Apoyo incondicional

 

Lo que se espera de PSOE y PP no es un apoyo incondicional en política antiterrorista al que gobierne, sino que sean capaces de pactar una política común a largo plazo. La eficacia contra ETA está relacionada con el mantenimiento de la estrategia. El Pacto por las Libertades no fue seguidismo ciego al Gobierno, sino un análisis compartido y una política pactada.

Los debates entre los candidatos de los dos partidos mayoritarios han servido para reiterar los mismos desacuerdos sobre la política antiterrorista que se han mantenido durante toda la legislatura. Ni siquiera el cambio de circunstancias habidas a lo largo del último año ha hecho que el PP y el PSOE hayan modulado sus diferencias con menor beligerancia.

En el segundo de los debates, José Luis Rodríguez Zapatero golpeó a su rival eficazmente con el reproche de la postura que había mantenido el PP en torno al 11-M a lo largo de la legislatura. Mariano Rajoy intentó salir del atolladero alegando que había sido el Gobierno del PP el que había detenido a la mayor parte de los implicados en el atentado, algo en lo que tenía razón. Si esa idea la hubieran tenido clara muchos miembros del Partido Popular se hubieran ahorrado todos los esfuerzos baldíos malgastados en perseguir quimeras y hubieran llegado a la recta final de la legislatura en mejor situación de lo que lo han hecho.

Al cuestionar la línea de investigación policial y judicial sobre el 11-M, han estado poniendo en duda el trabajo realizado por su propio Gobierno, aparte de perderse en enredos innecesarios que no tenían futuro y que sólo les han perjudicado a ellos mismos.

Zapatero quiso también atacar a su rival dando solemnidad a un compromiso del PSOE de apoyar incondicionalmente al Gobierno que salga de las urnas en la lucha contra el terrorismo, algo que va más allá de lo esperable en el terreno de la política. Lo que se espera de los dos grandes partidos es que sean capaces de pactar una política común a largo plazo porque en la lucha contra ETA la eficacia está relacionada con el mantenimiento de la misma estrategia a lo largo del tiempo. Esto es lo que ocurrió con el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, que no fue seguidismo ciego del Gobierno, sino el establecimiento de un análisis compartido de la situación acompañado de una política pactada.

La fe incondicional es válida en el terreno de las creencias religiosas y, a veces, incluso en el del amor, pero no es lo habitual en la política democrática, donde la norma es la desconfianza superada por compromisos claros.

Además, habría que aclarar si el apoyo incondicional incluye esta vez abstenerse de desarrollar conversaciones secretas con el brazo político de ETA sin conocimiento del Gobierno, como ocurrió después de la firma del pacto antiterrorista. De esas conversaciones tampoco fueron informados a tiempo los líderes del PSOE, pero cuando las conocieron no las desautorizaron sino que hicieron de ellas el punto de partida para la nueva política de diálogo que caracterizó la pasada legislatura.

Florencio Domínguez, EL CORREO, 5/3/2008