todavía una gran potencia, con intereses en sus fronteras, en las que no conviene hurgar. Ya hemos visto lo mal que salió la apuesta de Bruselas, y ahora se intenta la Atlántica. El veto a los productos agrícolas europeos será uno de esos cachetes que da Simeone comparado con lo que se produciría en tal caso. Aparte de que necesitamos a Moscú para apagar en lo posible el incendio del Oriente Medio.

No creo que el conflicto local ucraniano se convierta en continental porque todos saldrían perdiendo, en especial, Europa. Más que su músculo nuclear, me preocupa que Putin haya exhibido Stalingrado. Las nuevas generaciones puede que no lo sepan, pero Stalingrado es un hito en la historia de Rusia. La resistencia y triunfo de la ciudad ante el ataque del VI Ejército de Von Paulus significó el principio del fin de la Alemania de Hitler. Su invocación significa que Putin está dispuesto a todo. Y si quiere intimidársele con sanciones, menos, pues puede dejar morir de frío este invierno a una Centroeuropa que se calienta con gas ruso.

No se trata de apaciguamiento, sino de aceptar las realidades. Ucrania es un estado colchón entre Europa y Rusia, cuyo equilibrio conviene conservar para conservar el del continente. No hay peor desafío que el que no puede mantenerse y mientras Rusia acepta sacrificarse por creer en ella, Europa, no. Es, por tanto, más débil. Sobre todo ahora que los Estados Unidos no están dispuestos a venir de nuevo a salvarla de sus líos de fronteras y trasnochados nacionalismos.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC – 31/08/14